GA26c6. La actividad de Micael y el futuro de la humanidad

Del ciclo: Ideas principales antroposóficas

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El hombre está hoy rodeado por un mundo que en otro tiempo fue de naturaleza enteramente divino-espiritual: un ser divino-espiritual del cual también él era miembro. Así, en aquel tiempo, el mundo que pertenecía al hombre era un mundo de ser divino-espiritual. Pero esto ya no era así en una etapa posterior de la evolución. El mundo se había convertido entonces en una manifestación cósmica de lo Divino-Espiritual; el Ser Divino flotaba detrás de la manifestación. Sin embargo, lo Divino-Espiritual vivía y se movía en todo lo que así se manifestaba. Ya existía un mundo de estrellas, en cuya luz y movimiento lo Divino-Espiritual vivía, se movía y se manifestaba. Se puede decir que, en aquel tiempo, en la posición o el movimiento de una estrella, la actividad de lo Divino y Espiritual era directamente evidente.

Y en todo esto —en la actuación del Espíritu Divino en el Cosmos, y en la vida del hombre resultante de esta actividad divina— Micael estaba todavía en su propio elemento: sin obstáculos, sin resistencia. El ajuste de la relación entre lo Divino y lo Humano estaba en sus manos.

Pero amanecieron otras eras. El mundo de las estrellas dejó de ser una manifestación directa y presente de la actividad Divino-Espiritual. Las constelaciones vivían y se movían, manteniendo lo que la actividad Divina había sido en ellas en el pasado. Lo Divino-Espiritual ya no moraba en el Cosmos en manifestación, sino solo en la manera de su obrar. Había ahora una cierta separación distinta entre lo Divino-Espiritual y el Mundo cósmico. Micael, en virtud de su propia naturaleza, se adhería a lo Divino-Espiritual, y se esforzaba por mantener a la humanidad lo más estrechamente posible en contacto con ello. Esto lo continuó haciendo cada vez más. Su voluntad era preservar al hombre de vivir con demasiada intensidad en un mundo que representa solo el Obrar de lo Divino y Espiritual, que no es el Ser real, ni su Manifestación.

Es una profunda fuente de satisfacción para Micael que, a través del hombre mismo, haya logrado mantener el mundo de las estrellas en unión directa con lo Divino y Espiritual. Pues cuando el hombre, habiendo cumplido su vida entre la muerte y un nuevo nacimiento, emprende el camino hacia una nueva vida en la Tierra, en su descenso busca establecer una armonía entre el curso de las estrellas y su vida venidera en la Tierra. En tiempos antiguos esta armonía existía como algo natural, porque lo Divino-Espiritual estaba activo en las estrellas, donde también la vida humana tenía su fuente. Pero hoy, cuando el curso de las estrellas es solo una continuación de la manera en que lo Divino-Espiritual obró en el pasado, esta armonía no podría existir a menos que el hombre la buscara. El hombre aporta su porción divino-espiritual —que ha conservado del pasado— a la relación con las estrellas, que ahora solo llevan su naturaleza divino-espiritual dentro de sí como una repercusión de un tiempo anterior. De este modo, en la relación del hombre con el mundo entra algo de lo Divino, que corresponde a eras anteriores y sin embargo aparece en estos tiempos posteriores. Que esto sea así es la obra de Micael. Y esta obra le da una satisfacción tan profunda que en ella encuentra una porción de su propia vida, una porción de su energía vivificante, semejante al sol.

Pero en el tiempo presente, cuando Micael dirige sus ojos espirituales hacia la Tierra, ve también otro hecho, muy diferente del anterior. Durante su vida física entre el nacimiento y la muerte, el hombre tiene a su alrededor un mundo en el que ya ni siquiera el Obrar de lo Divino-Espiritual aparece directamente, sino solo algo que ha quedado como su resultado; podemos describirlo diciendo que es solo la Obra consumada de lo Divino-Espiritual. Esta Obra consumada, en todas sus formas, es esencialmente de naturaleza Divina y Espiritual. Para la visión humana, lo Divino se manifiesta en las formas y en los procesos de la Naturaleza; pero ya no habita en ella como principio viviente. La Naturaleza es esta obra divinamente consumada de Dios; la Naturaleza en todo lo que nos rodea es una imagen del Obrar Divino.

En este mundo de gloria Divina semejante al sol, pero ya no vivamente Divino, habita el hombre. Sin embargo, como resultado del obrar de Micael sobre él, el hombre ha mantenido su conexión con el Ser esencial de lo Divino y Espiritual. Vive como un ser permeado por Dios en un mundo que ya no está permeado por Dios.

En este mundo que se ha vaciado de Dios, el hombre llevará lo que hay en él, lo que su ser ha llegado a ser en esta época presente.

La humanidad evolucionará hacia una nueva evolución mundial. Lo Divino y Espiritual del cual el hombre se origina puede convertirse en el Ser Humano que se expande cósmicamente, irradiando con una nueva luz a través del Cosmos que ahora existe solo como una imagen de lo Divino y Espiritual.

El Ser Divino que así brillará a través de la Humanidad ya no será el mismo Ser Divino que una vez fue el Cosmos. En su paso a través de la Humanidad, lo Divino-Espiritual llegará a una realización del Ser que no podía manifestar anteriormente.

Los Poderes ahrimánicos intentan impedir que la evolución tome el curso aquí descrito. No es su voluntad que los Poderes Divino-Espirituales originales iluminen el Universo en su curso ulterior. Quieren que la intelectualidad cósmica que ellos mismos han absorbido irradie a través de todo un nuevo Cosmos, y en este Cosmos intelectualizado y ahrimanizado quieren que el hombre siga viviendo.

Si el hombre viviera tal vida, perdería a Cristo. Pues Cristo vino al mundo con una Intelectualidad que es aún de la misma esencia que una vez vivió en lo Divino-Espiritual, cuando lo Divino-Espiritual en su propio Ser aún informaba el Cosmos. Pero si en el tiempo presente hablamos de tal manera que nuestros pensamientos puedan ser también los pensamientos de Cristo, oponemos a los Poderes ahrimánicos algo que puede salvarnos de sucumbir ante ellos.

Comprender el significado de la misión de Micael en el Cosmos es poder hablar de esta manera. En el tiempo presente debemos ser capaces de hablar de la Naturaleza en la forma exigida por la etapa evolutiva del Alma Consciente o Alma Espiritual. Debemos ser capaces de recibir en nosotros mismos la manera de pensar puramente científico-natural. Pero también deberíamos aprender a sentir y hablar sobre la Naturaleza de una manera que sea conforme a Cristo. Deberíamos aprender el Lenguaje de Cristo, no solo sobre la redención de la Naturaleza, sobre el alma y las cosas Divinas, sino sobre las cosas del Cosmos.

Cuando con sentimiento interior y cordial realicemos la misión y las obras de Micael y de quienes le pertenecen, cuando entremos en todo lo que ellos son en medio de nosotros, entonces seremos capaces de mantener nuestra conexión humana con el origen Divino y Espiritual, y comprenderemos cómo cultivar el Lenguaje de Cristo sobre el Cosmos. Pues comprender a Micael es encontrar el camino en nuestro tiempo hacia el Logos, tal como fue vivido por Cristo aquí en la Tierra y entre los hombres.

La Antroposofía valora verdaderamente lo que la manera de pensar científico-natural ha aprendido a decir sobre el mundo durante los últimos cuatro o cinco siglos. Pero además de este lenguaje, habla otro, sobre la naturaleza del hombre, sobre su evolución y la del Cosmos; pues quisiera hablar el lenguaje de Cristo y de Micael.

Si ambos lenguajes son hablados, no será posible que la evolución se interrumpa o pase a Ahrimán antes de que se encuentre lo Divino-Espiritual original. Hablar solo de la manera científico-natural corresponde a la separación de la intelectualidad de lo Divino y Espiritual original. Esto puede ciertamente conducir al reino ahrimánico si la misión de Micael permanece inadvertida. Pero no lo hará si, mediante el poder del ejemplo de Micael, el intelecto que se ha vuelto libre se reencuentra en la intelectualidad cósmica original, que se ha separado del hombre y se ha vuelto objetiva para él. Pues esa intelectualidad cósmica yace en la fuente original del hombre, y apareció en Cristo en plena realidad del ser dentro de la esfera de la humanidad, después de haber dejado al hombre por un tiempo para que este pudiera desplegar su libertad.

Pensamientos rectores adicionales emitidos desde el Goetheanum para la Sociedad Antroposófica (con referencia al estudio precedente)

112. Lo Divino-Espiritual llega a expresión en el Cosmos de diferentes maneras, en etapas sucesivas: (1) a través de su propio Ser más íntimo; (2) a través de la Manifestación de este Ser; (3) a través del Obrar activo, cuando el Ser se retira de la Manifestación; (4) a través de la Obra consumada, cuando en el Universo exteriormente aparente ya no está lo Divino mismo, sino solo las formas de lo Divino.

113. En la concepción moderna de la Naturaleza, el hombre no tiene relación con lo Divino, sino solo con la Obra consumada. Con todo lo que esta ciencia de la Naturaleza transmite al alma humana, el hombre puede unirse ya sea a los poderes de Cristo o a los dominios de Ahrimán. 114. Micael está lleno del anhelo —obrando a través de su ejemplo en perfecta libertad— de encarnar en la evolución cósmica humana la relación con el Cosmos que aún se conserva en el hombre mismo desde las edades en que el Ser Divino y la Manifestación Divina imperaban. De este modo, todo lo que dice la visión moderna de la Naturaleza —referida puramente a la imagen, puramente a la forma de lo Divino— se fundirá en una visión superior y espiritual de la Naturaleza. Esta existirá ciertamente en el hombre; pero será un eco en la experiencia humana de la relación Divina con el Cosmos que prevaleció en las dos primeras etapas de la evolución cósmica. Así es como la Antroposofía confirma la visión de la Naturaleza que la era del Alma Espiritual ha desarrollado, complementándola con aquello que se revela a la clarividencia espiritual.

Traducido por Gracia Muñoz en septiembre de 2026

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