GA26c5. Las experiencias de Micael en el curso de su misión cósmica

Del ciclo: Ideas principales antroposóficas

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Es posible seguir el progreso de la humanidad desde el punto de vista del hombre mismo, desde la etapa de conciencia en la que se sentía miembro del orden Divino-Espiritual, hasta la época actual, en la que es consciente de sí mismo como individuo, liberado de lo Divino-Espiritual y capaz de pensar por sí mismo. En nuestro último estudio se adoptó este punto de vista.

Pero también es posible, mediante la visión suprasensible, hacer una imagen de lo que experimentan Micael y quienes le pertenecen durante este proceso evolutivo, es decir, describir los hechos tal como se le aparecen a Micael mismo. Esto se intentará ahora.

Existe una época primigenia en la evolución, en la que solo es posible hablar de lo que acontece entre Seres Divino-Espirituales. Aquí uno tiene que ver con las acciones de los Dioses únicamente. Los Dioses cumplen lo que los impulsos de sus naturalezas les inspiran, y quedan satisfechos en esta su actividad. Lo que ellos mismos experimentan en todo esto es lo único importante. Pero en un rincón de este campo de actividad de los Dioses, algo semejante a la humanidad ha de observarse, como formando parte de su actividad divina.

El Ser espiritual que desde el principio dirigió su mirada hacia la humanidad es Micael. Él ordena las actividades divinas de tal manera que en una parte del Cosmos pueda existir la humanidad. Y su propia actividad es de la misma naturaleza que la que más tarde se revela en el hombre como intelecto; pero este intelecto actúa como una fuerza que fluye a través del Cosmos, ordenando ideas y dando origen a realidades efectivas. En esta fuerza trabaja Micael. Su oficio es regir la intelectualidad cósmica. Y quiere el progreso ulterior en su dominio, que consiste en esto: que aquello que obra como inteligencia en todo el Cosmos debería más tarde concentrarse dentro de la individualidad humana. Como resultado, acontece lo siguiente: llega un tiempo en la evolución del mundo en que el Cosmos ya no subsiste sobre su propia inteligencia presente, sino sobre la inteligencia cósmica perteneciente al pasado. Pues la inteligencia presente debe entonces buscarse en la corriente de la evolución humana.

Lo que Micael desea es mantener la inteligencia que se desarrolla dentro de la humanidad permanentemente en conexión con los Seres Divino-Espirituales.

Pero en esto encuentra oposición. Lo que los Dioses logran en su evolución, al liberar la intelectualidad cósmica para que pueda llegar a ser parte de la naturaleza humana, se revela como un hecho dentro del mundo. Si existen seres con poder para percibir este hecho, entonces pueden aprovecharse de él. Y tales seres existen ciertamente. Son los seres ahrimánicos. Es su naturaleza absorber en sí mismos todo lo que procede de los Dioses como inteligencia. Tienen la capacidad de unir con su propio ser la suma total de toda intelectualidad, y así se convierten en las inteligencias más grandes, más comprensivas y penetrantes del Cosmos.

Micael prevé cómo el hombre, al progresar cada vez más hacia su propio uso individual de la inteligencia, debe encontrarse con estos seres ahrimánicos, y cómo al unirse con ellos puede entonces sucumbir a ellos. Por esta razón Micael somete a los Poderes ahrimánicos bajo sus pies; continuamente los empuja a una región más profunda que aquella en la que el hombre está evolucionando. Micael, arrojando al dragón a sus pies al abismo: esa es la poderosa imagen que vive en la conciencia humana de los hechos suprasensibles aquí descritos.

La evolución progresa. La intelectualidad, que al principio estaba enteramente en la esfera de la espiritualidad divina, se desprende hasta tal punto que se convierte en el elemento que anima el Cosmos. Lo que antes solo irradiaba de los Dioses mismos ahora brilla como la manifestación de lo Divino desde el mundo de las estrellas. Antes el mundo había sido guiado por el propio Ser Divino; ahora es guiado por la manifestación Divina que se ha vuelto objetiva, y detrás de esta manifestación el Ser Divino pasa por la siguiente etapa de su propio desarrollo.

Micael es de nuevo el gobernante de la inteligencia cósmica, en la medida en que esta fluye a través de las manifestaciones del Cosmos en el orden de las ideas.

La tercera fase de la evolución es una separación ulterior de la inteligencia cósmica de su origen. En los mundos de las estrellas, el orden presente de las ideas ya no impera como la manifestación Divina; las estrellas se mueven y son reguladas según el orden de ideas implantado en ellas en el pasado. Micael ve cómo la intelectualidad cósmica, que hasta ahora ha regido en el Cosmos, prosigue su camino hacia la humanidad terrenal.

Pero Micael también ve cómo el peligro de que la humanidad sucumba a los Poderes ahrimánicos se hace cada vez mayor. Sabe que en lo que a él respecta, siempre tendrá a Ahrimán bajo sus pies; pero ¿será también el caso con el hombre?

Micael ve el acontecimiento más grandioso de la historia de la Tierra teniendo lugar. Del reino servido por Micael mismo, Cristo desciende a la esfera de la Tierra, para estar allí cuando la inteligencia esté totalmente con la individualidad humana. Pues el hombre sentirá entonces con mayor fuerza el impulso de entregarse al poder que se ha convertido plena y completamente en el vehículo de la intelectualidad. Pero Cristo estará allí; mediante Su gran sacrificio vivirá en la misma esfera en la que también vive Ahriman. El hombre podrá elegir entre Cristo y Ahriman. El mundo podrá encontrar el camino de Cristo en la evolución de la humanidad.

Esa es la experiencia cósmica de Micael con aquello que ha de gobernar en el Cosmos. Para permanecer con aquello que ha de gobernar, emprende el camino que conduce del Cosmos a la humanidad. Ha estado en este camino desde el siglo VIII d.C., pero realmente solo asumió su oficio terrenal, en el que se ha transformado su oficio cósmico, en el último tercio del siglo XIX.

Micael no puede forzar a los seres humanos a hacer nada. Pues es precisamente porque la inteligencia ha llegado enteramente a la esfera de la individualidad humana que la compulsión ha cesado. Pero en el mundo suprasensible que limita primero con este mundo visible, Micael puede desplegar como una acción majestuosa y ejemplar aquello que desea mostrar. Puede mostrarse allí con un aura de luz, con el gesto de un Ser Espiritual, en el que se revela todo el esplendor y la gloria de la inteligencia pasada de los Dioses. Puede mostrar allí cómo la acción de esta inteligencia del pasado es más verdadera, más bella y más virtuosa en el presente que todo lo que está contenido en la inteligencia inmediata del día presente, que fluye hacia nosotros desde Ahriman en un esplendor engañoso y extraviador. Puede señalar cómo para él Ahrimán será siempre el espíritu inferior, bajo sus pies.

Aquellas personas que pueden ver el mundo suprasensible que limita a continuación con el mundo visible, perciben a Micael y a quienes le pertenecen de la manera aquí descrita, entregados a lo que les gustaría hacer por la humanidad. Tales personas ven cómo, a través de la imagen de Micael en la esfera de Ahrimán, el hombre ha de ser conducido en libertad, apartándolo de Ahrimán, hacia Cristo. Cuando mediante su visión tales personas logran también abrir los corazones y las mentes de otros, de modo que exista un círculo de personas que sepan cómo Micael vive ahora entre los hombres, la humanidad comenzará entonces a celebrar Fiestas de Micael que poseerán los contenidos correctos, y en las cuales las almas permitirán que el poder de Micael reviva en ellas. Micael obrará entonces como una fuerza real entre los hombres. El hombre será libre y, sin embargo, proseguirá su camino espiritual de vida a través del Cosmos en íntima compañía con Cristo.

Pensamientos rectores adicionales emitidos desde el Goetheanum para la Sociedad Antroposófica (con referencia al estudio precedente)

109. Llegar a ser verdaderamente consciente de la actuación de Micael en el orden espiritual del Mundo es resolver el enigma de la libertad humana en relación con el Cosmos, en la medida en que la solución es necesaria para el hombre en la Tierra.

110. Pues la «Libertad» como hecho está directamente dada a todo ser humano que se comprende a sí mismo en el período presente de la evolución de la humanidad. Nadie puede decir: «La libertad no existe», a menos que desee negar un hecho patente. Pero podemos encontrar cierta contradicción entre este hecho de nuestra experiencia y los procesos del Cosmos. Al contemplar la misión de Micael dentro del Cosmos, esta contradicción se disuelve. 111. En mi Filosofía de la Libertad (Filosofía de la Actividad Espiritual), la «Libertad» del ser humano en la época actual del mundo queda demostrada como un elemento esencial de la conciencia. En las descripciones aquí dadas de la Misión de Micael, se revelan los fundamentos cósmicos del «llegar a ser» de esta Libertad.

Traducido por Gracia Muñoz en septiembre de 2026

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