Micael y el último discurso – Centenario

English version

Rudolf Steiner pronunció su Discurso Final a los miembros de la Sociedad Antroposófica en Dornach, Suiza, el 28 de septiembre de 1924. En esa víspera de Micael, el Dr. Steiner, frágil y gravemente enfermo, reunió fuerzas para declarar apasionadamente su última voluntad para el renacimiento del movimiento antroposófico. Nueve meses antes, había colocado figuradamente «la Piedra Fundamental de la Antroposofía» en los corazones de los miembros y luego había fomentado su crecimiento espiritual mediante una intensiva formación esotérica. Había dispuesto la continuación de la sociedad sin él, con la esperanza de que, con un adecuado desarrollo espiritual de los miembros, el impulso antroposófico naciera de nuevo. La última conferencia de Rudolf Steiner antes de su muerte fue su última súplica a los miembros de la Sociedad Antroposófica para que se desarrollaran activamente y así pudieran llevar adelante el impulso antroposófico después de su partida. El verso de Micael dado ese día es su llamada más profunda a las Jerarquías y su invitación a la humanidad a asumir esta misión de convertirnos en seres cuádruples dignos (físico, etérico, astral, yo/Yo) llenos del Orden Cósmico de las Jerarquías, para irradiar estas doce fuerzas al mundo. Se refirió a ello como el «Ser Humano de Cuatro por Doce». Ahora, cuarenta semanas después, cuando un nuevo impulso antroposófico debía haber nacido entre los miembros, no había nadie adecuadamente preparado para fructificar este impulso para la humanidad y llevarlo adelante hacia la acción. Como relata Marie Steiner en «El final del año y el cambio de año 1923/1924«: «Fuimos llamados, pero no fuimos elegidos. Fuimos incapaces de responder a la llamada, como lo mostraron los desarrollos posteriores».  Después de su último discurso, que dejó a la audiencia atónita y entre lágrimas, se retiró a su lecho de enfermo en el taller de carpintería, donde permanecería hasta su muerte. Para subrayar la suma importancia de lo que dijo y de lo que dejó sin decir a los miembros, ofrecemos este artículo 100 años después, en septiembre de 2024. Les invitamos a revisitarlo en esta Festividad de Micael junto con su último discurso, al que se hace referencia en el mismo.

28 de septiembre de 2024

Este año se cumple el centenario del último discurso de Rudolf Steiner a la Sociedad Antroposófica, pronunciado el 28 de septiembre de 1924 en Dornach, Suiza. Nos sentimos honrados de presentarles su conferencia completa ahora en línea en inglés, incluyendo los apéndices con observaciones adicionales[1]. Según nuestro conocimiento, esta conferencia fue omitida de todos los libros en lengua inglesa publicados antes de 1997, y nunca antes se había puesto a disposición en inglés el apéndice con observaciones adicionales. El siguiente artículo tiene la intención de subrayar la suma importancia de esta información, tanto en lo que dice como en lo que quedó sin decir. Toca el corazón de la condición humana, el futuro de la antroposofía y, en última instancia, el futuro de la humanidad.

En la víspera de Micael de 1924, el Dr. Steiner, frágil y gravemente enfermo, reunió fuerzas para declarar apasionadamente su última voluntad para el renacimiento del movimiento antroposófico. Este extraordinario acontecimiento tuvo lugar a raíz del ardiente incendio que consumió su obra maestra arquitectónica, el primer Goetheanum, en la Nochevieja de 1922. Las llamas que redujeron a cenizas ese exquisito templo permanecerían de allí en adelante solo en el mundo espiritual.

Steiner había colocado figuradamente la «Piedra Fundamental de la Antroposofía» en los corazones de los miembros de la Sociedad Antroposófica nueve meses antes, el 26 de diciembre de 1923, durante la Conferencia de Navidad. Esta reunión significó la fundación de una renovada Sociedad Antroposófica General, en la que él aceptó el papel de liderazgo principal junto con el consejo ejecutivo en Dornach. Habiendo permanecido anteriormente en la periferia de la administración de la sociedad, ahora asumía la posición central y, con ello, unía su destino a ella. Con un desarrollo adecuado, se pretendía que el movimiento antroposófico floreciera.[2]

Quizás en una tragedia aún mayor que el incendio del Goetheanum, las condiciones de la época aún no estaban maduras para que la semilla de este nuevo impulso antroposófico echara raíces, floreciera y diera fruto. Como Marie Steiner escribiría más tarde: «Pues no podemos sino admitir: Fuimos llamados, pero no fuimos elegidos. Fuimos incapaces de responder a la llamada, como lo mostraron los desarrollos posteriores.»³ Ella relata cómo el Dr. Steiner, en un gesto de extraordinario sacrificio, había tomado sobre sí el karma de la Sociedad y de sus miembros, y los efectos de ello eran ahora claramente visibles.

El resultado reveló lo que significaba para el Dr. Steiner tomar nuestro karma sobre sí. Lo que podría haber sido profundamente esotérico habría sido llevar corrientes espirituales anteriormente divergentes a un equilibrio armonioso en las personas de algunos de sus representantes actuales. Esta habría sido una tarea esotérica que podría haberse logrado junto con el Dr. Steiner mediante su perspicacia superior, su fuerza y su capacidad de amor. Pero nuestro karma humano y el de la Sociedad irrumpieron sobre él en el mismísimo momento en que la Conferencia de la Fundación de Navidad llegó a su fin. En ese último día, el 1 de enero de 1924, cayó repentinamente gravemente enfermo. En la reunión social con té y refrigerios, descrita como un *Rout* en el programa, fue abatido como por una espada dirigida a su propia vida. Sin embargo, continuó sin interrupción y con energía ilimitada, activo hasta el 28 de septiembre, el día en que nos habló por última vez. Sus fuerzas físicas en declive eran nutridas por el fuego espiritual; en verdad, eran sostenidas por ese fuego y crecían más allá de sí mismas. Pero al final, tras logros sobrehumanos durante el mes de septiembre, el poder de esta llama interior acabó por devorarlo también a él.[3]

Este último discurso fue la última súplica de Steiner para que la humanidad se desarrollara activamente y pudiera llevar adelante el impulso antroposófico después de su partida.

En esta sombría atmósfera, el Dr. Steiner continuó su exposición sobre el Karma y los «seres que están íntimamente conectados, y siempre lo estarán, con la corriente de Micael» — específicamente, las individualidades de Elías, Juan, Rafael, Novalis. Estas individualidades llevaron los impulsos micaélicos a la evolución humana y continúan haciéndolo aún hoy. Este Último Discurso no solo revela la reencarnación de este Ser como cuatro individualidades, sino que señala la creación de un nuevo prototipo de Ser Humano capaz de llevar esos impulsos adelante en la evolución humana.

La Corriente Celestial de Micael

La urgencia de que este impulso Micaélico sea llevado adelante en la evolución humana no puede exagerarse. Como Steiner articuló repetidamente, hay dos corrientes de influencia en la evolución humana: una celestial y otra terrenal. Con la caída de Adán y Eva del Jardín del Edén debido a su deseo de sabiduría divina, el libre albedrío entró en la corriente de la evolución humana. Esta libertad dio origen a la posibilidad del mal, al karma necesario para redimirnos y a polaridades que se manifiestan dentro del reino terrenal. Estas polaridades fueron llevadas adelante en el tiempo a través de los descendientes de Adán y Eva: Abel (la corriente femenina, espiritual) y Caín (la corriente masculina, material).

En sus conferencias sobre las Relaciones Kármicas, explica claramente estas corrientes, así como la autoridad del Arcángel Micael como Gobernante de la Inteligencia Cósmica. Su nombre se pronuncia Micha-EL, ya que la palabra «EL» significa «dios» y «el Camino». Steiner enseñó que el gobierno de Micael comenzó en noviembre de 1879 y continuaría durante los siguientes tres o cuatro siglos. Afirma: «Vivimos en un período muy temprano de la Era de Micael, y lo que ahora poseemos como inteligencia apenas comienza a desplegarse en la conciencia general de la humanidad.» Micael es el portador de las fuerzas espirituales del Sol, que es «la fuente de toda vida intelectual que opera al servicio del Espíritu».[4]

Desde el Misterio del Gólgota, la humanidad ha decaído de la Inteligencia Cósmica a la Inteligencia Personal. La Inteligencia Cósmica «descendió a la Tierra, tomó forma, por así decirlo, en muchas gotas individuales que luego vivieron como Inteligencia personal en almas humanas individuales.»

He dicho: la Inteligencia Cósmica descendió a los hombres individuales. Pero esto, queridos amigos, es solo una abstracción. Pues ¿qué es la Inteligencia? Ni que decir tiene que no debemos concebir que, cuando ascendamos a las regiones superiores, podamos aprehender allí la Inteligencia como aprehendemos árboles y arbustos aquí en el mundo físico. ¿Qué es la Inteligencia? Estas generalizaciones abstractas, por supuesto, no existen en la realidad. «Inteligencia» significa las relaciones mutuas de conducta entre las Jerarquías superiores. Lo que ellas hacen, cómo se relacionan entre sí, lo que son unas para otras: eso es la Inteligencia Cósmica. Y puesto que como seres humanos debemos considerar primero el reino que nos es más cercano, concretamente hablando, la Inteligencia Cósmica será para nosotros la suma total de los Seres de la Jerarquía de los Angeles. Si hablamos concretamente, no podemos decir «tanta Inteligencia», sino más bien «tantos Angeles». Esta es la realidad.[5]

El cambio de la inteligencia cósmica a la personal fue un cambio de la corriente de la vida celestial a la corriente del mundo terrenal y material. Micael comenzó a ser testigo de cómo su dominio sobre esta esfera se le escapaba mientras fluía hacia abajo. En épocas anteriores, los hombres luchaban por la Inteligencia no desarrollando las facultades de la cabeza, sino buscando la Inspiración que les era transmitida por fuerzas cósmicas. Con la caída de la humanidad en un materialismo e intelectualismo más terrenales, se requirió, por así decirlo, una nueva misión de rescate por parte de Micael y sus legiones. Esto fue a través del corazón.

Micael, que ha estado luchando desde el Sol por aquellos en la Tierra que perciben lo Espiritual en el cosmos, desea de ahora en adelante establecer su ciudadela en los corazones y en las almas de los hombres en la Tierra. Esto ha de comenzar en nuestra época actual. El cristianismo ha de ser guiado hacia un reino de verdades más profundas, en la medida en que la comprensión de Cristo como un Ser Solar ha de surgir dentro de la humanidad a través de Micael, el Espíritu Solar que siempre ha gobernado sobre la Inteligencia, que ahora ya no puede administrarla en el cosmos, sino que desea en el futuro administrarla en y a través de los corazones de los hombres.

Esto no solo tiene una grave importancia para la humanidad y las responsabilidades de los individuos al respecto, sino que es la misión central del propio movimiento antroposófico. Steiner era firme en que debemos tomar la espada de Micael y forjar un nuevo camino del cual emergerá una nueva forma de cristianismo para redimir a la humanidad.

El hecho de que el karma de muchísimas de las almas que han entrado en el Movimiento Antroposófico con verdadera sinceridad esté conectado con estas condiciones preliminares y antecedentes hace del Movimiento Antroposófico el verdadero Movimiento de Micael, el Movimiento predestinado a llevar a cabo la renovación del cristianismo. Esto yace en el karma del Movimiento Antroposófico. Yace, también, en el karma de muchos individuos que han entrado con sinceridad en ese Movimiento. Llevar al mundo el Impulso de Micael, que de esta manera puede ser representado en toda su realidad concreta, que es anunciado por muchas señales en la Tierra hoy y también se expresa llamativamente en el maravilloso juego de las fuerzas de la naturaleza alrededor de las ruinas del castillo de Arturo: esta es la tarea del Movimiento Antroposófico en un sentido muy especial. Pues en el curso de los siglos, el Impulso de Micael debe encontrar su camino hacia el mundo de los hombres si la civilización no ha de perecer de la Tierra.

La batalla que se libra no es menos que unir las dos corrientes del cielo y de la Tierra. Debemos imbuirnos de la inspiración cósmica de eras pasadas, como el Rey Arturo y los doce Caballeros de la Mesa Redonda, convirtiéndonos en el Santo Grial a través de nuestros corazones.

El misterio de Juan

Steiner ofreció relatos detallados sobre las complejidades que rodearon las encarnaciones de Juan el Bautista y de su primo Jesús: el bautismo de Jesús por parte de Juan, que facilitó la encarnación del Cristo, y la elevación iniciática de Lázaro, quien se convirtió en el discípulo conocido como Juan[6].  Estos acontecimientos eran necesarios para preparar el terreno para que la corriente del pensamiento micaélico surgiera en el alma humana. Juan el Bautista, perteneciente a la corriente celestial de Abel, fue decapitado antes de la elevación de Lázaro, quien pertenecía a la corriente terrenal de Caín. Si bien es posible deducir de otras indicaciones de Steiner que Juan el Bautista infundió a Lázaro para que este se convirtiera en Lázaro-Juan, Steiner solo dejó pistas para reconstruir esta información. Nuestra traducción al inglés de las observaciones adicionales a «La última alocución» indica que, efectivamente, así fue.

Las observaciones adicionales a la conferencia —que hasta ahora solo habían estado disponibles públicamente en alemán y que publicamos aquí— señalan lo siguiente:

Cabe destacar que Rudolf Steiner no pudo concluir la exposición del 28 de septiembre de 1924. Marie Steiner recordó este hecho en su ensayo «En vísperas de San Micael», publicado en la revista de la Sociedad Antroposófica en septiembre de 1925:

«No llegó tan lejos en la conferencia como había planeado originalmente. Nos ofreció la primera parte del misterio de Lázaro; en aquel entonces, no solo me lo dijo a mí, sino que más tarde escribió en la cubierta del primer anexo: «No lo divulguen hasta que haya impartido la segunda parte». Sin embargo, aquello le fue arrebatado, como tantas otras cosas. Ahora ya no nos dará esa segunda parte. Quedará en manos de nuestra capacidad de comprensión discernir lo correcto entre los secretos de la encarnación y la incorporación, y los cruces de las líneas de individualidad. Concluyó con lo que había sido un tema recurrente en sus revelaciones de sabiduría: el misterio de Novalis, Rafael, Juan… Se nos conducía a él una y otra vez, desde los aspectos más diversos. El último misterio —el más difícil, por estar atravesado por otra línea de individualidad— nos lo transmitió en vísperas de aquel día de San Micael… y se interrumpió…» (1)

Esto tiene sentido, ya que él se estaba agotando y no había nadie presente lo suficientemente preparado para impulsar este movimiento. En las «Observaciones adicionales» encontramos también la confirmación de aquello sobre lo que Steiner solo había dado indicios públicos.

Lo que Marie Steiner apenas insinuó como una explicación dada oralmente por Rudolf Steiner fue confirmado por el Dr. Ludwig Noll —quien, junto con la Dra. Ita Wegman, fue uno de los médicos de Steiner—, transmitiendo lo siguiente:

Cuando Lázaro fue resucitado de entre los muertos, la esencia espiritual de Juan el Bautista —que desde su muerte había sido el espíritu que cubría a los discípulos— penetró desde arriba en el antiguo Lázaro hasta alcanzar el alma consciente; simultáneamente, desde abajo, penetró la esencia de Lázaro, de modo que ambas se compenetraron. Tras la resurrección de Lázaro, este pasa a ser Juan, «el discípulo a quien el Señor amaba». (Véase también la conferencia 6 de El Evangelio de Marcos, donde se describe a Elías como el alma grupal de los apóstoles).

Con la iniciación de Lázaro, encontramos la unificación de las corrientes de Caín y Abel mediante la unión de Lázaro (Caín) y Juan el Bautista (Abel). De esta unión surgió un nuevo prototipo de ser humano: Juan, «aquel a quien Jesús amaba».

En la Última Cena, Juan el Apóstol —el Lázaro-Juan resucitado— trasladó simbólicamente su cabeza desde el regazo de Jesús hacia su pecho o corazón. Esto significaba que todas las fuerzas inferiores del egoísmo habían sido elevadas al corazón a través de Cristo: el nuevo pensar desde el corazón que se requería de la humanidad.

La plenitud o perfección se alcanza cuando las cualidades anímicas inferiores se desprenden y solo permanecen las superiores… La propia fuerza anímica de Juan habrá logrado que dichas facultades se eleven hacia el corazón amoroso. De él manarán ríos de amor espiritual. Cuando Cristo habita en nosotros, el corazón es nuestro órgano más poderoso. La fuerza anímica inferior habrá sido entonces elevada desde el bajo vientre hasta el corazón. Todo iniciado experimentaba esto como el misterio del corazón. Se expresaba en las palabras: «Dios mío, Dios mío, ¡cómo me has elevado a las alturas!».[7]

Juan representaba, pues, una nueva forma de ser humano capaz de elevarse a los mundos superiores. Steiner señala: «»Juan» describe su propia iniciación en el relato de la «resurrección de Lázaro»».[8]  Esta historia del desarrollo humano abarca toda la Biblia, desde Adán en el Génesis hasta el Apocalipsis de Juan. Así, en muchos aspectos, esta conferencia completa las enseñanzas de Steiner sobre la caída y la redención de la humanidad.

Cuatro veces doce seres humanos

Como ya se ha señalado, en lugar de profundizar en el conocimiento oculto sobre el significado de Juan —tal como había planeado—, el Dr. Steiner cambió bruscamente el rumbo de su exposición para recalcar la transformación individual que se requería tanto de los presentes como de la humanidad en su conjunto, afirmando:

Así vemos en Novalis un precursor radiante y espléndido de esa corriente de Micael que ahora ha de guiarles a todos ustedes, mis queridos amigos, mientras vivan; y luego, tras cruzar el umbral de la muerte, encontrarán en los mundos espirituales suprasensibles a todos aquellos otros —entre ellos, el ser del que les he hablado hoy—, a todos aquellos con quienes habrán de preparar la obra que se consumará al final del siglo y que conducirá a la humanidad a superar la gran crisis en la que se encuentra inmersa.

Esta obra consiste en permitir que el Poder de Micael y la Voluntad de Micael impregnen la vida entera. El Poder de Micael y la Voluntad de Micael no son otros que la Voluntad de Cristo y el Poder de Cristo, que se adelantan para implantar rectamente en la Tierra el Poder de Cristo. Si este Poder de Micael logra verdaderamente vencer todo lo que pertenece al demonio y al dragón [y ustedes sabrán a qué me refiero]; si todos ustedes —que de este modo han acogido en la luz el Pensamiento de Micael— lo han recibido realmente con un corazón sincero y fiel y con tierno amor, y se esfuerzan por avanzar desde el estado anímico de Micael propio de este año hasta lograr no solo que el Pensamiento de Micael se revele en su alma, sino también que cobre vida en sus actos con toda su fuerza y ​​todo su poder… si esto es así, entonces serán verdaderos servidores del Pensamiento de Micael y dignos colaboradores de aquello que ahora debe entrar en la evolución terrestre a través de la Antroposofía y ocupar allí su lugar conforme al sentido de Micael. Si en un futuro próximo —en cuatro veces doce seres humanos (énfasis añadido)— el Pensamiento de Micael cobra plena vida —es decir, cuatro veces doce seres humanos reconocidos no por sí mismos, sino por la dirección del Goetheanum en Dornach—; si en cuatro veces doce seres humanos así surgen líderes que poseen el estado anímico propio de la festividad de Micael, entonces podremos dirigir la mirada hacia la luz que, a través de la corriente y la actividad de Micael, se difundirá en el futuro entre la humanidad.

¿Qué quería decir con «cuatro veces doce seres humanos»? A lo largo de su obra, Steiner se refiere repetidamente a las cuatro partes principales del ser humano: la física, la etérica, la astral y el Yo. Al multiplicarlas por doce, esto puede interpretarse como una descripción del ser humano cuádruple plenamente desarrollado, investido de poder e iluminado por el Orden Cósmico en su totalidad: las tres Jerarquías del mundo espiritual y la propia Santísima Trinidad. Este es el nuevo Ser Humano arquetípico de Juan, que había elevado sus cuatro cuerpos inferiores (físico, etérico, astral y ego/Yo inferior) hacia el Yo superior: manas (Espíritu-Sí mismo), buddhi (Espíritu-Vida) y atma (Hombre-Espíritu). Los Reinos Superiores deben hallar una morada permanente en la mente del ser humano para hacer descender la Inteligencia Cósmica hacia el ámbito terrenal.   

RangoOrdenNombresTareasTransformaciones
1Santísima TrinidadPadre, Divinidad, Amor  Creador del universo. Gobernante del Orden Cósmico.Cuerpo físico → Hombre Espíritu
2Hijo, Cristo (Masculino Divino)               Redentor de la humanidad. Descendió del Sol para residir en el reino etérico de la Tierra.
3Espíritu Santo, Sofía (Femenino Divino)   Portadora de Cristo a la humanidad.
RangoOrdenNombresTareasTransformaciones
41ª JerarquíaSerafines, Espíritus de Amor Reciben las ideas de la Trinidad.Cuerpo etérico → Espíritu de vida
5Querubines, Espíritus de la ArmoníaReflexionan sobre esas ideas.
6Tronos, Espíritus de la Voluntad,  Transforman esas ideas en acciones.
RangoOrdenNombresTareasTransformaciones
72ª JerarquíaDominaciones, Espíritus de la Sabiduría, Kyriotetes  Llevan a cabo lo que la primera jerarquía ha iniciado.Cuerpo astral → Yo Espiritual
8Virtudes, Espíritus del Movimiento, Luces, Dynamis.  Movimiento y metamorfosis de nuestras plantas en aire, agua y vegetación.
9Potestades, Espíritus de la Forma, Elohims, Exusiai  Creadores de la humanidad que porta las dos corrientes polares que deben unificarse mediante una nueva forma de cristianismo.
RangoOrdenNombresTareasTransformaciones
103ª JerarquíaPrincipados, Arcáis, Espíritus de la Personalidad, Espíritus del Tiempo o de la ÉpocaDar lugar a un ser humano independiente y que se dirige a sí mismo de manera autónoma.  Ego/yo inferior → Yo superior
11Los arcángeles, los espíritus del fuego y los espíritus nacionales o popularesActúan como almas grupales de naciones y pueblos.  
12Ángeles (Angeloi)  Ayudan y guían a los seres humanos mientras viven en la Tierra.  
13Seres humanosMisión: Ejercer nuestro libre albedrío para transformar nuestro ser —corrompido y densificado— y devolverlo a su estado espiritual original, permitiendo así que el Orden Cósmico se refleje en el ser humano a medida que nos convertimos en instrumentos de la voluntad y el amor de Dios; unificando de este modo las dos antiguas corrientes polares, redimiendo a la humanidad de la Caída y haciendo resonar la Armonía de las Esferas aquí en la Tierra.  

La labor que estamos llamados a realizar consiste, al igual que hicieron Jesucristo y Lázaro-Juan, en elevar nuestra naturaleza humana cuádruple para que resuene con las frecuencias superiores de nuestro Yo Espiritual, Espíritu de Vida y Hombre-Espíritu. Entonces, mediante el desarrollo esotérico, el ser humano resonará con la armonía de las esferas. Logramos esto aceptando en nuestras almas la espada de Micael, su Pensamiento Cósmico. El ser humano plenamente desarrollado se convierte en un verdadero microcosmos del Orden Cósmico, irradiando su luz interiormente y proyectándola después hacia el mundo a través de nuestras acciones:

En esencia, cabe distinguir doce partes, cada una de las cuales es, en realidad, una imagen —una pintura— de una parte, del gran cosmos. Cuando las doce se reúnen, surge la impresión de que un pintor desconocido ha creado imágenes en miniatura del macrocosmos —doce en total— y, a partir de ellas, ha formado el cuerpo físico humano. Ahora bien, cuando el individuo se dedica al desarrollo oculto, esta imagen crece progresivamente y se vuelve, además, cada vez más grata interiormente, irradiando luz desde su propio seno. Esto se debe a que, en el caso de una persona que no sigue un desarrollo oculto, el macrocosmos se refleja únicamente en su aspecto físico; en cambio, en quien emprende un desarrollo oculto, el contenido espiritual se manifiesta cada vez más, permitiendo percibir las imágenes de la esencia espiritual del macrocosmos. Así, el desarrollo oculto nos muestra también que la persona que lo practica deja de ser un mero microcosmos físico para convertirse cada vez más en uno espiritual; es decir, manifiesta en su interior no solo imágenes de planetas y soles, sino de entidades pertenecientes a las Jerarquías Superiores. Esa es la diferencia entre las personas que siguen un desarrollo oculto y las que no. Cuanto más avanza una persona en el desarrollo oculto, más elevadas son las Jerarquías que se manifiestan en su interior. Y de este modo aprendemos la estructura del mundo, por así decirlo, mediante la observación clarividente del cuerpo físico humano[9].

Este aspecto de las doce fuerzas se proyecta en muchas esferas de influencia: los doce discípulos, los doce sentidos que el ser humano debe desarrollar, las doce corrientes que Christian Rosenkreutz se propuso unir, los doce signos del zodiaco, las doce tribus de Israel, los doce meses del año e incluso los doce caballeros de la Mesa Redonda en la leyenda artúrica. Rudolf Steiner también articula doce posturas filosóficas principales, todas ellas válidas y necesarias. Si bien hoy en día puede estar de moda aspirar a una conciencia de unidad y a la unicidad, el universo es mucho más complejo. Una comprensión profunda del universo (el «verso único» o la Palabra) debe surgir de una perspectiva espiritual que abarque la multiplicidad que este contiene. Él explicaba esta cuestión filosófica, capaz de desafiar la mente, con gran agudeza, como solía hacer a menudo.

Si somos espiritualistas, puede ocurrir que la gente nos diga: «¿Por qué tantos espíritus? ¿Por qué introducir números en esto? ¡Que exista un único Espíritu indiviso!». Cualquiera que profundice en la materia sabe que esta objeción equivale a decir: «Me dices que hay doscientos mosquitos ahí. Yo no veo doscientos; solo veo un único enjambre». Exactamente así se posicionaría un partidario del pneumatismo frente a un espiritualista. El espiritualista ve el universo poblado por los Espíritus de las Jerarquías; el Pneumatista ve solo el «enjambre» único: solo el Espíritu Universal. Pero eso deriva de una visión inexacta.[10]

El ser humano como templo

Nuestra misión es convertirnos en seres dignos, constituidos por cuatro partes y colmados de este Orden Cósmico de doce. Nuestros cuerpos se transforman en templos donde estos doce flujos tienen una morada permanente e irradian hacia el mundo. Steiner explica:

Por tanto, en verdad, a lo largo de nuestra vida terrenal nuestro cuerpo físico no nos pertenece. Si dependiera de nosotros, no podría subsistir en absoluto. Es, como se decía antiguamente, el verdadero Templo de la Divinidad: del Ser Divino trino. Asimismo, nuestro cuerpo etérico es la morada de la Jerarquía de los Serafines, Querubines y Tronos. Ellos han de colaborar en el cuidado de los órganos asignados al cuerpo etérico. Por otra parte, de aquellos órganos físicos y etéricos que el cuerpo astral abandona cada noche se ocupa la segunda Jerarquía: Kyriotetes, Dynamis y Exusiai. Por último, los órganos que el Yo humano deja atrás durante el sueño deben ser cuidados por la noche por los Angeloi, Archangeloi y Archai. Existe una actividad constante en el interior del ser humano que no proviene únicamente del hombre mismo. Solo en la vida de vigilia habita él en esta naturaleza corporal, por así decirlo, en calidad de subarrendatario; pues, al mismo tiempo, es el Templo y la morada de Seres espirituales: los Seres de las Jerarquías.[11]

Esto nos conduce al Templo de Salomón, el templo de la Nueva Alianza. En tiempos pretéritos, el ser humano tuvo que construir una nave para transportarse a través de las aguas astrales hacia la existencia terrenal. Esto se simbolizaba mediante el Arca de Noé. Steiner revela: «Ahora debe rodear a su yo superior con una casa creada por su propio espíritu, por su propia sabiduría, por la sabiduría de Salomón». Esta es la etapa del desarrollo de Manas: el desarrollo del Yo Superior. Nos transformamos de un ser cuádruple en uno quíntuple —simbolizado por el pentagrama—, siendo el quinto elemento el Yo Superior, para el cual debe construirse un nuevo templo.

Hemos de prepararnos para la Nueva Alianza, en sustitución de la Antigua Alianza. Esta última es la Alianza del Dios creador, en la que Dios obra en el Templo de la Humanidad. El Nuevo Pacto es aquel en el que el hombre mismo rodea lo divino con el Templo de la Sabiduría —al restaurarlo—, para que este «Yo» encuentre un santuario en esta Tierra cuando resucite de la materia y sea liberado.[12]

También es posible apreciar estos principios reflejados en el primer Goetheanum. Concretamente, la cúpula pequeña —el centro de activación espiritual y la cabeza del edificio— cuenta con doce columnas, con la figura del Representante de la Humanidad (una decimotercera) situada en el centro. Cada columna posee un trono en su base. Estos tronos se ofrecen como asientos permanentes destinados a ser ocupados por las jerarquías celestiales, con el fin de impregnar a la humanidad del Pensamiento Cósmico. Se trata de un modelo arquitectónico del templo del Hombre: la morada del macrocosmos del Orden Cósmico en el microcosmos del Ser Humano. Respecto al edificio que habría de construirse en el futuro, el Dr. Steiner describió su visión de una edificación que reflejara el espíritu recibido por el alma humana; es decir, el macrocosmos creando forma en el microcosmos del hombre:

El espíritu que se acoge en el alma debe ser capaz de plasmarse en forma. Así como el ser humano que se erige y se consolida en sí mismo sirvió de prototipo para los templos antiguos, el prototipo del templo del futuro debe ser el alma humana que ha acogido al Espíritu. La misión de nuestra época consiste en iniciar un Arte de la Construcción capaz de hablar con total claridad a los hombres de tiempos venideros: ¡El Templo es el Hombre; el Hombre que acoge al Espíritu en su alma![13]

Primer Goetheanum — El orden cósmico

De la Piedra Fundamental a la Meditación de Micael

Con la colocación de la Piedra Fundamental en diciembre de 1923, tras la destrucción del primer Goetheanum, Rudolf Steiner preparó el terreno para que el impulso antroposófico surgiera de las cenizas del templo. En la meditación de la Piedra Fundamental, Steiner instó a sus alumnos a practicar la evocación, el recuerdo y la visión del Espíritu, a fin de permitir que las tres Jerarquías —de naturaleza tripartita— y la Trinidad penetraran en sus cuatro cuerpos inferiores para elevarlos a su estado de pleno desarrollo[14]. Se trata de un llamamiento urgente a las almas humanas para que ejerciten el pensar, el sentir y el querer con el fin de transformar sus cuatro cuerpos inferiores y devolverlos así a su estado espiritual original. Invoca a los reinos superiores a obrar en nuestro interior, siendo el último paso concedido por la gracia de Dios. Es un ejemplo más del ser humano «cuatro por doce» que ha de surgir.

EstrofaPrácticaJerarquíaTransformación Cuerpos inferioresEnvolturas espirituales Redimidas
IInvocación de espíritus1.º: Serafines, Querubines, Tronos Espíritus de la Fuerza  Etérico →Espíritu de Vida/Buddhi
IIEspíritus meditadores2.º: Kyriotetes, Dynamis, Exusiai Espíritus de LuzAstral →Yo Espiritual/ Manas
IIIEspíritus de la Imaginación3.ª jerarquía: Archai, Archangeloi, Angeloi Espíritus del AlmaEgo/Yo inferior →Yo superior/Yo
IVGraciaTrinidad: Padre, Hijo, Espíritu SantoFísico →Hombre Espiritu

Ahora, cuarenta semanas más tarde, cuando un nuevo impulso antroposófico debía nacer entre los miembros, no había nadie adecuadamente preparado para fructificar este impulso para la humanidad y llevarlo a la acción. El verso de San Micael ofrecido aquel día constituye su llamado más profundo a las Jerarquías y una exhortación a la humanidad para que asuma esta misión.[15]

¡Que brotáis de los Poderes del Sol,
Radiantes poderes espirituales que bendecís todos los mundos!
Para el manto de rayos de Micael
Estáis predestinados por el Pensamiento Divino.
Él, el mensajero de Cristo, revela en vosotros —
Elevando a la humanidad— la sagrada Voluntad de los Mundos.

Vosotros, radiantes Seres de los Mundos Etéricos,
Llevad la Palabra de Cristo al hombre.
Así aparecerá el Heraldo de Cristo
Ante las almas que aguardan sedientas,
Para quienes vuestra Palabra de Luz resplandece
En la era cósmica del Hombre-Espíritu.

Vosotros, discípulos del Conocimiento del Espíritu,
Acoged el llamado de la Sabiduría de Micael,

Llevad la Palabra de Amor de la Voluntad de los Mundos
Al anhelo de vuestra alma: ¡ACTIVAMENTE!

La búsqueda micaélica

Así, como broche final a la obra de toda una vida de Rudolf Steiner, en su Última Alocución él entrelaza el corpus completo de sus enseñanzas, las cuales articulan nada menos que la misión de la humanidad. Debemos utilizar nuestra libertad para convertir al ser humano en un instrumento de la voluntad divina, trayendo la armonía de las esferas al ámbito terrenal. La humanidad debe elegir convertirse en un verdadero reflejo espiritual y microcósmico del macrocosmos —del Orden Cósmico— y trabajar activamente para iluminar el mundo mediante acciones que unan a los seres humanos en amor fraternal. Lo que Jesús-Cristo logró al espiritualizar su cuerpo humano es ahora nuestra tarea. Debemos elevar nuestro yo hacia nuestro yo superior —o nuestro «Yo»—, tal como Lázaro fue resucitado de entre los muertos. El arcángel Micael y sus legiones nos guían mientras empuñamos su espada —al estilo de la leyenda artúrica— para vencer a los dragones que pretenden obstaculizarnos, y nos llenamos de todas las fuerzas de la jerarquía celestial para iluminar el mundo. Nuestra búsqueda consiste en convertirnos nada menos que en el Santo Grial, si es que decidimos aceptarlo[16].

El mensaje de Steiner es claro. Los seres humanos están llamados a desarrollarse mediante el estudio y la práctica serios para asumir el Impulso Micaélico, que es el impulso del propio Cristo. El Dr. Steiner ofreció numerosas prácticas, ejercicios y meditaciones para ayudarnos a lograrlo.[17] Si bien la sociedad actual puede tentarnos con corrientes más «modernas» que ofrecen caminos más accesibles, a menudo se trata de impulsos del mundo material disfrazados de novedad, que nos brindan consuelo al permitirnos evitar el arduo trabajo necesario.

La resurrección del alma a través del pensar desde el corazón

En la festividad de San Micael (Michaelmas), reconocemos al dragón que el Arcángel Micael expulsó del cielo como las fuerzas ahrimánicas que pretenden encadenarnos al mundo material. Esta batalla continúa, ya que el dragón sigue alzándose de nuevo hacia el cielo. ¡Con cada ascenso, Micael no arroja al dragón al infierno, sino a la cabeza humana![18]  Con el dragón ya arraigado en la naturaleza humana, la humanidad debe luchar contra aquellas fuerzas internas que obstaculizan su desarrollo espiritual. Lo hacemos a través de lo que en alemán se conoce como *Gemüt* o, en una traducción sencilla al inglés, nuestra «mente» (*mind*). Pero el *Gemüt* es más que el simple pensar; se asemeja más al sentir o al pensar desde el corazón.[19]

Debemos pasar de nuestro pensamiento intelectual y nuestros sentidos físicos al pensamiento cósmico y a los sentidos espirituales. Mediante el desarrollo de nuestro pensar, sentir y querer, transformamos el alma.

Alma sensible → Alma racional (o de la mente) → Alma consciente

De este modo, podemos comenzar a seguir los pasos de Jesús-Cristo, quien nos mostró el camino. Consideramos la festividad de San Micael como la profunda continuación de la Pascua dentro del alma misma del ser humano. La Navidad trae consigo el nacimiento de Jesús; la Pascua, la muerte y resurrección de Jesús-Cristo plenamente transformado y espiritualizado. Para la festividad de San Micael, la humanidad lleva el pensamiento de la Pascua a su propia alma. Mientras que la Pascua representa la muerte y resurrección de Cristo, la festividad de San Micael representa lo inverso en la humanidad: la resurrección del alma humana y, posteriormente, la muerte física.

¿Qué representa la Pascua dentro de las festividades del año? Es una fiesta de resurrección. Conmemora la Resurrección realizada en el Misterio del Gólgota mediante el descenso de Cristo —el Espíritu Solar— a un cuerpo humano. Primero la muerte, luego la resurrección: ese es el aspecto externo del Misterio del Gólgota. Quien comprende el Misterio del Gólgota en este sentido percibe la muerte y la resurrección como un camino de redención; y tal vez sienta en su alma que debe unirse, en su *Gemüt/Mente*, a Cristo —el vencedor de la muerte— para hallar la resurrección en la muerte. Pero el cristianismo no termina con las tradiciones asociadas al Misterio del Gólgota: debe avanzar. El *Gemüt* humano se vuelve hacia el interior y se profundiza cada vez más con el paso del tiempo; Y, además de esta festividad que hace revivir la Muerte y la Resurrección de Cristo, el ser humano necesita aquella otra que revela cómo el curso del año tiene su correspondencia en su propio interior, para que pueda hallar en el ciclo de las estaciones —ante todo— la resurrección del alma (o, más bien, la necesidad de alcanzar dicha resurrección), a fin de que el alma pueda luego atravesar el umbral de la muerte de manera digna. Pascua: muerte y, después, resurrección; San Micael: resurrección del alma y, después, muerte.

Esto convierte al Festival de San Micael en una Pascua a la inversa. La Pascua conmemora la Resurrección de Cristo; pero en el Festival de San Micael debemos sentir con toda la intensidad de nuestra alma: para no dormir en un estado de semimuerte que opaque nuestra autoconciencia entre la muerte y el nuevo nacimiento, sino para poder atravesar el umbral de la muerte con plena lucidez, debemos despertar nuestra alma mediante nuestras fuerzas internas antes de morir. Primero, la resurrección del alma; luego la muerte, para que en la muerte se alcance la resurrección que el hombre celebra en su interior.[20]

Este concepto se refleja en los versos del Calendario del Alma de Rudolf Steiner, que deben practicarse con las festividades a lo largo de las estaciones.[21]

Contemplemos el llamado de Rudolf Steiner a dar a luz al yo superior con la espada de Micael: el poder ardiente de la voluntad que «fortalece» los «impulsos del Espíritu» para transformar el yo inferior en el yo superior o ser. Esto se encuentra en un verso para la Semana 26, traducido aquí por Liselotte y William Mann:

¡Naturaleza! Tu alma de maternidad
Llevo dentro del ser de mi voluntad;
Y este poder ardiente de la voluntad
Fortalece los impulsos de mi Espíritu,
Que la autoconciencia implora,
Para llevar mi ser en mí.

En efecto, «nacemos de nuevo» al acoger a Cristo resucitado en nuestra alma mientras vivimos. El pensamiento de Micael, «la resurrección del alma del hombre», continúa el pensamiento pascual de la muerte y resurrección de Cristo.

Sería la disposición misma del alma humana impregnar el cosmos, unirse a los mundos cósmicos, si el pensamiento de Micael despertara como un pensamiento festivo, de tal manera que pudiéramos celebrar una fiesta de Micael en la segunda quincena de septiembre, junto con la Pascua; si al pensamiento de la resurrección de Dios tras la muerte se le añadiera, impulsado por la fuerza de Micael, el pensamiento de la resurrección del hombre, de modo que el hombre, mediante la Resurrección de Cristo, encontrara la fuerza para morir en Cristo. Esto significa acoger a Cristo resucitado en el alma durante la vida terrenal, para poder morir en Él; es decir, poder morir, no al morir, sino en vida.

Entonces, lo que necesitamos estará presente en la vida. Porque estas son una, y volverán a unir religión, ciencia y arte, porque la gente comprenderá cómo concebir la Trinidad. Tal cosa podría convertirse en un impulso que, por sí solo y únicamente, sería capaz, en la condición actual de la humanidad, de reemplazar las fuerzas descendentes por fuerzas ascendentes.[22]

Nuestro propósito es transformar nuestros cuerpos para que resuenen e irradien la música de las esferas, permitiendo así que los seres excelsos de las Jerarquías actúen a través de nosotros y, de este modo, evolucionen. Nos convertiremos en cocreadores con ellos, espiritualizándonos. Como el rey Arturo y sus doce caballeros, erigimos en nuestra mente una ciudadela personal del reino cósmico, con las doce jerarquías fluyendo hacia abajo como los pilares del Primer Goetheanum. Con una corona de luz radiante, irradiamos el Orden Cósmico aquí en la Tierra.

El valor de transformarnos

¿Adoptaremos el pensamiento de Micael este San Miguel? ¿Trascenderemos el pensamiento intelectual hacia el pensamiento cósmico y lo transmitiremos al mundo a través de nuestras acciones? En su segundo drama de misterio, La prueba del alma, Capesio es desafiado a elevar su pensamiento de esta manera.[23] Estos versos lo guían por este camino. Que nos inspiren a tomar la espada de Micael para transformarnos y, así, transformar el mundo.

«Dentro de tu pensamiento vive el pensamiento cósmico,
Dentro de tu voluntad obran los seres cósmicos;
Entrégate al pensamiento cósmico,
Experiméntate a través de la fuerza cósmica,
Créate a ti mismo a partir de la voluntad cósmica.
No termines al final en distancias cósmicas,
Engañado por fantasías de pensamientos oníricos.
Comienza en los reinos espirituales más lejanos,
Y termina en los recovecos de tu alma.»
Entonces reconocerás el plan divino
Cuando hayas realizado tu Ser en ti.

Entonces tres figuras, que representan fuerzas del alma, flotan a su alrededor y una, Luna, habla:

Luna:
El poder abundante es escaso
Para el vuelo del espíritu elevado;
Su fundamento firme permanece
En la voluntad humana.
Su temple ha sido probado
Por la esperanza segura y certera.
Se ha fortalecido como el acero
Al vislumbrar el futuro.
Solo te falta valor
Para infundir en tu voluntad
Tu confianza en la vida.
Hacia lo desconocido
¡Pero atrévete a aventurarte!


[1] Último discurso de Rudolf Steiner: Consideraciones esotéricas sobre las conexiones kármicas, Volumen IV, Discurso final, GA 238, 28 de septiembre de 1924, Dornach.

[2] Conferencia VII — GA 240. Relaciones kármicas VI (1971) — Archivo Rudolf Steiner

[3] Prólogo de Marie Steiner – Parte I. Introducción – GA 260. La Conferencia de Navidad (1990) — Archivo Rudolf Steiner

[4] Conferencia III — GA 240. Relaciones Kármicas VIII (1975) — Archivo Rudolf Steiner

[5] XI. Evolución del Principio de Michael a lo Largo de los Siglos — La División en la Inteligencia Cósmica — GA 237. Relaciones Kármicas III (1977) — Archivo Rudolf Steiner

[6] Navidad 2023 – Blog – Archivo Rudolf Steiner / Festival de San Juan – Blog – Archivo Rudolf Steiner

[7] 6. El misterio de Gólgota—GA 97. El misterio cristiano (2000)—Archivo Rudolf Steiner / 2. El misterio de Gólgota II—Festivales de las estaciones (1928)—Archivo Rudolf Steiner
La transformación se produce gracias al poder creativo que presiona hacia arriba desde el regazo hasta el corazón. Ahora leed el pasaje sobre el discípulo de Jesús a quien más amó, y del que se dice que yace sobre el pecho de Jesús. Este es el pasaje que narra cómo la fuerza más baja de producción, el poder creativo del hombre, se mueve desde el regazo hasta el corazón, que está conectado con los pulmones y la laringe. Este pasaje cuenta que Juan es iniciado en el Misterio del Hijo por Cristo Jesús.

[8] Conferencia V — GA 100. El Evangelio de San Juan (Basilea) (1942) — Archivo Rudolf Steiner

[9] Conferencia Diez – Vol. 145. El efecto del desarrollo oculto sobre el yo y las envolturas del hombre (1945) — Archivo Rudolf Steiner

[10] GA151c2. El pensamiento humano y el pensamiento cósmico – La Cocinera de Matrix VK

[11] GA 228. El hombre como imagen del espíritu vivo — Archivo Rudolf Steiner

[12] Sobre el Templo Perdido y cómo se va a restaurar II — GA 93. La leyenda del templo (1985) — Archivo Rudolf Steiner

[13] https://rsarchive.org/Lectures/GA286/English/SOL2024/19111212p01.html

[14] GA 260 La Meditación y Comentario de la Piedra Fundamental — Archivo Rudolf Steiner

[15] Discurso final — GA 238. Consideraciones Esotéricas de las Conexiones Kármicas: Volumen IV — Archivo Rudolf Steiner

[16] 4. Hombre, el símbolo más significativo — GA 101. Signos y símbolos ocultos — Archivo Rudolf Steiner

[17] Práctica – Archivo Rudolf Steiner

[18] 5. La acción de Michael y la influencia de Michael como polo opuesto de la influencia ahrimana – GA 194. La misión del arcángel Miguel — Archivo Rudolf Steiner

[19] Clase IV – GA 223. Michaelmas y las fuerzas del alma del hombre (1974) — Archivo Rudolf Steiner

[20] Michaelmas – Blog – Archivo Rudolf Steiner

[21] Introducción al Calendario del Alma – Archivo Rudolf Steiner

[22] Conferencia III – GA 223. El ciclo del año (1984) — Archivo Rudolf Steiner

[23] Escena 1 — La libertad condicional del alma — Cuatro obras de misterio (1925) — Archivo Rudolf Steiner

Traducido por Gracia Muñoz el 20 de septiembre de 2026

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