El Bodhisattva de Urbino, (conclusión)

Del libro: «Rudolf Steiner sobre La Última Cena de Leonardo: La conexión de Jesús, el Cristo cósmico y los doce discípulos con el zodiaco».

~ Adrian Anderson

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Nos hemos familiarizado con las verdades primordiales del cristianismo esotérico, tal como las presentó Rudolf Steiner, y sobre esta base pudimos percibir los mensajes del Evangelio de San Juan acerca de —no uno, sino dos— seres divinos que impregnaron el aura de la Tierra mediante el sacrificio de Jesús de Nazaret. Así, quedó claro que hay dos deidades sublimes involucradas con la palabra «Cristo», y que las influencias zodiacales están íntimamente entrelazadas con la realidad espiritual del cristianismo. La identidad del autor de San Juan quedó confirmada como Lázaro-Juan, y llegamos a conocer algo del camino iniciático de este gran iniciado. Hemos comprendido el significado más profundo de la Última Cena (tratada en capítulos anteriores) en muchos aspectos: el papel de Lázaro-Juan (Christian Rosenkreutz) en la realidad de Cristo.

Vimos también que el alma de Jesús mismo, y las almas de sus doce discípulos, están entretejidas con fuerzas espirituales provenientes del zodiaco. Los gestos anímicos de los discípulos en la pintura de Leonardo, y algún vislumbre de sus vidas, se han aclarado, así como el papel de Judas Iscariote en el esquema cósmico de la vida (que se desarrollará en futuros artículos).

Resultó evidente que la gran pintura inspirada en Leonardo tiene unos diez significados diferentes que contemplan la interacción del Cristo cósmico con Jesús y también con sus discípulos, y con el zodiaco, y por tanto con el gran Logos zodiacal… A través de todo esto, la razón por la cual la gran pintura de Leonardo posee tal poder se ha vuelto clara. La pintura de los hermanos Salimbeni en Urbino, que presenta la unión interna de los doce discípulos con los doce Bodhisattvas, hace eco de la visión cosmopolita de la realidad de Cristo que Rudolf Steiner presentó tan valientemente a lo largo de su vida.

A partir de nuestra contemplación de la pintura de Leonardo, teniendo estas ideas en mente, pueden surgir en el alma formas de pensamiento radiantes, y desde allí, impregnar el aura del entorno propio, elevando sus energías astrales y dejando huellas en el éter. Estas improntas etéricas pueden ser percibidas por almas aún no nacidas, cuando descienden a la vida en la Tierra.

Podemos estar agradecidos por la ayuda del gran iniciado rosacruz, Christian Rosenkreutz, quien ha hecho posible tales pinturas. A medida que el interés por la religión organizada se desvanece, especialmente en el mundo occidental, la conciencia general de la existencia de los Evangelios y sus elevadas enseñanzas morales podría también desvanecerse. Pero si el interés por la espiritualidad puede profundizar y madurar, entonces es posible que las verdades del cristianismo esotérico, tales como las que presenta la pintura de Leonardo, libres de toda asociación eclesiástica y esclarecidas por la Antroposofía, permitan que el conocimiento del significado más profundo de los acontecimientos del Gólgota permanezca conocido por las personas en la Tierra.

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Traducido por Gracia Muñoz en mayo de 2026

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