GA91c3. Las Conexiones Internas de los Siete Principios Básicos

Del ciclo: El hombre, la naturaleza y el cosmos

Rudolf Steiner — Berlín, 20 de junio de 1905

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En el cuerpo físico, el etérico y el astral habita el Yo propiamente dicho, y junto con sus envolturas forma los cuatro miembros, el cuadrilátero pitagórico.

El cuerpo físico es el más antiguo, el cuerpo etérico el segundo, el cuerpo astral el más joven. El yo se forma en el presente. Al comienzo de nuestra época terrestre, el cuerpo físico no era un caos, sino que estaba bella y armónicamente construido en sí mismo; el ser humano no podía hacer nada en él; desde fuera hacia dentro fue construido por los formadores, las entidades creadoras.

Lo mismo ocurrió con el cuerpo etérico y también con el cuerpo astral. Solo en la cuarta etapa aparece el yo y obra de manera independiente. Este no tiene influencia sobre el cuerpo etérico ni sobre el físico, pero sí sobre el cuerpo astral. ¿Cómo? Hubo un tiempo en que el hombre no tenía influencia sobre el cuerpo astral; solo había impulsos, deseos, pasiones. En la etapa posterior de su desarrollo, los tomó en sus manos y los reguló. Tan pronto como las potencias creadoras no sostienen el cuerpo físico, este desaparece en lo físico general, igualmente el cuerpo etérico [en el éter mundial general]. Los dioses creadores retoman estos cuerpos. Es diferente con el cuerpo astral. Aquello que el hombre trabaja en él permanece y vuelve de nuevo. Ese es su karma.

El karma o lo astral trabajado proviene del propio hombre. Lo que el yo trabaja en el cuerpo astral es Manas. Tanto manas hay en el hombre como aquello que él trabaja en su cuerpo astral. El cuerpo astral es lo que el hombre aún no ha elaborado; Manas es lo que ha elaborado. Un esbozo, una organización que él trabaja en él, que después se van convirtiendo en los chakras.

Cuando el hombre ha trabajado todo el cuerpo astral, está completamente lleno de Manas. Entonces puede comenzar a trabajar también en su cuerpo etérico. Asimismo, desde dentro trabaja en lo que se llama Budhi. Todo lo que tiene en el cuerpo astral, lo trabaja con ello en el cuerpo etérico, esta es su impronta. Lo que el hombre trabaja en el cuerpo etérico permanece. Permanece con él al igual que su karma. Cuando muere, su cuerpo etérico no se disuelve en el éter mundial general, sino que cuanto más ha trabajado en él, tanto más permanece. Cuando vuelve a encarnarse, regresa al mismo cuerpo etérico. Semejante hombre es un chela.

El hombre ordinario va al Devacán y ­­­­­cuando le llega su momento, desciende a través del astral, donde encuentra sus logros kármicos, hasta lo físico. Pero el chela, que ha hecho viviente su cuerpo etérico, no necesita ir al Devacán, sino solo al reino siguiente, el astral, y regresa a la Tierra en su mismo cuerpo etérico.

En los Misterios, el desarrollo del chela se acelera algo. En los antiguos Misterios, el cuerpo físico era llevado a una especie de estado de reposo que duraba tres días. Para que todo lo que el cuerpo astral trabajaba en él no fuera perturbado por el cuerpo físico, se sumía al discípulo en un estado letárgico durante tres días. Hoy, por el contrario, se hace el cuerpo astral tan fuerte que supera lo que pugna por ascender desde el cuerpo físico. Pero esto solo es posible desde la aparición de Cristo, por el hecho de que él apareció en la Tierra y derramó mucha potencia magnética. Este es el hecho místico. Pablo recibió la primera iniciación de este modo, en el camino a Damasco, mediante la acción directa de lo astral.

El hombre también puede obtener poder y dominio sobre su cuerpo físico; podrá dirigir cada glóbulo de sangre; entonces trabaja Atma en el cuerpo físico. En la misma forma, en el mismo cuerpo físico – no en la sustancia – renace entonces el maestro. Muere y renace de la misma manera en la fisionomía. Ocurre un punto, eso es lo significativo, en que el hombre conserva su cuerpo físico. Es solo en el séptimo planeta que el hombre recibe la forma que permanece con él para tiempos futuros. El magisterio es, por tanto, una tremenda responsabilidad y un peligro.

Traducido por Gracia Muñoz en abril de 2026

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