…El ser Cristo había descendido a la Tierra para tener esta experiencia, la experiencia de la muerte terrestre ahrimanizada y su superación. Por causa de esta experiencia, que debía ser compartida, Cristo había venido y se había hecho humano. Esto se convirtió ahora en una enseñanza, en una «escuela esotérica», que los discípulos interiorizaron — «Así piensa en nosotros el sufrimiento y la muerte de Cristo / su resurrección…» (GA 343).
Pues era tarea de los discípulos «enseñar y sanar» en el futuro — es decir, difundir una nueva imagen cósmica y humana a la luz del evento del Gólgota y trabajar terapéuticamente. Para ello, necesitaban una escuela espiritual. Esta escuela no debía tratar solo de su «Yo» personal, su salvación personal, sino también de su capacidad o de la capacidad para cumplir esta tarea —»para que el bien pueda existir» (GA 343).
No se trataba solo de una forma de desarrollo personal, individual, sino de la «continuación del ser del hombre» — así, el renovado credo del cristianismo originario» (GA 343).
Creo que para muchos de nosotros está claro que la Escuela Esotérica del Goetheanum, nuestra Escuela de Micael, tampoco trata de otra cosa. En esta escuela y a través de su formación, las personas deben ser preparadas y habilitadas para cumplir tareas en el mundo, «enseñando y sanando», en el enfrentamiento triunfante con el «príncipe de este mundo», con las fuerzas de la decadencia y la destrucción.
Recientemente, he intentado señalar repetidamente, tanto en conferencias como por escrito, que Rudolf Steiner reconoció no solo una «pertenencia personal» — e incluyó en ella no solo a los médicos sino también a todos los maestros de la Escuela Waldorf y a todos los sacerdotes de la Comunidad de Cristianos; y ciertamente en el futuro habría hecho lo mismo con otros grupos profesionales y comunidades prácticas, si se hubieran formado con agricultores, artistas, científicos naturales, economistas, etc.
Todas estas personas necesitan una armadura interior para poder trabajar y existir en el mundo con su trabajo espiritual-social, para poder «actuar» en este mundo ahrimanizado. Los Micaelitass necesitan «reflexionar sobre las necesidades de la Tierra» y eso debe ser comprendido en toda su gravedad… y necesitarán una «voluntad terrestre resultante del espíritu» para poder trabajar por las fuerzas de la resurrección en los distintos campos de la civilización, en el sentido del Goetheanum, en la Escuela de Ciencia Espiritual, en la Era de Micael.
Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2026

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