Las Estrellas de febrero de 2025

Jonathan Hilton – febrero de 2025

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Neptuno y el Nodo Lunar

Este mes nos centraremos en el importante papel que desempeñan los Nodos Lunares en la actividad cósmica. Es especialmente significativo que Neptuno se encuentre ahora con el Nodo Lunar Ascendente y Saturno (del que hablaremos el mes que viene) entrará en este Nodo Lunar a finales de marzo (exactamente a mediados de abril este año). Neptuno y los Nodos Lunares se mueven lentamente, por lo que la estancia de Neptuno en el Nodo Lunar Ascendente se extenderá a lo largo de unos diez meses. Sin embargo, Neptuno estará exactamente en conjunción con el Nodo Lunar Ascendente a mediados de febrero. El 3 de febrero, Venus también entró en este Nodo Lunar en conjunción con Neptuno. Neptuno avanza muy lentamente a lo largo de la eclíptica, tardando unos 165 años en completar una órbita, por lo que solo ha completado una órbita desde su descubrimiento en 1846. Los Nodos Lunares se mueven hacia atrás a lo largo de la eclíptica, completando una revolución completa en 18,6 años. Por lo tanto, estos encuentros con Neptuno ocurren aproximadamente cada 17 años. El Nodo Descendente esta opuesto, por lo que Neptuno tiene otro ciclo de ingreso al Nodo Descendente, también aproximadamente cada 17 años. Esto significa que Neptuno ingresa en uno u otro Nodo Lunar aproximadamente cada 8 años o más.

Antes de intentar entender este evento astrosóficamente, revisemos la naturaleza de los Nodos Lunares. A continuación, se muestra un diagrama de la trayectoria de la Luna al cortar el plano eclíptico (zodíaco) donde se pueden ver dos puntos de intersección. El Nodo Ascendente o Norte es el punto donde la Luna asciende por encima del plano eclíptico y el Nodo Descendente o Sur es donde la Luna desciende por debajo de la eclíptica en su órbita. Cada nodo tiene una cualidad diferente, con el Nodo Ascendente está más conectado a las constelaciones por encima de la eclíptica y el Nodo Descendente a las constelaciones por debajo de la eclíptica. También se podría considerar que el Nodo Ascendente es como una especie de punto de equinoccio de primavera para la Luna, donde la Luna se eleva por encima del plano eclíptico cada mes, como lo hace el Sol cada año, y el Nodo Descendente como una especie de umbral otoñal lunar. Así, en este sentido se puede considerar al Nodo Ascendente más relacionado con el devenir, ascender, expandirse, florecer y al Nodo Descendente más afín al descender, replegarse hacia el interior, morir, entrar en el aspecto más oscuro de su esfera. De esta manera, se puede ver quizás la interpretación astrológica tradicional de los Nodos Lunares: El Nodo Norte más conectado con nuestro propósito y dirección hacia el crecimiento y la realización de potenciales en la vida y el Nodo Sur más conectado con lo que habita en la parte más oscura, inconsciente de nuestras vidas, en lo que quizás traemos sin resolver de nuestro pasado kármico necesitado de equilibrio y transformación, incluso como obstáculos y desafíos.

¿De qué otra manera podríamos entender los Nodos Lunares? En astrosofía, hay todo un mapa conectado con la encarnación humana que puede ser elaborado en relación con los Nodos Lunares, que se llama la Natividad Espiritual, aunque no podemos profundizar en ello aquí. Sin embargo, la premisa básica de este mapa es que los Nodos Lunares actúan como una especie de portal o puerta a la Esfera Solar a través de la cual pueden fluir impulsos superiores de este reino, incluso de nuestro yo superior. ¿Cómo? Podemos considerar el recorrido de la Luna como un indicador para nosotros espacialmente de toda la «esfera» de la Luna, como una especie de ecuador cósmico de la esfera de la Luna que envuelve nuestra Tierra, e inclinado en un ángulo tal que el plano de este «ecuador/órbita de la esfera» intersecta el otro plano del Sol/Tierra, el plano eclíptico. El camino del Sol indica asimismo una especie de ecuador cósmico de la esfera solar, pero no se limita a la aparente órbita del cuerpo solar (que en realidad es el camino de nuestra Tierra desde el sistema copernicano centrado en el Sol). Nos lleva incluso al zodíaco, a la verdadera esfera solar mayor que es nuestro propio cosmos solar, limitado por el zodíaco a lo largo de este camino eclíptico del Sol mayor, la esfera solar periférica. El camino eclíptico es el camino cósmico central Tierra/Sol con el que se alinean todos los caminos planetarios en ángulos variables, cada uno con sus intersecciones nodales también con la eclíptica. El Sol mayor soporta y ordena este cosmos planetario. Esta es la base de la astrosofía heliocéntrica. Pero podemos decir en relación con los Nodos Lunares que estos puntos son intersecciones, puntos de entrada, portales entre mundos, entre la Esfera de la Luna y la esfera Tierra/Sol. Son una puerta para la irradiación directa, por así decirlo, de la esfera superior del Sol hacia la Tierra y para eventos fuertemente conectados con nuestra relación Tierra/Sol. Esto se puede ver en el hecho de que los eclipses (parciales y totales) con su especial actividad espiritual, ocurren cuando la luna llena o la luna nueva tienen lugar en estos nodos. También sabemos que, en el desarrollo humano, ocurren momentos biográficos significativos cuando los nodos lunares regresan al lugar donde estaban en el momento de nuestro nacimiento. Representan una especie de entrada del elemento superior del Sol en nuestra biografía en términos de realización personal. Con estos nodos lunares como puertas abiertas entre la esfera superior del Sol y la Tierra, sin el «filtrado» de la esfera lunar, podemos imaginar que ofrecen momentos claros de interseccionalidad también cuando otros planetas ingresan en estos portales alineándose longitudinalmente con ellos. Esto es lo que ocurre en febrero con Venus primero y luego durante un largo período de tiempo con Neptuno en el Nodo Lunar Ascendente, el nodo del potencial, el crecimiento y el devenir.

Ahora bien, si nos centramos en la actividad de Neptuno, que tiene un portal especial de entrada a la esfera terrestre a medida que pasa por este Nodo, podemos empezar a tratar de hablar de esta situación cósmica desde la ciencia espiritual y desde una nueva comprensión de la tarea del ser humano en relación con las inteligencias cósmicas de las esferas planetarias. En mi libro, analizo los tres planetas exteriores con más detalle, pero en este artículo exploraremos cómo podría Neptuno presentarle a la humanidad una oportunidad y un desafío. Cada esfera planetaria tiene sus elementos superiores e inferiores, pero con estos planetas exteriores en particular nos encontramos con esferas que pertenecen a la potencialidad futura de la humanidad, cada una con su propia actividad. En Neptuno, podemos decir que su área principal de daño, así como de potencial, se encuentra en el reino etérico. Es en su elemento superior donde se encuentra la potencialidad de la humanidad para elevar su conciencia al reino de la vida, incluso al desarrollo de Budhi o Espíritu de Vida, la esfera superior del conocimiento a partir de un sentimiento transformado o un nuevo pensamiento del corazón. Se podría decir incluso que apunta hacia una nueva realización del Cristo en el reino etérico. En este sentido, tal vez podamos imaginar que Neptuno ahora llama a la humanidad a una nueva dimensión de crecimiento espiritual y transformación a través de cambios profundos y transformaciones evolutivas. Puede ser un tiempo intenso para levantar el velo sobre lo que no se ha visto y enfrentar los espectros del pasado, así como la inspiración para el futuro con el fin de sanar y avanzar hacia una nueva conciencia.

Pero también se puede decir que, puesto que Neptuno es una nueva esfera en nuestra conciencia, en la que somos libres de elevarnos, también tiene su naturaleza sombría. Ésta sería entonces la de las fuerzas de la anti-vida y de la muerte en el reino de los sentimientos (sentimiento en el elemento más profundo, no emocionalidad astral). Su lado caído está al servicio de todo lo que es ahrimánico, que se manifiesta en el materialismo, la fría muerte del sentimiento y un intelectualismo mecanicista que ve solo la materia física como realidad. De hecho, el descubrimiento de Neptuno en 1846 está asociado con el surgimiento de la visión puramente materialista del ser humano. Fue durante esta época que el materialismo dialéctico se expresó en el Manifiesto Comunista de Marx, en la publicación de El origen de las especies de Darwin, a partir de la cual Huxley pronto presentó su teoría de que los humanos habían evolucionado a partir de los simios. Los humanos son solo animales. Así que tal vez podamos ver en esta configuración, y en el próximo encuentro de Saturno con Neptuno, un tiempo de grandes desafíos y oportunidades para la humanidad. Una verdadera batalla de Ahriman por la eliminación de la espiritualidad en la humanidad, pero al mismo tiempo, una verdadera oportunidad de elevarnos a una nueva perspectiva sobre nuestra humanidad y su misión espiritual. Todo esto se llevará a cabo simultáneamente y creo firmemente que el mundo espiritual y la presencia de Cristo o Parusía están irrumpiendo en la conciencia humana de nuevas maneras como una ayuda para nuestro progreso.

Este encuentro, así como la aproximación de Saturno, se están produciendo al final de las estrellas de Piscis, las estrellas de nuestra Era, que también pueden llevarnos a una comprensión más profunda no sólo de las tareas culminantes de nuestra Era del desarrollo del alma de la conciencia, sino también a pre-inspirar los valores de la sexta Era venidera. Así que, incluso podemos ver en esta configuración una especie de llamada temprana a prepararnos para la Nueva Era de Acuario que se aproxima, ya que cada Era tiene un tiempo de transición. Lo que está irrumpiendo en la humanidad ahora lo veo como un tiempo para sentar las bases para lo que está por venir como un nuevo despliegue espiritual de nuestra humanidad. La Era astronómica de Acuario hará su transición aproximadamente en el 2300-2400 d.C. En la imagen de abajo se puede ver la ubicación de Neptuno y Saturno en esta área “entre”, al final de Piscis y el flujo de las aguas de Acuario. Las líneas amarillas son los límites entre las constelaciones. Las líneas rojizas y azules muestran la intersección del ecuador celeste y la eclíptica, que es el punto vernal, que se desplaza hacia atrás para definir las eras culturales a medida que pasa de una constelación a otra. De hecho, la conjunción de Saturno y Neptuno en febrero de 2026 tendrá lugar exactamente en el punto vernal, que es un potente punto de nexo en el cosmos.

Esta configuración también debe verse en el contexto de la proximidad de Saturno y su encuentro con Neptuno y el Nodo Lunar, que se acerca y comenzará en orbe ya este marzo, cuando el Sol también se encontrará con Saturno. Durante la Semana Santa de este abril, Saturno estará entonces exacto en el Nodo Lunar Ascendente, a solo 4 grados de Neptuno. Un momento kármico de ajuste de cuentas. Se acercará lentamente a Neptuno y debido a los movimientos retrógrados, entrará en conjunción exacta primero en agosto de 2025, mientras ambos están retrógrados y después nuevamente en conjunción exacta con Neptuno en febrero de 2026. Estas conjunciones de Saturno y Neptuno tienen lugar aproximadamente cada 36 años, pero ahora también la tenemos junto con la conexión con el Nodo Lunar. Entonces, podemos ver aquí un largo período de esta relación de Neptuno y Saturno, así como el Nodo Lunar, que exploraremos en el futuro.

Creo que no es necesario señalar lo que muchas personas experimentan como un verdadero mar de convulsión y cambio radical en el orden mundial. El desafío es ser plenamente conscientes de los esfuerzos de la oposición a la actividad ahrimánica de mayor materialización, de odio y mentiras, de la mecanización del ser humano. Sin embargo, el colapso es también la actividad de los seres evolutivos para abrir el camino a una nueva conciencia y nuevas formas sociales para el futuro que sirvan a la dignidad espiritual de nuestro devenir humano. De la catarsis y el caos aparente surgirá lo nuevo. En el contexto de Neptuno y su relación con el reino etérico y el Espíritu de Vida, o Budhi, me refiero a la conferencia sobre Fe, Amor y Esperanza, dada por Steiner el 2 de diciembre de 1911, en la que describe el cuerpo etérico como el cuerpo de amor. También se adentra en la tarea de la Sexta Era y la naturaleza de la Segunda Venida en esta conferencia. Todo esto se está prefigurando ahora en estas configuraciones. Allí dice: Las fuerzas que surgen primero del cuerpo etérico desde las profundidades de nuestro ser son aquellas fuerzas que permiten a los seres humanos amar, amar en cada etapa de su existencia… El encogimiento de las fuerzas del amor también puede llamarse encogimiento de las fuerzas etéreas, porque el cuerpo etérico es al mismo tiempo el cuerpo del amor. Consideremos no sólo el cuerpo etérico humano en este contexto, sino el cuerpo etérico mundial, en el que ahora está presente el Cristo como fuerza de amor y resurrección. Las estrellas de Piscis también pueden considerarse como la constelación del amor, como nuestra vida relacional con los demás y con la Tierra. Virgo, opuesta, es la constelación de la Sabiduría. Estas dos constelaciones son el plano horizontal de la gran cruz mundial, así como Géminis y Sagitario son el rayo vertical. Esto se ha discutido bastante extensamente en relación con la Gran Conjunción de 2020 y la actividad de Plutón en este eje. Ahora entramos en esta actividad en Piscis en relación con Neptuno y Saturno. Ahora es el momento de que el amor, como fuerza vital en el mundo, ocupe su lugar a través de Cristo en nosotros.

Astrosophy.com

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Nuria del Rio.

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