Mis queridos amigos,
Rudolf Steiner nos dice que la comprensión antroposófica del espíritu no debería ser teórica, sino que debería convertirse en «una levadura, un poder real en la vida». Con esto quiere decir que debemos usar nuestra comprensión antroposófica como una lente a través de la cual ver e investigar el mundo, de modo que no solo se «vea» la visión material de los eventos y de los seres humanos, sino que esta debe ser complementada por el verdadero espíritu vivo que esta tejiendo detrás de los eventos y de los seres humanos, y hace permitir que eso se convierta en una facultad de percepción, si la Antroposofía ha de cumplir su misión.
Pues al vincular nuestras almas con esta concepción antroposófica del espíritu, nos hemos convertido, por así decirlo, en custodios de procesos muy definidos y significativos en la evolución de la humanidad.
Cualquiera que sea su visión del mundo, los hombres generalmente están convencidos de que los pensamientos y las ideas no tienen cabida en él, excepto como contenidos de sus propias almas. Quienes sostienen tales puntos de vista creen que los pensamientos y las imágenes mentales son “ideales” que se plasmarán en el mundo solo en la medida en que el hombre logre ratificarlos mediante sus actos físicos.
La actitud antroposófica sostiene la convicción de que nuestros pensamientos e ideas deben encontrar otras formas de surtir efecto además del camino a través de nuestras acciones en el mundo físico. El reconocimiento de este principio esencial implica que el antroposofo debe desempeñar su papel estando atento a los signos de los tiempos. Constantemente ocurren muchísimas cosas en la evolución del mundo; y es deber de los hombres, particularmente de los hombres de nuestro tiempo, adquirir una comprensión real de lo que está sucediendo en el proceso evolutivo en el que ellos mismos están insertos.»
Rudolf Steiner, (véase la conferencia abajo).
Quizás nunca ha habido un momento, mis queridos amigos, en la evolución del mundo, en que esto haya sido más aplicable que ahora.
Esto es decir mucho, lo sé, pero cualquier visión imparcial y objetiva del mundo actual, sin importar raza, política o incluso religión, puede ver que el mundo está al borde de un precipicio. Aquellos de nosotros que tenemos conocimiento antroposófico podemos, si hemos asimilado la Antroposofía de manera viva, percibir cómo muchas cosas contra las que Rudolf Steiner advirtió con respecto al próximo tercer milenio están ocurriendo ahora.
La cita anterior proviene de una conferencia sumamente importante: La labor de los ángeles en el cuerpo astral del hombre.
En esta conferencia, que «escuché» anoche, antes de despertar hoy ante la amenaza de una posible guerra nuclear, una amenaza de muerte y destrucción, Rudolf Steiner nos dice que a los ángeles se les ha encomendado lograr una tarea particular en nuestros cuerpos astrales. Su tarea es crear imágenes del futuro y, en la medida en que puedan hacer esto en nuestros cuerpos astrales, ellos mismos evolucionarán.
Para lograr esta tarea, los ángeles requieren que estemos despiertos en nuestro cuerpo astral. ¿Por qué? Porque el cuerpo astral está estrechamente vinculado a nuestro yo y, por lo tanto, a nuestra conciencia del yo. En nuestro tiempo, la era del Alma Consciente, esta es la tarea importante y significa que debemos volvernos «conscientes» en todo nuestro cuerpo astral, en nuestro pensar, sentir y querer, si queremos poder trabajar con los ángeles.
El pensar, sin embargo, es el puente y es a través del pensar que podemos desarrollar mejor la capacidad de ver y participar en lo que los ángeles se esfuerzan por crear objetivamente en nosotros.
Para considerar esto con más detalle:
Debemos convertir nuestro pensar en un órgano de visión, un órgano etérico de visión, si queremos ver lo que constantemente se imprime en nuestros cuerpos astrales en imágenes. A menudo he hablado de la imagen residual, que solo recientemente en la evolución humana hemos comenzado a verla de nuevo, y esta imagen etérica en nosotros, creada por lo que vemos, es como el hilo de Ariadna. Podemos usarla para guiarnos con seguridad hacia nuestras almas, para guiarnos hasta el umbral del mundo espiritual, donde podemos observar las imágenes que se están creando en nuestro cuerpo astrales para que podamos imprimirlas en nuestro cuerpo etérico. Es decir, para que de ello podamos experimentar la conciencia del yo.
Siempre estamos creando imágenes astrales; es decir, nuestro cuerpo astral siempre está saliendo de nosotros, tocando el mundo físico y regresando con imágenes que se imprimen en nuestro cuerpo etérico. Este es el origen de todo pensar y conceptualizar. La imagen residual es la evidencia de lo que «piensa» en nosotros. Tomar conciencia del breve momento en que el espíritu se ilumina en nosotros es dar un paso hacia el umbral.
El cuerpo etérico es el umbral.
Al tomar conciencia de este umbral, nos volvemos conscientes de lo que piensa en nosotros, de lo que se siente a sí mismo en nosotros y de lo que entra en nuestra voluntad para resurgir como lo que creemos que son nuestros propios pensamientos e ideales.
Tomar conciencia de este «desvanecerse» del espíritu en nosotros como un acto meditativo es cómo Rudolf Steiner nos dice que podemos resucitar las fuerzas de la muerte hacia una conciencia de vida. Porque entonces comenzamos a ver que somos seres espirituales, que hay más en nuestras almas de lo que vemos desde fuera. Dentro de nosotros siempre ocurre un proceso espiritual y eso es lo que nos hace humanos.
«¿Qué están haciendo los Ángeles en nuestro cuerpo astral? La convicción de lo que están haciendo solo nos puede llegar cuando hayamos alcanzado cierto grado de clarividencia y seamos capaces de percibir lo que realmente está sucediendo en nuestro cuerpo astral. Por lo tanto, se debe haber alcanzado al menos cierto grado de Conocimiento Imaginativo para poder responder a esta pregunta.» Ibíd.
Una vez que podamos llegar a comprender esto de manera viva y desarrollar la convicción de que debemos esforzarnos por esta visión espiritual, podemos girar «hacia adentro» literalmente, para entrar en nuestra alma y allí descubriremos que se están formando imágenes que no nos pertenecen, imágenes que no pertenecen al mundo, sino que se están creando en nosotros para la fundación de un nuevo futuro social en el que participamos al tomar conciencia de él.
Los ángeles requieren que participemos en este proceso porque es también la forma en que progresamos. Rudolf Steiner advirtió que no participar conscientemente en la experiencia de estas imágenes tendría consecuencias catastróficas, pero ¿qué significa esto en la práctica?
Si no somos conscientes de estas imágenes, se iluminan en nuestra alma, en nuestra vida emocional, donde soñamos y solemos estar aturdidos, y se desvanecen en nosotros, como cualquier imagen residual que vemos, porque estas imágenes entran en nuestro metabolismo etérico donde son «asesinadas».
Hoy en día, los seres humanos andamos como sonámbulos o almas hipnotizadas. Las almas se han hipnotizado por una avalancha de imágenes, una avalancha de información de naturaleza material, que también crea imágenes en nuestro cuerpos astrales que se desvanecen en nosotros. La avalancha masiva de imágenes e información crea una confusión que primero debe ser vista, reconocida y así disuelta, no porque nos hayamos vuelto inconscientes de ellas, pues esto conduce a todo el nerviosismo que vemos en el mundo actual, sino porque hemos desarrollado nuestra consciencia lo suficiente como para disolverlas y despejar el camino por el cual se pueden ver las imágenes de los ángeles.
En cierto sentido, se podría decir que este trabajo es, desde otra perspectiva, nuestro trabajo con el guardián del umbral. Una experiencia que puedo confirmar personalmente y que compartiré próximamente..
La consecuencia de no realizar este trabajo es que nuestros ángeles personales se ven obligados a seguir sus imágenes hasta nuestro metabolismo, donde estamos más dormidos. En otras palabras, en lugar de simplemente crear las imágenes en nuestro cuerpo astral para que nosotros mismos podamos imprimirlas en nuestros cuerpos etéricos, deben entrar en nuestros cuerpos etéricos y realizar este trabajo por nosotros.
Se revela entonces que estos Seres de la Jerarquía de los Ángeles —particularmente a través de su trabajo concertado, aunque en cierto sentido cada Ángel también tiene su tarea en relación con cada ser humano— forman imágenes en el cuerpo astral del hombre. Bajo la guía de los Espíritus de la Forma (Exusiai), los Ángeles forman imágenes. A menos que alcancemos el nivel de la Cognición Imaginativa, no sabemos que constantemente se forman imágenes en nuestro cuerpo astral. Surgen y desaparecen, pero sin ellas la humanidad no podría evolucionar hacia el futuro de acuerdo con las intenciones de los Espíritus de la Forma. Los Espíritus de la Forma están obligados, en primer lugar, a desplegar en imágenes lo que desean lograr con nosotros durante la evolución de la Tierra y más allá. Y luego, posteriormente, las imágenes se convierten en realidad en una humanidad transformada.
Si no participamos en absoluto en este proceso, lo que los ángeles crean con la ayuda de los espíritus de la forma, sin nuestra participación consciente, se convierte en lo opuesto a lo que los ángeles y los espíritus de la forma pretenden. Se produce una inversión en nuestro metabolismo, porque estas imágenes de un futuro social «ideal» no se integran en la vida pensante, sino en la vida instintiva, y esto es lo que ha conducido a los eventos catastróficos que hemos presenciado desde el comienzo del tercer milenio.
Hoy en día, las almas humanas no piensan con la cabeza, sino que es el metabolismo el que piensa en ellas.
¿Qué reside en el metabolismo, queridos amigos? Como ya hemos señalado, es todo lo que entra en nosotros a través del mundo material de las imágenes, y dentro de nosotros, este espíritu de la materia, este espíritu ahrimánico, es el que rige el mundo hoy. Desde el reino de la destrucción, donde destruimos la materia para poder pensar, nuestro metabolismo, la obra de los ángeles, asciende contaminado con una mancha ahrimánica a la mente humana.
Antes de analizar las consecuencias, exploremos primero lo que los ángeles se esfuerzan por crear en nosotros:
1: «Un impulso de Fraternidad en el sentido absoluto, la unificación de la raza humana en la Fraternidad bien entendida: este debe ser el principio rector de las condiciones sociales en la existencia física».
Podríamos considerar que esto significa que, independientemente de la política, el género, la religión, la raza o la nación, los seres humanos no pueden ser felices ni vivir una vida plena mientras otros sufren. Este principio trasciende toda intelectualización y preocupación física, y ninguna ideología o explicación política influye en este impulso que es «absoluto» y reside en nuestras almas como la esencia de lo que significa ser «humano». Debería generar en nosotros el impulso de ayudar a quienes sufren, sin importar su karma.
Por eso, hablar «puramente de política» en nuestros tiempos no es tarea de quienes se han comprometido con el espíritu de la Antroposofía. Debemos, en cambio, esforzarnos (aunque a veces fracasemos) por ver la perspectiva espiritual que se suma a los acontecimientos políticos de nuestro tiempo. La política siempre nos incita a tomar partido. Los ángeles quieren que no tomemos partido, sino que asumamos la tarea crística de equilibrar las cosas.
2: Mediante las imágenes que inculcan en el cuerpo astral, su objetivo es que en el futuro cada ser humano vea en cada uno de sus semejantes una divinidad oculta.
Las imágenes que los ángeles crean en nuestro cuerpo astral se relacionan, en este sentido, con el Espíritu de Cristo que vive en cada alma humana. Esta es la divinidad oculta. Esto es lo que debemos «ver» como una directiva de nuestros ángeles para tomar conciencia de la naturaleza etérica de todos los seres humanos. ¿Por qué la naturaleza etérica? Porque ahí es donde Cristo vive en cada ser humano.
Experimentar la naturaleza astral del otro puede llenarnos de sus simpatías y antipatías; por eso, al desarrollar la visión etérica, siempre es mejor comenzar observando la naturaleza etérica de las plantas.
Mis queridos amigos, así como ven en ustedes una imagen residual de la naturaleza etérica de todas las cosas físicas, los ángeles nos dicen que pueden comenzar tomando la forma física de la persona que tienen delante y, mirando hacia adentro, percibir su contraparte etérica. Esta imagen etérica no solo deja libre al otro —porque no estamos entrando en el cuerpo astral—, sino que también nos muestra lo que es superior al cuerpo astral: el Cristo que vive en el cuerpo etérico del otro. Esto no es difícil de hacer en nuestros tiempos, mis queridos amigos, y es esta conciencia la única manera de alcanzar el Ego de Cristo mismo hoy en día: a través del otro. De esta manera, la religión ya no tendrá un significado, pues cada encuentro será una comunión con Cristo, sin importar si uno está kármicamente llamado a ser budista, católico, judío o islámico; Cristo estará presente entre aquellos que son conscientes de Él.
«Está claro, pues, que, según la intención que subyace a la obra de los ángeles, las cosas serán muy diferentes en el futuro. Ni en teoría ni en la práctica debemos fijarnos únicamente en las cualidades físicas del hombre, considerándolo como un animal más evolucionado, sino que debemos confrontar a cada ser humano con la plena comprensión de que en él algo se revela desde los fundamentos divinos del mundo, revelándose a través de la carne y la sangre. Concebir al hombre como una imagen revelada desde el mundo espiritual, concebirlo con toda la seriedad, toda la fuerza y toda la perspicacia a nuestro alcance: este es el impulso que los ángeles infundieron en las imágenes.
Una vez que esto se cumpla, habrá una consecuencia muy definida. La base de todo sentimiento religioso libre que se desplegará en la humanidad en el futuro será el reconocimiento, no solo en teoría sino en la práctica real, de que todo ser humano está hecho a semejanza de la Divinidad. Cuando llegue ese momento, no habrá necesidad de coerción religiosa alguna; pues entonces cada encuentro entre un hombre y otro será en sí mismo de la naturaleza de un rito religioso, un sacramento, y nadie necesitará una Iglesia especial con instituciones en el plano físico para sostener la vida religiosa. Si la Iglesia se comprende verdaderamente a sí misma, su único objetivo debe ser volverse innecesaria en el plano físico, a medida que toda la vida se convierte en la expresión de lo suprasensible.»
3: Y existe un tercer objetivo: hacer posible que los hombres alcancen el Espíritu mediante el pensamiento, que crucen el abismo y, a través del pensamiento, experimenten la realidad del Espíritu.
Hacer todo lo anterior en el umbral, queridos amigos, es precisamente como usamos el pensamiento o la visión etérica para cruzar el abismo.
La verdad es que siempre estamos cruzando el umbral hacia el abismo, hacia el metabolismo, porque somos inconscientes. Tomar conciencia es elevarnos sobre las alas de nuestro pensamiento transformado a través del abismo y hacia el otro mundo espiritual que yace al otro lado.
«Solo a través del Alma Espiritual, solo a través de su pensamiento consciente, los hombres deben llegar al punto de percibir realmente lo que los Ángeles están haciendo para preparar el futuro de la humanidad. Las enseñanzas de la Ciencia Espiritual en este ámbito deben convertirse en sabiduría práctica en la vida de la humanidad; práctica, porque los hombres pueden convencerse de que pertenece a su propia sabiduría reconocer los propósitos de los Ángeles, tal como los he descrito». Ibíd.
Pero tantos han caído en este abismo, queridos amigos, que ahora, al comienzo del tercer milenio, vemos los resultados evidenciados por la inversión de estos tres ideales que los ángeles, forzados a entrar en el cuerpo etérico humano, están creando en el cuerpo físico.
«Por lo tanto, lo que los ángeles no pudieron lograr, porque en su vida de vigilia los hombres lo pasaban por alto, se lograría con la ayuda de los cuerpos físico y etérico de los hombres durante el sueño. Es allí donde los ángeles buscarían las fuerzas necesarias para el cumplimiento de lo que no se pudo lograr a través de los hombres en su plena consciencia, cuando las almas se encontraban dentro de los cuerpos etérico y físico en estado de vigilia. Se lograría por medio de los cuerpos etérico y físico en estado de sueño, cuando los seres humanos, que deberían estar despiertos a lo que sucede, se encontraban fuera de estos cuerpos con su yo y cuerpo astral».
Ibíd.
Esto provoca que los ángeles «caigan» con nosotros. Porque, ¿qué sucede cuando dormimos? El cuerpo etérico, el más cercano al cuerpo físico, permanece en la cama. Las imágenes que nuestros ángeles imprimen quedan entonces impresas en el propio cuerpo físico. ¿Qué significa esto para los ángeles? Significa que se ven obligados a entrar en un reino al que tienen prohibido el acceso: el reino del cuerpo físico. Esto no solo contamina su naturaleza etérica, que se ve manchada por fuerzas ahrimánicas, sino que constituye una caída espiritual. Y este cambio en los ángeles tendrá consecuencias:
Primera inversión: El sentimiento de fraternidad se transforma en su opuesto, en la vida sexual. Esta es la causa del nacionalismo, relacionado con el sexo en el sentido del lugar de nacimiento; es la causa de todo aquello que se rebela contra la vida social, en el sentido de que engendra guerra y destrucción; y es la causa de la depravación sexual desenfrenada.
El efecto en la evolución de la humanidad sería que ciertos instintos relacionados con la vida sexual surgirían de forma perniciosa en lugar de sanar, en plena consciencia. Estos instintos no serían meras aberraciones, sino que se integrarían en la vida social y la configurarían, impidiendo sobre todo que los hombres —a través de lo que entonces se incorporaría a su sangre como efecto de la vida sexual— desarrollaran la fraternidad en cualquier forma en la Tierra, e induciéndolos más bien a rebelarse contra ella. Esto sería una cuestión de instinto.
Ibíd.
Esto despoja al ser humano de toda capacidad de sentir empatía por el alma de los demás, un egoísmo e individualismo propios del rey más cruel y demoníaco que conducirá a la guerra de todos contra todos.
Segunda inversión: El segundo aspecto es que, a partir de esta obra que implica cambios que afectan a los propios ángeles, se deriva otro resultado para la humanidad: el conocimiento instintivo de ciertos medicamentos, ¡pero un conocimiento de naturaleza funesta!
Esto nos lleva al misterio de la metamorfosis: en lugar de ver el espíritu de Cristo en nuestros propios cuerpos etéricos, quienes duermen durante la obra de los ángeles comprenderán el cuerpo astral y cómo manipular el alma humana. En vez de buscar el cuerpo etérico, comprenderán cómo usar la metamorfosis para descubrir cómo se crean las enfermedades a través del doble astral humano. De esta manera, podrán usar este conocimiento para causar enfermedades terribles, y las almas humanas disfrutarán de lo que las provoca, pues apelará a los sentidos materiales. Aquí podemos añadir que todo lo que es perjudicial para la vida, todo lo doloroso y horrible que se pueda imponer a otros, resultará sumamente satisfactorio. El sadismo y el masoquismo se explotarán para controlar e hipnotizar las almas humanas.
«Todo lo relacionado con la medicina experimentará un gran avance en el sentido materialista. Los hombres adquirirán intuiciones instintivas sobre las propiedades medicinales de ciertas sustancias y tratamientos, causando así un daño terrible. Pero a este daño se le llamará útil». Un enfermo será considerado sano, pues se percibirá que el tratamiento aplicado produce un efecto placentero. De hecho, la gente apreciará aquello que perjudica la salud del ser humano, en cierto sentido.
El conocimiento de los efectos medicinales de ciertos procesos y tratamientos se verá incrementado, pero esto conducirá a consecuencias nefastas. El ser humano, mediante ciertos instintos, sabrá qué tipo de enfermedades pueden ser inducidas por determinadas sustancias y tratamientos. Entonces podrá provocar o no enfermedades, según convenga a sus propios intereses.
Tercera Inversión: En lugar de experimentar la naturaleza espiritual del mundo, que hoy se manifiesta ante nosotros a través de los elementales solares, los seres humanos experimentarán la naturaleza inferior del mundo, que emerge de la octava esfera y explota en el mundo. Las fuerzas de la electricidad, el electromagnetismo y las fuerzas atómicas ya han creado una conciencia plagada de fuerzas demoníacas que solo anhelan un futuro mecanicista.
«El tercer resultado será este: el hombre conocerá fuerzas definidas que, mediante manipulaciones sencillas —al armonizar ciertas vibraciones—, le permitirán desatar tremendas fuerzas mecánicas en el mundo. Instintivamente, comprenderá la posibilidad de ejercer cierta guía espiritual y control sobre el principio mecanicista, y toda la ciencia técnica se hundirá en aguas desoladas. Pero el egoísmo humano encontrará en estas aguas desoladas una gran utilidad y beneficio».
¡Queridos amigos! Todo lo anterior está aquí. La caja de Pandora se ha abierto, liberando todas estas plagas en el mundo.
Y esto deja al alma preguntándose: ¿Por qué el mundo espiritual permite esto? Porque solo experimentando lo que estamos experimentando nuestras almas pueden ser estimuladas para despertar. Por eso Rudolf Steiner dijo que las Copas de la Ira son en realidad el resultado del amor que el mundo espiritual trae a la humanidad, amor que rechazamos y que luego se invierte en nuestras almas, ¡convirtiéndose en ira!
Las copas de la ira que, en la era del alma consciente, revelan cómo la mayor parte de la humanidad ha estado dormida, queridos amigos, y por eso se ha producido una inversión del amor, porque nuestros ángeles, en su labor, están ejemplificando una forma espiritual de amor, ¡que nosotros rechazamos!
La Primera Copa (Apocalipsis 16:2): Derramada sobre la tierra, causando «llagas malignas y dolorosas» en los que adoraron a la bestia y recibieron su marca. Debemos considerar que esto significa que el materialismo mismo es la marca de la bestia, que ha estado causando una enfermedad en las almas humanas (que se manifiesta externamente como plagas) que las deja «enfermas» e incapaces de experimentar una afinidad con el alma del otro. Por lo tanto, durante la pandemia de Covid se prohibió la interacción social y la gente empezó a desconfiar del otro.
La segunda copa (Apocalipsis 16:3): Derramada en el mar, convirtiéndolo en sangre como la de un muerto, causando la muerte de todos los seres vivos que había en él.
Esto significa que, en la era del alma consciente, nuestra sangre, que es nuestro mar interior, se llena de muerte, impidiéndonos percibir el espíritu viviente en nosotros mismos a través de nuestra comunión con los demás. Esto conducirá a toda clase de aberraciones sexuales que matan el espíritu viviente en otros mediante manipulaciones. Lo vemos hoy en los archivos de Epstein y más allá; lo vemos en la manipulación de género de niños; en las aberraciones sexuales que se manifestaron durante los Juegos Olímpicos de París.
La tercera copa (Apocalipsis 16:4-7): Derramada en los ríos y fuentes de agua, convirtiéndolos en sangre, lo cual se describe como un justo juicio sobre quienes derramaron la sangre de santos y profetas.
Esto podría significar que el mundo natural mismo perderá su esencia a causa de las acciones humanas, mediante la destrucción que se producirá al liberar elementales demoníacos en nuestra atmósfera en nombre del pensamiento metabólico instintivo, que busca y se regocija en la destrucción de la tierra, del alma y del espíritu.
Quienes elijan aliarse con la destrucción la verán repercutir en ellos, pues perderán su condición humana en el cosmos y serán incapaces de desarrollarse aún más viviendo en un mundo físico que ellos mismos han destruido. Lo vemos ahora mismo, literalmente, al borde del abismo.
Queridos amigos, hoy debemos buscar a Ahriman, tal como se manifiesta en el rostro de aquellos que han sucumbido a su tentación en el pensamiento, el sentimiento y la voluntad.
Les dejo estas reflexiones, pidiéndoles únicamente que las mediten libremente, que no se dejen llevar por imágenes sin plena consciencia, discernimiento y juicio.
Con amor y profundo respeto por su libertad.
¡Namaste!
AdriXXX
Traducido por Gracia Muñoz en abril de 2026

[…] miércoles, 8 de abril de 2026 […]