«Rudolf Steiner: Fragmento de una Biografía Espiritual»
Todo lo que hemos dicho sobre la conexión de Enkidu con la gran Logia Matriz del gobierno de la humanidad, y también con el alma Nathánica que mora allí bajo su tutela, puede arrojar también cierta luz sobre la relación de Enkidu con el propio Manu. Como Rudolf Steiner ha indicado en varias ocasiones, Manu fue el exaltado líder de toda la civilización de la Atlántida, el sumo sacerdote del Oráculo Solar, que es una especie de representación o reflejo terrenal de la gran Logia Matriz, cuya ubicación esencial debemos buscar en la esfera del Sol.
[Por esta razón, Rudolf Steiner en un contexto incluso identifica la Logia Matriz con el Oráculo Solar, aunque en la época de los acontecimientos de Palestina el Oráculo Solar hacía mucho que había dejado de existir en la Tierra (una parte muy pequeña de su función se transmitió a los Misterios de Hibernia en forma debilitada):
«Provenía {el alma Nathánica} de la Logia Matriz de la humanidad, que estaba dirigida por Manu. En esta gran Logia Matriz, en el gran Oráculo Solar, se había nutrido y fomentado un gran poder individualizado que fue enviado al niño nacido de los padres «José» y «María» en el Evangelio de San Lucas. En este niño entró lo mejor y más poderoso de todas las individualidades».
(GA 114, conferencia del 18 de septiembre de 1909)]
Manu, como hemos visto, fue también la individualidad dirigente que guio la transición de la Atlántida a las culturas post-atlantes. Esto ocurrió cuando Manu fundó primero una pequeña colonia en la región de la actual Irlanda y luego, con los más avanzados de sus alumnos, continuó su camino hacia el Este, donde en las profundidades del desierto de Gobi fundó una segunda colonia y preparó personalmente a los siete santos Rishis, los fundadores de la primera cultura post-atlante (la antigua india). Por esta razón, esta individualidad aparece en todas las tradiciones religiosas del antiguo Oriente como quien experimentó la destrucción de la Atlántida, como el único superviviente viviente del Diluvio. En diferentes religiones tiene una variedad de nombres, pero es siempre una y la misma individualidad que está en el origen de toda la evolución post-atlante:
- Manu – en la antigua India,
- Noé — en la antigua cultura hebrea,
- Siusudra — en Sumeria,
- Utnapisthi — en Asiria y Acad,
- Xisuthros — en Grecia.
Para aclarar la conexión interna que vincula la individualidad de Manu con Enkidu, debemos partir del papel que, según las fuentes sumerias y acadias, desempeñan los Dioses Enki y Utu en la historia del Diluvio. Así, en «La Epopeya de Gilgamesh» se nos cuenta cómo el Dios Enlil decidió destruir a la humanidad enviando el Diluvio. Sin embargo, Enki —que siente compasión por los seres humanos— confía la noticia sobre los planes de Enlil a una choza vieja, y desde esta choza Siusudra (el equivalente sumerio del acadio Utnapishti) se entera de la catástrofe inminente.
Luego, cuando el secreto ha salido a la luz, el propio Enki se le aparece en sueños y le ordena que se disponga a construir una barca. Poco antes del comienzo del Diluvio, el Dios Sol Utu se aparece a Siusudra y le informa del momento preciso de la catástrofe inminente. La actividad colaboradora por parte de Enki y Utu en la ayuda y protección a Siusudra se repite nuevamente después del Diluvio. El primero en aparecérsele es Utu, que ilumina la superficie inundada de la Tierra y el interior de la barca, y luego, cuando Enlil se entera de que uno de los seres humanos ha logrado sobrevivir y quiere provocar su perdición, aparece Enki y convence a Enlil no solo de que no destruya a Siusudra, sino, al contrario, de que le conceda la inmortalidad.
Ya a partir de estos pocos detalles se puede discernir claramente la profunda conexión espiritual de Siusudra (Manu) con la esfera solar de Enki y Utu y, por lo tanto, también con las almas humanas estrechamente afiliadas a esta esfera, entre las cuales Enkidu ocupa un lugar de gran importancia. De particular significado aquí es la conexión de Siusudra (Manu) con el Dios Sol Utu (el Arcángel Micael), que puede discernirse también en su nombre; pues en una variante más antigua de la escritura cuneiforme sumeria contiene el signo del Sol (Utu), de modo que cuando su nombre se escribe adopta la forma de Si-utu-sudra.
Y encontramos confirmación adicional de esto si nos volvemos ahora a la antigua tradición hebrea.
Allí, entre los hijos de Noé, encontramos a Sem — el ancestro de todos los pueblos semíticos, entre los cuales –según Rudolf Steiner— actuaron posteriormente impresiones o copias de su cuerpo etérico (Véase el ciclo de conferencias: «El Principio de Economía Espiritual», conferencia del 15 de febrero de 1909). En hebreo antiguo, el nombre Sem [en ruso, Sim] se pronuncia y escribe como «Shem» y es un componente importante de la palabra «Shemesh», que significa el Sol o el Dios del Sol, equivalente a «Shamash» en acadio y Utu en sumerio. En tiempos posteriores, este cuerpo etérico de Sem es utilizado por Melquisedec – quien, según Rudolf Steiner, no es otro que el Manu reencarnado — cuando se aparece a Abraham (Véase conferencia del 15 de febrero de 1909).
Lo que es de particular significado para nosotros aquí es que, por un lado, el hijo de Noé, Sem, en cuyo cuerpo etérico trabajan las fuerzas del Arcángel Solar Utu (Shamash-Micael), se convierte en el ancestro de los pueblos semíticos, y por otro lado – después de que Melquisedec, revestido del cuerpo etérico de Sem, se aparece a Abraham (y le informa a través de las imágenes del pan y el vino de la futura misión del antiguo pueblo hebreo) – el propio Micael (Shamash), como el rostro de Yahvé, se convierte en el líder de este pueblo en el camino de cumplir esta misión y, en cierto sentido, incluso en su Espíritu del Pueblo.
Sin embargo, el cuerpo etérico especial que pertenecía originalmente a Sem, a pesar de haber sido preparado por Manu (como lo indica el hecho de que, según la tradición bíblica, Sem era su hijo), no era sin embargo el cuerpo etérico del propio Manu, como el más alto iniciado del Oráculo Solar de la Atlántida.
Debemos tocar ahora con mayor detalle los secretos que rodean el origen de este cuerpo etérico aún más perfecto, mediante cuya luz radiante de sus fuerzas suprasensibles los alumnos de los misterios hibernios se esforzaron por acercarse al alma Nathánica que moraba en la Logia Matriz. Para ello es necesario considerar ciertos hechos espirituales concernientes a cuestiones de «economía espiritual», de los cuales Rudolf Steiner habló en varias conferencias individuales en 1909, y de una manera particularmente significativa en la séptima conferencia del ciclo «Las Jerarquías Espirituales y su Reflejo en el Mundo Físico».
En esta conferencia, Rudolf Steiner indica que durante la antigua época lemúrica, los líderes elegidos de la humanidad llevaban dentro de sus cuerpos físicos — que en ese tiempo estaban compuestos aún de sustancias líquidas y gaseosas — seres pertenecientes a la jerarquía de los Arcai. En la época de la Atlántida, cuando los cuerpos físicos de los seres humanos se habían vuelto algo más condensados, la humanidad fue abordada por espíritus pertenecientes a la jerarquía inferior de los Arcángeles, que tomaron posesión de los cuerpos físico y etérico de aquellos que podríamos llamar «los reyes-sacerdotes de los tiempos atlantes»:
«El término ‘oráculo’ es muy apropiado para los centros de enseñanza y gobierno de estos atlantes que llevaban dentro de sí un ser del orden de un Arcángel. Desde allí trabajaban como grandes maestros, de modo que podían también atraer a otras personas y convertirlas en siervos y sacerdotes en los oráculos de los atlantes. Es importante saber que hubo personas en la antigua Atlántida que eran realmente Arcángeles, que llevaban un Arcángel en su cuerpo físico y etérico» («Las Jerarquías Espirituales»)
Tales cuerpos etéricos de iniciados atlantes que estaban impregnados por Arcángeles no se disolvían en el éter mundial después de la muerte de sus portadores humanos, sino que – de acuerdo con las leyes de la «economía espiritual» – se conservaban en los mundos superiores:
«Hay una enorme diferencia entre el cuerpo etérico de un iniciado de los oráculos atlantes, que estaba impregnado por un Arcángel, y un cuerpo etérico ordinario. Un cuerpo etérico tan valioso no se pierde; se conserva en el mundo espiritual. Los siete cuerpos etéricos más importantes de los grandes líderes de estos oráculos fueron conservados por el líder más poderoso del principal oráculo atlante [Manu]. Estos cuerpos etéricos habían llegado a ser originalmente por el hecho de que habían sido la habitación de seres arcangélicos que, después de la muerte de aquellos que poseían tales cuerpos etéricos, naturalmente habían regresado a los mundos superiores. Así que algo fue conservado, no, por supuesto, en cajas, sino de acuerdo con leyes espirituales [economía espiritual]» («Jerarquías Espirituales»).
En consecuencia, cuando el gran Manu emigró con un pequeño grupo de sus alumnos a las profundidades de Asia, preparó a los siete más avanzados de ellos en la colonia que había fundado allí para una misión posterior. Ellos habían de convertirse en los fundadores de la primera cultura post-atlante, la antigua india. Esta fue una tarea que pudieron cumplir solo porque, cuando nacieron de nuevo como aquellos que luego fueron venerados en la India bajo el nombre de los siete santos Rishis, recibieron en sus propios cuerpos etéricos, que habían sido preparados para ello, la sustancia de los cuerpos etéricos de los siete grandes iniciados atlantes:
«Los siete que fueron enviados por el poderoso líder [Manu] para fundar la primera cultura post-atlante, los siete santos Rishis de la cultura india, llevaban dentro de sus envolturas los cuerpos etéricos de los grandes líderes atlantes que, a su vez, los habían recibido de los propios Arcángeles» (ibid.).
Y ahora consideremos el origen de estos siete notables cuerpos etéricos que inspiraron a los santos Rishis en la antigua India desde un punto de vista algo diferente. Sabemos por el libro «Ciencia Oculta» que en la Atlántida había siete oráculos principales, cada uno de los cuales poseía los secretos de Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, etc. Fue alrededor de estos oráculos donde, por primera vez después de la «crisis lunar», las almas humanas que se encarnaron en la Tierra en el período de la Atlántida llegaron a reunirse de acuerdo con su pasado cósmico.
Así, las almas que pasaron la mayor parte de su tiempo en el cosmos en la esfera de Júpiter llevaban dentro de sí, al acercarse a la Tierra, el impulso de tener afinidad con el oráculo de Júpiter, las que venían de Marte con el oráculo de Marte, y así sucesivamente. A la cabeza de cada uno de estos oráculos estaba un alto iniciado, que a través del carácter y las cualidades particulares de su iniciación establecía una conexión directa entre el oráculo y los seres espirituales que habitaban la respectiva región planetaria.
Y cuando se dijo anteriormente que Manu tenía la custodia de los siete cuerpos etéricos más desarrollados de la Atlántida, eran los cuerpos etéricos pertenecientes a los más altos líderes de los siete principales oráculos atlantes. Así, cada uno de los santos Rishis recibió un cuerpo etérico que contenía toda la profundidad del conocimiento de una de las siete esferas planetarias de nuestro cosmos. Pero en su totalidad, estos siete santos Rishis manifestaban la plena armonía etérica de la sabiduría de todo nuestro sistema planetario, que formaba lo que era esencialmente la sabiduría primordial de la humanidad. Por lo tanto, «un rasgo característico de la sabiduría primordial es la interacción armoniosa entre la sabiduría de los diversos oráculos de la época atlante; pues cada uno de los grandes maestros [Rishis] podía desvelar la sabiduría de uno de estos oráculos», de modo que «esta antigua y santa cultura de la era pre-védica se originó con los siete Rishis, que portaban los cuerpos etéricos conservados de los iniciados de los oráculos atlantes de Venus, Marte, Júpiter, etc.» [«El Principio de Economía Espiritual»].
De estos cuerpos etéricos recibían de vez en cuando altas inspiraciones espirituales:
«En ciertos momentos adquirían la capacidad de permitir que las fuerzas fluyeran hacia sus cuerpos etéricos que revelaban los misterios del Sol, Marte, Saturno, etc. Entonces parecían individuos inspirados, cuyas expresiones iban mucho más allá de lo que sus cuerpos astrales o egos eran capaces de entender» (ibid.).
En relación con esto, es necesario señalar otra característica importante de estos cuerpos etéricos de los santos Rishis. Así, mientras que seis de ellos recibieron directamente en sí mismos los más perfectos cuerpos etéricos preparados en los seis oráculos planetarios de la Atlántida, el séptimo Rishi, que había de ser el receptor del cuerpo etérico del iniciado principal del oráculo solar, es decir, del propio Manu, recibió no el cuerpo etérico mismo sino solo su impresión o reflejo. Rudolf Steiner se refiere a esta importante circunstancia en su libro «Ciencia Oculta» con las siguientes palabras:
«El maestro [el séptimo Rishi] que fue el sucesor espiritual del iniciado de Cristo [Manu] no encarnó realmente lo que el propio iniciado de Cristo había podido revelar. Este último permaneció en el trasfondo de la evolución. No pudo transmitir inicialmente su alto cargo a ningún miembro de la humanidad post-atlante. El iniciado de Cristo, el líder de los siete grandes maestros indios, se diferenciaba de su sucesor espiritual en que era plenamente capaz de traducir su percepción visionaria del misterio de Cristo en conceptos humanos, mientras que el iniciado de Cristo indio solo pudo comunicar un reflejo de este misterio en signos y símbolos».
Rudolf Steiner se refiere aún más claramente a este misterio del cuerpo etérico del alto iniciado solar en una de sus conferencias de 1909:
«El cuerpo etérico del gran iniciado del oráculo de Cristo fue, solo él, tratado de manera diferente a estos otros… Solo un reflejo de la sabiduría solar pudo transmitirse, porque era tan exaltado que ni siquiera los santos Rishis pudieron acceder a él. Podemos ver aquí que la reencarnación no siempre procede tan suavemente como a menudo se supone; pero si un cuerpo etérico es especialmente valioso, se conserva algo así como un modelo del mismo y se pone a disposición de otras personas»
[«El Principio de Economía Espiritual»]
Así, solo este cuerpo etérico más perfecto de la Atlántida, que contenía dentro de sí innumerables secretos del reino del Sol, no fue transmitido a los santos Rishis (aunque a uno de ellos, como se ha dicho, se le legó su reflejo), sino que fue conservado en los mundos espirituales donde continuó trabajando en la evolución posterior de la humanidad como, por ejemplo, se ha descrito en relación con los misterios hibernios.
De todo esto vemos, por lo tanto, que, por un lado, los santos Rishis fueron los receptores de los siete cuerpos etéricos preparados por los principales iniciados de los siete principales oráculos de la Atlántida, cada uno de los cuales contenía secretos de las esferas planetarias de nuestro sistema solar, dependiendo del oráculo (Marte, Júpiter, Venus, etc.) en el que fue preparado. Por otro lado, se deduce de lo que hemos dicho anteriormente que estos cuerpos etéricos dentro de los oráculos atlantes fueron preparados mediante la presencia de seres de la jerarquía de los Arcángeles en los iniciados que los dirigían (en sus cuerpos etéricos).
Y aquí estamos tocando la esencia del profundo misterio del origen del cuerpo etérico del gran iniciado solar (Manu). El hecho es que, puesto que todos los siete oráculos atlantes estaban en su vida espiritual orientados hacia planetas particulares de nuestro sistema solar (incluido el Sol mismo), aquellos Arcángeles que desde estas esferas planetarias pudieron desempeñar un papel particular en la formación de los cuerpos etéricos de sus principales iniciados eran los Arcángeles planetarios — los regentes espirituales de planetas individuales — que eran los miembros más avanzados de la jerarquía arcangélica. Fueron ellos quienes entonces irradiaron sus fuerzas en los cuerpos etéricos de los líderes de los siete principales oráculos atlantes.
Los nombres de estos siete Arcángeles más prominentes nos son conocidos principalmente por la tradición esotérica hebrea antigua, pero también confirmados por la investigación espiritual moderna: Oriphiel – el regente de Saturno; Zachariel – de Júpiter; Samael — de Marte; Anael — de Venus; Rafael – de Mercurio; Gabriel — de la Luna; y, finalmente, Micael – el regente del Sol. En la conexión del Arcángel Solar con el oráculo solar central de la Atlántida que ahora se nos revela, puede encontrarse también la clave para entender el misterio de la fuente del cuerpo etérico del gran Manu. Este cuerpo etérico fue preparado por el propio Micael, quien en la Atlántida envió sus fuerzas directamente desde el Sol a los cuerpos etérico y físico del más alto regente del oráculo solar.
[Nota: En la mayoría de sus descripciones de los siete oráculos de la Atlántida contenidas en varias conferencias y en «Ciencia Oculta», Rudolf Steiner no menciona el oráculo de la Luna. En cambio, se refiere al oráculo de Vulcano, cuya mirada de sus adeptos «estaba dirigida más a los fenómenos terrenales». («Ciencia Oculta») En este mismo libro, por ejemplo, encontramos la siguiente «división» de los oráculos: «Los iniciados de Vulcano, Mercurio y Venus se diferenciaban de los iniciados de Saturno, Júpiter y Marte en que estos últimos recibían sus secretos más como una revelación desde arriba, más en un estado acabado, mientras que los primeros recibían su conocimiento ya más en forma de pensamientos e ideas que eran propios.
Los iniciados de Cristo estaban en el medio. Junto con la revelación directa, recibían también al mismo tiempo la capacidad de revestir sus secretos en forma de conceptos humanos. Los iniciados de Saturno, Júpiter y Marte tenían que expresarse más en imágenes simbólicas; los iniciados de Cristo, Venus, Mercurio y Vulcano podían comunicar más en forma de ideas» (ibid.). Solo en la conferencia del 31 de mayo de 1909 (GA 109) menciona Rudolf Steiner realmente el oráculo (octavo) de la Luna, cuyo lugar en otras conferencias y en «Ciencia Oculta» lo ocupa el oráculo de la Atlántida.
Esta conexión no es arbitraria; pues los seres espirituales que inspiraban a los iniciados del oráculo de Vulcano no tenían su propia región planetaria en el cosmos, sino que con la separación del Sol de la Tierra fueron expulsados de la esfera del Sol a los alrededores de la Tierra (ver «Ciencia Oculta»), es decir, a esa esfera de donde los seres lunares y su líder, el Arcángel Gabriel, influían en los iniciados del oráculo de la Luna.
Continúa diciendo en «Ciencia Oculta» que los seres humanos conectados con el oráculo de Vulcano estaban sometidos a la más poderosa influencia luciférica. Por lo tanto, la revelación de sus secretos al final de la evolución atlante favoreció especialmente su declive y posterior destrucción. Así, podría decirse que hubo una doble influencia sobre la humanidad terrenal desde la esfera lunar: mientras que sus mejores fuerzas espirituales fluían al oráculo de la Luna desde el propio Gabriel, al oráculo de Vulcano fluían además las inspiraciones de una variedad de seres demoníacos que habitaban la esfera lunar.
Un ejemplo de tal dualidad de influencia que puede darse es la época del último período de gobierno del Arcángel Gabriel entre la humanidad (1510-1879), durante el cual, por un lado, se lograron los mayores éxitos en el desarrollo de las ciencias y las artes, mientras que por otro lado fue en este período cuando se alcanzó una culminación en el desarrollo del materialismo, cuyas graves consecuencias son tales que la humanidad ha demostrado hasta el día de hoy ser incapaz de afrontarlas.]
A partir del conocimiento de este misterio, se hace posible comprender no solo la participación de Micael en la historia del Diluvio — y también la presencia de su nombre (Utu) en la palabra sumeria para Manu [Si-utu-sudra] – sino además la cercanía a él de la individualidad de Enkidu, aunque no en el sentido de una igualdad de estatura espiritual sino en el sentido de pertenencia a una misma esfera espiritual del Sol, o, para ser más precisos, a la gran Logia Matriz del gobierno de la humanidad. Ahora podemos entender también por qué la inspiración derivada de los rayos espirituales del poderoso cuerpo etérico del exaltado líder de la Atlántida podía llevar a las almas de los alumnos de los misterios hibernios a entrar en contacto directo con la Logia Matriz y con el alma Nathánica, la guardiana de la inmortalidad humana que mora dentro de ella.
Por esta misma razón, después de su muerte, Enkidu inspira a Gilgamesh desde el mundo espiritual con respecto a su viaje hacia el Oeste: exteriormente detrás del Sol, según se mueve a través del cielo, e interiormente, en un sentido espiritual, detrás del Dios Utu, el Arcángel Solar dirigente; y al mismo tiempo: exteriormente hacia la Atlántida, e interiormente en la búsqueda del gran secreto del oráculo solar, un secreto contenido en el cuerpo etérico del propio Manu que se conserva en los mundos espirituales y obra en los misterios. Porque fue debido a que Enkidu, después de su muerte, estaba especialmente conectado con estos dos seres [Micael y Manu] que pudo, mediante sus inspiraciones, dirigir a su amigo hacia donde todavía era posible, al comienzo de la tercera época cultural post-atlante, encontrar una conexión espiritual con ellos, y por lo tanto también con aquel que ahora moraba entre ellos — con Enkidu.
De todo lo dicho, por lo tanto, se sigue una conclusión importante que debe ser entendida de manera completamente objetiva, sin mostrar inclinación personal en ninguna dirección particular. El hecho es que, en contraste con Enkidu, quien — como hemos visto — pertenece originalmente a la esfera cósmica de Micael, Gilgamesh inicialmente no tiene conexión con esta esfera. Pues si aceptamos la imagen de él que se nos presenta en la Epopeya («Epopeya de Gilgamesh»), notaremos inmediatamente que tiene numerosas conexiones de sangre con sus antepasados, con su familia y con su pueblo, cuyo Arcángel regente trabaja a través de esta corriente de sangre directamente dentro de Gilgamesh. Así, tiene necesidad de la guía de alguien que no es un «consanguíneo» y, en este sentido, profundamente conectado con Micael (pues los impulsos de Micael trabajan siempre en un ámbito que está más allá de los límites de las relaciones de sangre) en la forma de Enkidu, que ha de ayudar a Gilgamesh a encontrar el camino correcto desde el «estar poseído por» su Espíritu del Pueblo hasta un servicio libre a la esfera solar de Micael.
Así, a través de Enkidu, Gilgamesh también entra gradualmente en una conexión directa con el Arcángel Solar. Esto se manifiesta con particular claridad en la antigua versión sumeria de la historia de la campaña de los héroes contra Huwawa; pues cuando Gilgamesh toma la decisión de «glorificar su nombre» con una victoria sobre el monstruo, Enkidu se dirige a él con las palabras:
«¡Mi Señor, si entras en la montaña,
al Dios Utu se debe informar!
Si quieres entrar en la Montaña del Cedro Cortado,
¡a Utu se debe informar!»
De estas palabras podemos sentir cómo Enkidu gradual y persistentemente lleva a Gilgamesh al servicio de la esfera solar del Arcángel Micael, hasta que finalmente lo consigue en la medida en que Gilgamesh se vuelve plenamente consciente de su nuevo propósito de vida, al cual Enkidu ha estado tratando de dirigirlo: «Destruir todo mal en el mundo que es odioso a Shamash».
Posteriormente, después de la muerte de Enkidu, la conexión de Gilgamesh con la esfera de Micael se mantiene a través de las inspiraciones que recibe continuamente de su amigo muerto.
[Nota: La conexión de Gilgamesh, a través del difunto Enkidu, con la esfera de Micael tiene un significado muy considerable para la evolución histórica de la humanidad, pues por medio de su posición dirigente había de sentar las bases para la posterior cultura babilónica, donde el culto a Marduk-Micael alcanzaría el más alto florecimiento entre todas las civilizaciones antiguas de Oriente.]
Con la ayuda de estas inspiraciones, Enkidu conduce primero a Gilgamesh hacia el Oeste, al puesto de avanzada más oriental de los misterios hibernios, donde aún sigue siendo accesible un último legado del gran Oráculo Solar de la Atlántida: el cuerpo etérico del propio Manu. La unión con las fuerzas del cuerpo etérico puede ayudar a Gilgamesh a elevarse a la esfera del Sol y allí, en la Logia Matriz del gobierno de la humanidad, entrar en contacto con el alma Nathan, la guardiana del secreto de la inmortalidad humana y de la sustancia cósmica de la vida.
Pero cuando esto no tiene éxito, Enkidu no obstante permanece conectado con Gilgamesh para, en cierta medida — y de una forma completamente diferente — reemplazar mediante su inspiración desde los mundos superiores aquello que Gilgamesh no pudo alcanzar por sus propias fuerzas (pues no resistió las pruebas de su iniciación) pero que indudablemente necesitaba para la posterior y correcta conducción de la cultura babilónica. Y cuando el tiempo de Gilgamesh en la Tierra también llega a su fin, él igualmente — guiado por su nueva conexión kármica con Enkidu — asciende a la esfera de habitación de este último. Allí se une finalmente con la corriente solar de Micael en los mundos superiores y se convierte en parte de su hueste suprasensible.
Para concluir esta sección introductoria de este capítulo, resumamos brevemente una vez más ciertos aspectos de lo dicho en este capítulo hasta ahora. Sobre todo, hemos podido discernir la profunda conexión primordial existente entre el Arcángel Micael y el exaltado líder de la Atlántida, Manu. Esta conexión se expresa no solo en la participación de Micael bajo el nombre de Utu en la historia del Diluvio, sino muy especialmente por el hecho de que en la Atlántida el propio Micael estaba trabajando en el cuerpo etérico de Manu, preparándolo para una alta misión. Luego es necesario tomar nota de ciertos aspectos de la actividad del Arcángel Micael en tiempos pasados, en la época lemúrica, específicamente su participación como el «rostro de Yahvé» en la creación del hombre.
Según la tradición esotérica hebrea antigua, entonces inicia a Adán en los misterios del universo, lo que es indicativo de su conexión no solo con el Adán mortal sino sobre todo, con el inmortal Adán celestial, es decir, con el alma Nathánica, de quien ha sido protector en la esfera solar desde los tiempos más remotos. Esta última circunstancia encuentra también su expresión en la llamada «Leyenda Dorada», según la cual el hijo de Adán, Set, es nuevamente — como resultado de la iniciación que ha recibido — capacitado para entrar en el Paraíso y encontrar allí el Árbol de la Vida bajo la protección de Micael.
[Nota: En algunas versiones de la «Leyenda Dorada» está (el Árbol de la Vida) entrelazado con el Árbol del Conocimiento, lo que es indicativo de aquel tiempo en que el alma Nathánica entra en la corriente de la evolución terrenal de la humanidad, cuando el Adán celestial (el Árbol de la Vida) se une con el Adán terrenal (el Árbol del Conocimiento), sentando así las bases para el descenso del Ser de Cristo a la Tierra.
Rudolf Steiner también revela con las siguientes palabras un aspecto adicional de la imaginación de los dos árboles entrelazados, cuyo guardián es el Arcángel Micael: «Este árbol entrelazado es una indicación profética del futuro de la humanidad: cuando toda la humanidad haya obtenido comprensión y haya sido iniciada, llevará dentro de sí no solo el Árbol del Conocimiento sino también el otro árbol, el Árbol de la Vida. La muerte entonces ya no existirá». (GA 96)]
Si en este punto recordamos nuevamente que, según Rudolf Steiner, detrás de la imaginación del Árbol de la Vida se esconde una referencia al alma Nathánica que había sido retenida de la evolución general de la humanidad, todas las imágenes que hemos mencionado nos permiten acercarnos a una comprensión de la relación aludida. Pues, como sabemos igualmente por indicaciones dadas por Rudolf Steiner, esa «región» o «lugar» en la esfera solar donde el alma Nathánica ha morado desde los tiempos más remotos es al mismo tiempo el «lugar» donde se encuentra la gran Logia Matriz del gobierno de la humanidad.
Con ella, a su vez, Manu tiene una profunda conexión, guiando todas sus interrelaciones con el resto de la humanidad y enviando desde ella al alma Nathánica en el Cambio de Época para la primera encarnación de esta alma en la Tierra, en la familia de María y José descrita en el Evangelio de San Lucas.
[Nota: Esta relación de Manu con la Logia Matriz y con el alma Nathánica que mora en ella, que se remonta a los orígenes mismos de la humanidad terrenal, encuentra también su reflejo en que la más antigua palabra india para hombre —»manushya»— se deriva del nombre Manu.
Con esta Logia Matriz está también conectada la individualidad del Adán terrenal — Juan el Bautista (ver GA 114), a quien en el Cambio de Época Manu envía también desde la Logia Matriz para su encarnación en la familia de Zacarías e Isabel. Esta es la fuente de la relación de esta individualidad con la mencionada esfera espiritual (del Sol) y con el propio Micael, una relación de la que Rudolf Steiner habla con particular claridad en su «Última Conferencia» (GA 238)]
Y todo esto se desarrolla o tiene su fuente e impulso originario en esa alta esfera solar cuyos límites suprasensibles pueden definirse por los nombres de dos seres divinos derivados de la mitología sumeria-asiria: Enki y Utu. Cuando se juntan, estos dos nombres forman, como hemos visto, el nombre Enkidu, señalando así no solo hacia su «biografía cósmica» sino también hacia todo lo dicho anteriormente respecto a su conexión primordial con el Arcángel Micael, con la gran Logia Matriz bajo el liderazgo de Manu y con el alma Nathánica que mora dentro de ella…
Traducido por Gracia Muñoz en febrero de 2026
