La Comunidad suprasensible de Micael (Parte 6)

~ Peter Selg

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… A pesar de todos los contratiempos y graves impedimentos de la Sociedad Antroposófica, Rudolf Steiner nunca se dio por vencido durante su vida: pocos días antes de su muerte, incluso había aceptado a más miembros en la «Escuela esotérica del Goetheanum», la «Primera Clase» de la escuela terrenal de Micael: «Deben encontrarse los caminos y medios para continuar lo que la Antroposofía pretendió desde el principio«, dijo una vez en otro contexto (GA260a: Conferencia del 18 de enero de 1924) — y a lo largo de toda su biografía siempre estuvo atento a lo que aún era posible a pesar de todas las adversidades y las constelaciones que se le oponían.

Rudolf Steiner también creó un poderoso elemento espiritual con la piedra fundamental espiritual de la Sociedad Antroposófica, uno que podría servir a las almas que —a pesar de los tropiezos— entrarían en este camino en el futuro, conscientes de lo que encontrarían, pero también con el conocimiento de dónde aún podrían encontrar apoyo y ayuda espiritual.

Como mínimo, se podrían adquirir fuerzas de resurrección a través de la piedra fundamental espiritual que «por su naturaleza misma no es de este mundo» (Prokofieff).

Sergei O. Prokofieff nació en Moscú a principios de la segunda mitad del siglo XX. Durante el régimen comunista soviético, comenzó a preparar una extensa visión general de las obras, iniciativas espirituales e instituciones desarrolladas por Rudolf Steiner —la piedra fundamental espiritual, la esotérica de la Primera Clase y la Conferencia de Navidad de 1923/24, la cristología antroposófica… la base para la colaboración futura entre Europa Central y Oriental (como centro de la próxima época cultural), pero también los abismos del mal que describió Rudolf Steiner.

El líder iniciado de los Nuevos Misterios, Rudolf Steiner, había esperado y construido sobre la esperanza de que llegaría un tiempo en que el contenido de la Ciencia Espiritual antroposófica sería investigado en detalle y podría aparecer en toda su plenitud espiritual ante una conciencia que lo reconociera —en una visión de conjunto «platónicamente» formada de toda la Antroposofía, y su fomento inspirado por aquellas individualidades que habían participado activamente en los comienzos «aristotélicos» a principios del siglo XX.

Cuando Sergei Prokofieff comenzó su exhaustivo trabajo, lo hizo consciente de lo que hasta entonces había fracasado y quedaba por hacer, pero que aún era necesario para el futuro para contrarrestar efectivamente la situación de los tiempos y los obstáculos internos que habían retrasado la «culminación» de la Antroposofía predicha por Rudolf Steiner:

«Aún debemos ser probados para determinar qué tan preparados estamos para estar en el mundo como verdaderos representantes del impulso esotérico de la Conferencia de Navidad, y para determinar si nosotros mismos estamos dispuestos a comprometernos en la realización de sus objetivos y tareas sin importar todos los fracasos y contratiempos de la Sociedad Antroposófica en el siglo pasado (XX)»

[«La Naturaleza Esotérica de la Sociedad Antroposófica»].

Sergio Prokofieff escribió sobre la necesidad de que surgieran individualidades que «reconozcan genuinamente las extraordinarias dificultades de las tareas que enfrentamos y que lucharán hasta el final por su realización». Sin embargo, también experimentó la ausencia o la escasez de grandes figuras contemporáneas. La cualidad vital que había pulsado a través del carácter y la obra de Rudolf Steiner vivía directamente en las primeras generaciones de antroposofos que vinieron inmediatamente después de él.

Un número significativo de individualidades independientes se comprometió con el progreso continuo de la obra con éxito tanto cuantitativo como cualitativo en ámbitos culturales aplicados dentro de la vida de la Antroposofía: las escuelas, los hogares donde se practica la educación curativa y las granjas —pero también dentro de la totalidad de la Antroposofía misma.

Sin embargo, para las últimas décadas del siglo XX —a más tardar— se había vuelto inconfundiblemente claro que la Sociedad Antroposófica en su conjunto no solo se había quedado muy atrás en sus tareas y objetivos espirituales, sino que también los perdía de vista cada vez más, incluido el recuerdo de la colocación de la piedra fundamental del edificio, así como todo el aspecto espiritual de la fundación de la Escuela de Ciencia Espiritual y su conexión con la Era de Micael.

La Sociedad se distanció enfáticamente del ser de Rudolf Steiner —un desarrollo que había comenzado durante su vida de una manera que hizo difícil su biografía y al final más gravosa, contribuyendo en última instancia a su doloroso sufrimiento y temprana muerte.

Las individualidades líderes de la comunidad de Micael que debían encarnar durante el siglo XX conocían estas condiciones. Ellas mismas enfrentaban dificultades similares y adicionales en la medida en que realmente comenzaron a seguir a Rudolf Steiner y a participar en la construcción de la Sociedad Antroposófica como una comunidad efectiva de Micael en la Tierra a pesar de las masivas fuerzas contrarias.

…Lo que se pedía era la voluntad «de recorrer el camino de las responsabilidades y el servicio y, por lo tanto, permitirse ser guiado por el ejemplo de Rudolf Steiner» (Prokofieff), y resistir la «prueba de la impotencia» y —a pesar de todas las demás advertencias, síntomas y ocurrencias— seguir confiando en un avance hacia la civilización por parte de la corriente de Micael.

En Arnhem durante el verano de 1924, Rudolf Steiner predijo que durante el siglo XX la humanidad se encontraría «ante la tumba de toda civilización», o al comienzo de esa era «cuando la batalla de Micael por el impulso de Micael se librará en las almas humanas que conecten la inteligencia y la espiritualidad en sus corazones» (GA 240: Conferencia del 19 de julio de 1924).

En vista de los procesos de destrucción de gran alcance con procedencia e inteligencia ahrimánicas, procesos que consumieron territorio tras territorio, y en vista de los muchos desarrollos del siglo XX asociados con ellos, era más que evidente cuál de las dos direcciones alternativas había prevalecido en el «tiempo de las grandes decisiones», al menos desde una perspectiva global.

Sin embargo, sí surgieron perspectivas micaélicas para un trabajo futuro en el contexto de la propia Conferencia de Navidad y de una comprensión de su contenido más profundo. No era en absoluto el caso que las propias iniciativas de Rudolf Steiner y sus declaraciones sobre la meta esotérica —en el sentido de la corriente de Micael y de la Conferencia de Navidad— hubieran pasado desapercibidas para todos sus colaboradores. Aunque la Sociedad Antroposófica como tal no había podido alcanzar un nuevo nivel, y a pesar de que las dificultades ya eran evidentes en 1924/25, lo que los colaboradores más cercanos de Rudolf Steiner y muchos amigos habían experimentado con él les afectó profundamente y llegó hasta lo más hondo de sus almas…

«Me estoy preparando para esta nueva era, desde el siglo XX hacia el siglo XXI —se dice a sí misma un alma antropósofa genuina— porque hay muchas fuerzas destructivas en la Tierra. Toda la vida cultural, toda la vida de la civilización en la Tierra debe caerá en la decadencia si la espiritualidad del impulso de Micael no es tomada por la humanidad, si los seres humanos no están en condiciones de levantar de nuevo esa parte de la civilización que hoy irá cuesta abajo. Si se encuentran tales almas antropósofas genuinas, almas que quieren llevar la espiritualidad de esta manera a la vida de la Tierra, ocurrirá un movimiento ascendente. Si no se encuentran tales almas, entonces la decadencia continuará rodando. La Guerra Mundial con todos sus efectos secundarios maléficos será sólo el comienzo de un mal aún mayor. La humanidad hoy enfrenta una eventualidad de gran alcance: la eventualidad de observar cómo todo lo relacionado con la civilización se desliza hacia el abismo o, en cambio, de elevarlo a través de la espiritualidad, impulsándolo hacia adelante en el sentido de lo expuesto en el impulso de Micael, un impulso que está junto al impulso de Cristo»

(GA 240: Conferencia del 27 de agosto de 1924).

Rudolf Steiner habló a cientos, incluso miles de personas que eran miembros de la Sociedad Antroposófica —así como a aquellos individuos que él consideraba como tales («Si se encuentran tales almas antropósofas genuinas…»). Para personas como Ita Wegman estaba claro que no todo estaba perdido —a pesar de la devastación de la Sociedad Antroposófica (que ella conocía muy bien y que ella misma soportó), y a pesar del colapso de Europa Central en la guerra durante los años 30 y 40.

A principios del siglo XIII, los espíritus rectores de la Escuela de Chartres habían llegado rápidamente a un acuerdo con los aristotélicos que se acercaban a su próxima encarnación, durante la cual iban a crear la comunidad dominicana. El acuerdo concernía el curso de acción futuro para el siglo emergente, pero también mucho más allá en el futuro (incluyendo el amanecer de la nueva Era de Micael y más allá).

Ita Wegman compartió con un pequeño círculo de amigos que en el mundo espiritual Rudolf Steiner también reuniría a las almas conectadas con él y con Cristo-Micael, y con sus individualidades rectoras consideraría el curso de acción futuro —a la luz de los desarrollos durante el siglo XX. Tan previsor y sensatamente organizado como había estado este curso de acción para el principio y el final del siglo XX —y tan dramáticas y consecuentes como fueron sus fallas (al menos en parte)— era igual de claro para Ita Wegman que Rudolf Steiner y los espíritus rectores de la corriente de Micael nunca se darían por vencidos bajo ninguna circunstancia.

Hasta su muerte el 4 de marzo de 1943, Ita Wegman se comprometió y trabajó activamente para asegurar que el impulso esotérico y social del trabajo antroposófico en todo el mundo no desapareciera, y que las conferencias y escritos de Rudolf Steiner estuvieran disponibles en muchos idiomas. Ella apuntaba hacia el futuro y estaba preparada para recorrer el camino de sufrimiento en el siglo XX hasta su fin —tal como lo había hecho Rudolf Steiner. Como escribió Sergei Prokofieff más de un siglo después de la muerte de Ita Wegman:

«Es la Antroposofía la que nos revela el conocimiento de las metas espirituales del Cristo vivo, y la Conferencia de Navidad nos lleva a una comprensión de las propias metas de Rudolf Steiner. Eso conlleva la posibilidad de seguir a Rudolf Steiner a lo largo de su camino interior, un camino que es, de hecho, nada menos que el camino contemporáneo de la ‘imitación de Cristo'».

Pocas semanas antes de su muerte, Magelene van Deventer, representante y sucesora de Ita Wegman en Arlesheim, recibió con entusiasmo la primera obra fundamental de Sergei Prokofieff publicada en alemán (1982): se trataba de Rudolf Steiner y la base para los Nuevos Misterios. En ella hay algo nuevo que conducía hacia el futuro y que aún podría ser capaz de realizar el gran despertar espiritual de la Sociedad Antroposófica que Rudolf Steiner había descrito como posible a finales del siglo XX.

Ita Wegman y Madeleine van Deventer experimentaron la actividad de Sergei Prokofieff en el Goetheanum mientras irradiaba hacia la Sociedad Antroposófica en todo el mundo (después de Pascua de 2001) —sin embargo, ya no lo hicieron desde una perspectiva terrenal.

Basándose en la evidencia ofrecida por sus vidas y conociendo sus personalidades espirituales (e individualidades), sin embargo, es posible suponer que ellas —junto con Marie Steiner y Elizabeth Vreede— saludaron la obra de todo corazón. Para todas ellas estaba claro que el mundo necesita un Goetheanum poderosamente activo, espiritualmente impresionante, un Goetheanum que esté en condiciones de representar el esoterismo de la Antroposofía, la Sociedad Antroposófica y la Escuela de Ciencia Espiritual a un alto nivel. Además, sabían por experiencia personal lo que significa cargar con la «cruz de la Sociedad Antroposófica» y llevarla —en armonía con el ser de Rudolf Steiner:

«Como resultado, nos acercaremos gradualmente a la esfera del mundo espiritual donde Rudolf Steiner continúa hoy llevando el karma de la Sociedad Antroposófica. Sin embargo, para encontrarlo allí, debemos decidir compartir el karma con él y cargar al menos una pequeña porción de su cruz con nuestras fuerzas aún débiles» (Prokofieff).

En 1925, Ita Wegman había calificado la Conferencia de Navidad y la conexión de Rudolf Steiner con la Sociedad Antroposófica como una «obra crística» («Así como el ser-Cristo se conectó a sí mismo con la Tierra para el bienestar de la humanidad, Rudolf Steiner se identificó a sí mismo con la Sociedad Antroposófica. Fue una obra crística») [Ita Wegman Estudios Esotéricos: El Impulso de Micael»].

Rudolf Steiner había asumido sobre sí el karma de la Sociedad Antroposófica. Y vivir dentro de la corriente de Micael en imitación de él requiere una disposición que debía desarrollarse a través de él y a través del Misterio del Gólgota, una disposición a tomar los caminos y los pasos en falso de otros en el propio destino y llevarlos adelante como tales: «La Antroposofía nos fue dada para ampliar y espiritualizar nuestra conciencia, para fortalecer nuestro sentido de responsabilidad y para despertar nuestra voluntad de cumplir nuestras tareas» (Prokofieff).

En vista de la situación histórica real de la Sociedad y el movimiento Antroposófico en el siglo XX, la aparición y la actividad singular del micaélico Sergei Prokofieff tiene un significado extraordinario. Esto sigue siendo cierto incluso si su trabajo desde 1983 (su contenido y propósito espiritual) ha sido insuficientemente reconocido y a veces trágicamente subestimado, incluso por aquellos dentro de varios órganos directivos de la Sociedad Antroposófica. Ita Wegman solía decir a sus colaboradores con respecto a Rudolf Steiner: «Su percepción de él es siempre demasiado pequeña». Sus palabras también son válidas en esta situación.

El extraordinario «valor para dar testimonio» de Sergei Prokofieff y su fidelidad al núcleo esotérico de la Sociedad Antroposófica en tiempos de crisis y peligro sirven para demostrar «lo que el poder de Micael, el ser-Micael, quiere realmente del ser humano» (GA233: «El Ciclo del Año»). Su camino da testimonio del hecho de que —a pesar de todos los obstáculos— todavía era posible y significativo para los espíritus rectores de la comunidad de Micael encarnar y trabajar al servicio de la Antroposofía durante el dramático siglo XX que casi se había perdido, tres décadas después de la muerte de Rudolf Steiner —es decir, seguir, sin desanimarse, el camino predestinado del destino dentro de la comunidad antroposófica contemporánea y soportar todas las pruebas y tribulaciones de la impotencia y la duda.

[«Pero a aquellas almas que son almas antroposóficas se les dice: Seguirán siendo probadas en su valor para dar testimonio de lo que perciben claramente como una voz debido a las inclinaciones de su vida anímica, debido a la inclinación de su corazón» (GA260: Conferencia del 1 de enero de 1924).]

En «¡Puedan oírlo los Hombres!» (2004), Sergei O. Prokofieff explicó que una parte de esta prueba es la disposición a convertirse en mártir, «sin la cual somos incapaces de seguir el camino del discipulado de Cristo hoy». Lo que realmente significa obtener inspiraciones e impulsos para actuar desde la fuente de los Nuevos Misterios —para cumplir el evento de la Conferencia de Navidad de nuevo en la propia vida— es tangible en él, en Sergei O. Prokofieff, en su trabajo espiritualmente iluminado y su «espiritualidad creativa».

Así, para todos aquellos que se sienten profunda e interiormente dedicados a Rudolf Steiner, a la Antroposofía y a la Sociedad Antroposófica, él puede servir como un modelo brillante, un ayudante en el espíritu y un poderoso preparador para el futuro:

«En la medida en que los miembros de la Sociedad trabajen hacia sus metas espirituales —desde un entendimiento genuino, es decir, verdaderamente esotérico, de la Conferencia de Navidad—, el éxito de este trabajo puede incluso hoy reunir el movimiento y la Sociedad, o (cada vez) reunirlos de nuevo —si sólo los miembros realmente lo quieren y están preparados para actuar desde el conocimiento» (Prokofieff).

"Sé en el tiempo y en la eternidad
Un pupilo a la luz de Micael
En el amor de los dioses
En las alturas del cosmos"

(J. Emanuel Zeylmans van Emmichhoven: "Fortaleza en el Corazón").

Traducido por Gracia Muñoz en enero de 2026

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