Mis queridos amigos,
Uno puede preguntarse qué se nos pide hoy, en este mismo día, en esta misma hora, en este tiempo de guerra.
Nos encontramos sobre un umbral, al filo de una navaja que decidirá si nos volveremos buenos o malos en vidas futuras. Lo que se nos pide es que definamos, discernamos y defendamos lo que significa ser humano.
El Apocaliptista pudo ver los tiempos en los que vivimos, el tiempo de la séptima trompeta en la quinta época cultural (edad) de la quinta gran época postatlante de la evolución terrestre.
El número cinco es el número del mal porque es cuando los Asuras están más activos. Y así, esta quinta época cultural, la época del alma consciente, es la época decisiva de la gran quinta época postatlante. Es ahora cuando decidimos si seremos «sellados» con la imagen de la Bestia de dos cuernos, que querría convertirnos a todos en animales, distorsionando el hecho de que todos encarnamos en diferentes razas, familias y naciones en un nacionalismo que conduce al odio, la guerra y la división. O si seremos sellados con la imagen de Cristo, mediante la comprensión fraternal, el amor y la libertad.
Rudolf Steiner lo deja muy claro:
«Estamos viviendo ahora en la quinta época (de la primera gran época después de la Atlántida), luego viene la sexta y la séptima, y en estas sexta y séptima épocas, el cuerpo etérico, con su inflexibilidad, ejercerá una influencia muy fuerte sobre lo físico, convertirá al cuerpo físico en una imagen fiel de sí mismo.
Esto tiene consecuencias trascendentales, a saber, que en la sexta época de la evolución postatlante, los hombres nacerán con cuerpos que expresarán de manera bastante definida sus cualidades morales internas. Las cualidades morales de un hombre serán reconocidas por su apariencia real. La fisonomía moral será entonces muy evidente y la fisonomía tal como es ahora, habrá pasado más a segundo plano. La fisonomía del hombre hoy está en gran medida determinada por la herencia: se parece a sus padres, a sus abuelos, a su pueblo, y así sucesivamente. En la sexta época esto no jugará ningún papel; el hombre determinará él mismo su apariencia exterior—como resultado de sus encarnaciones. Los seres humanos serán todos muy diferentes, pero cada uno tendrá un sello muy definido. Entonces se sabrá con certeza: Tienes ahora ante ti a un hombre bien dispuesto o a uno mal dispuesto. Así como hoy se sabe: Tienes ahora ante ti a un italiano o a un francés, entonces se sabrá: Aquí hay un hombre malicioso o un hombre amable—con todos los muchos matices. Por tanto, cada vez más, las cualidades morales se expresarán en el rostro«.
https://rsarchive.org/Lectures/GA254/English/TS1939/19151107p01.html
Así que, mis queridísimos amigos, lo que vive en nuestro cuerpo astral, los deseos y los odios, queda impreso como un sello en la cera de nuestro cuerpo etérico, y se convertirá en lo que somos en nuestra próxima encarnación: la imagen de la Bestia o del Cordero.
«Gracias a los signos que se le permitió realizar en presencia de la primera bestia, engañó a los habitantes de la Tierra, diciéndoles que hicieran una imagen de la bestia que había sido herida por la espada y sin embargo vivía. Se le concedió dar aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablara e hiciera matar a todos los que no la adoraran«.
El Libro del Apocalipsis
¿Qué es lo que se mata? La ironía es que lo que se mata es lo humano en aquellos que adoran a la bestia. Aquellos que mueren en esta encarnación por persecución nacerán de nuevo como humanos. Aquellos que adoran todo lo que depende de la vida sexual del ser humano —nación, raza, etc.— tendrán su «yo» aniquilado, y esto significará una vida futura semejante a la de un animal.
Puede que esta sea, o no, nuestra última encarnación en esta Quinta Época Postatlante; incluso si no lo es, nos pondrá en un camino del que no será fácil regresar.
Veamos esto más de cerca.
Cristo se erigió como el décimo tercero entre los doce, y como el décimo tercero pudo reconciliar los doce puntos de vista. Lograr esta reconciliación de los doce puntos de vista es llegar a ser plenamente humano.
Para que podamos lograr esta tarea de ser plenamente humanos, tenemos doce encarnaciones en cada Gran Época (la masculina y la femenina se cuentan como una sola), en las que debemos superar todas las ideas, sentimientos e impulsos volitivos que surgen de la raza, la nación, el color, la religión, de modo que podamos llegar a una comprensión abarcadora e integradora de todos ellos. Esto significa tomar los colores de estos distintos puntos de vista y, a partir de ellos, crear un cuerpo de luz.
El karma nos lleva precisamente a la nación, raza y color que debemos «superar» al final de esta vida, para lograrlo. Lo superamos comprendiendo que es solo uno entre doce. Aquellos que todavía aman una raza, nación, color o credo particular por encima del amor a la humanidad, al final de su vida, se quedarán atrás y poco a poco crearán una imagen de sí mismos que los ata al cuerpo físico y al animal.
Ser verdaderamente humano es colocarse, como lo hizo Cristo, al final de nuestras encarnaciones —lo cual significa, en verdad, al final de esta Quinta Época Postatlante—, habiéndonos despojado por completo del «color», tanto de piel como del alma, que nos ata a esta o aquella familia, a esta o aquella nación, a esta o aquella raza, y así desarrollar un cuerpo físico/etérico de luz.
Solo entonces crearemos para nosotros una imagen que sea verdaderamente humana, pero nuestra tarea comienza en esta época. En esta época, lo que decidamos que es humano creará nuestro futuro kármico: o nos empujará hacia el abismo para adorar la imagen de la bestia, que mata nuestro espíritu, o nos elevaremos hacia el gesto Crístico del ser humano —el Cordero— el espíritu de Cristo.
Este es el punto en el que nos encontramos ahora. Hoy, lo que se nos pide, cuando vemos los horrores en Gaza y en Ucrania, en los terribles arrestos en América y en otros crímenes contra la humanidad por todo el mundo, es defender lo que es humano, que está por encima de la religión, la política, la raza, el color y el karma: ver la perspectiva crística —Cristo, que vino a la Tierra por todos los seres humanos. Si no lo hacemos, si hay el más mínimo rincón en nuestras almas donde justifiquemos la muerte y la carnicería infligidas a otros, ya sea por raza, religión, nación o política; si hay el más mínimo rincón en nuestras almas donde no defendamos lo que es moral, correcto y bueno; si no alzamos la voz por lo que significa ser «humano» en nosotros mismos y por el bien de los demás, entonces estamos perdiendo partes de nosotros mismos a los Asuras, que desean atar nuestro «yo» al cuerpo y hacernos una imagen de la Bestia de dos cuernos del Apocalipsis. Esto conducirá a la muerte de la cultura, a la muerte del ámbito social.
Sin embargo, podemos tomar el ejemplo que nos dejó Christian Rosenkreutz en el siglo XIII. Rudolf Steiner nos dice que en esa encarnación él logró lo que un día nosotros debemos lograr:
«El joven yacía como muerto… Y cuando el alma regresó, fue como si los Doce Ríos de Sabiduría hubieran nacido de nuevo. Él habló de nuevas experiencias. Le había llegado, desde el Misterio del Gólgota, una experiencia similar a la de Pablo ante Damasco. Así fue posible reunir, desde las Doce concepciones del mundo —religiosas y científicas, pues en el fondo solo hay doce—, una síntesis. Las Doce concepciones básicas del mundo fueron reunidas en un todo que pudo hacerles justicia a todas«.
— Rudolf Steiner
Mis queridísimos amigos, esta es la época de la Séptima Trompeta en la era del Alma Consciente —y esto no carece de profundo significado. Porque la llamada de clarín resuena desde el mundo espiritual, desde Cristo mismo, cuando Él manifiesta lo que significa ser humano. Él manifestó esta imagen de la humanidad durante sus cuatro sacrificios anteriores, en tiempos lemúricos, en tiempos atlantes y en nuestra presente Gran Quinta Época Postatlante: en la Cuarta Época Cultural (edad), cuando entró en un cuerpo físico humano, y ahora en la Quinta Época Cultural (edad), mientras se manifiesta en lo etérico lo que debemos llegar a ser.
Antes, las almas no podían tomar decisiones libres. Ahora que estamos en la etapa del Alma Consciente, debemos despojarnos conscientemente de lo que nos ata al cuerpo físico material para poder tomar una decisión libre, para distinguir entre lo que es humano y lo que no lo es —y esto es el espíritu. Pero el Alma Consciente es egoísta, y por eso vemos a la humanidad dividiéndose entre quienes ven lo que es humano y quienes no. Entre quienes todavía están atados a todo lo que vive instintivamente en el cuerpo astral, y quienes han superado el cuerpo astral y lo han purificado.
No podemos encontrar a Cristo a menos que lo encontremos en el otro —en el palestino, el judío, el estadounidense, el australiano, el francés o el alemán, el africano, el indio, etc., etc. Para hacer eso, uno debe despojarse de toda simpatía y antipatía que exista en el alma respecto a la raza, la nación, el color o el credo, la política. Porque todas las justificaciones de actos inhumanos basados en estas cosas harán que el alma quede rezagada. Solo el alma que pueda llegar a comprender lo que significa ser igual en espíritu progresará. Porque entonces, uno permite al otro la libertad y los medios para vivir de acuerdo con las directrices de su karma.
Cualquier otra postura es egoísta y se convertirá en una impronta kármica en el alma. Lo vemos hoy, en los rostros de aquellos que claman por el genocidio, que claman por la división, que claman por el odio.
Rudolf Steiner nos dice lo siguiente:
«La quinta época cultural es una época puramente intelectual, una época de egoísmo. Estamos ahora en el punto culminante del egoísmo. El intelecto es egoísta en el más alto grado, y es la característica distintiva de nuestra época. Y así, debemos abrirnos camino hacia lo espiritual a través del intelecto, que una vez estuvo allí… [Laguna]
El secreto de los secretos es este, por tanto: el ser humano debe aprender a guardar silencio sobre los caminos a lo largo de los cuales su yo se desarrolla, y considerar sus actos, no su ego, como el criterio. El verdadero corazón del secreto reside en sus actos y en la superación del ego a través de la acción. El yo debe permanecer oculto dentro de la acción. La eliminación de los intereses del ego del flujo descendente del karma—esto pertenece al primer grado. Todo karma que el yo contrae queda así borrado del karma. Nación, raza, sexo, posición, religión—todas estas cosas actúan sobre el egoísmo humano. Solo cuando la humanidad haya superado todas estas cosas quedará liberada del egoísmo.
Puede identificarse, en el cuerpo astral, un color particular para cada nación, cada raza, cada época. Siempre se encontrará un color-base allí, que la persona tiene como miembro de una de estas clasificaciones o categorías. Este [color específico] debe ser eliminado. La Sociedad Teosófica trabaja para nivelar los colores de los cuerpos astrales de sus adherentes. Deben tener un color similar, similares en lo que respecta al color-base. Este color-base da lugar a cierta sustancia… [Laguna]… [llamada kundalini, que mantiene unidas, dentro del ser humano, las fuerzas que finalmente conducen al espíritu.]
Lograr este aplanamiento [de los colores astrales] implicará de hecho guerras sangrientas, y a través de cosas como los conflictos económicos entre naciones, guerras de explotación, empresas financieras e industriales, conquistas, etc., y mediante la adopción de ciertas medidas, será cada vez más posible poner en movimiento a masas de personas y simplemente obligarlas. El individuo adquirirá cada vez más poder sobre ciertas masas humanas. Pues la dirección de este desarrollo no es que nos volveremos democráticos, sino que nos volveremos brutalmente oligárquicos, en el sentido de que el individuo ganará cada vez más poder. Si no se logra ennoblecer la moral, entonces las fuerzas más brutales gobernarán. Esto ocurrirá, del mismo modo que ocurrió una catástrofe por agua para los atlantes«.
https://rsarchive.org/Lectures/GA093/English/RSP1985/19041223p01.html
Este es el otro lado de lo que os traje ayer, es el equilibrio que uno debe experimentar en el alma, porque la revelación de Cristo viene con grandes responsabilidades.
Con amor, profundo respeto y calidez del alma,
Namaste.
Traducido por Gracia Muñoz en julio de 2025
