Tras cruzar la esfera de la Luna, el alma sintió que algo de sí misma se quedaba atrás. Como si dejara una pesada capa de sombras, avanzó más ligera, lista para continuar su travesía. Frente a ella, dos nuevos reinos se desplegaban: la esfera de Mercurio y la de Venus, puertas doradas que conducían al corazón del cosmos, la esfera del Sol.
Al llegar a Mercurio, el alma sintió un aire fresco y reparador. Allí, en templos de luz resplandeciente, seres sabios la esperaban con sonrisas tranquilas. “Aquí sanarás,” le dijeron. Y así fue. Como un viento suave que arrastra las hojas secas, las marcas del sufrimiento y la enfermedad se desvanecieron. Su espíritu, ahora limpio y vibrante, podía avanzar sin las cicatrices del pasado.
“¿Sabes?” susurró uno de los maestros, “la medicina verdadera proviene de aquí. En la Tierra, hubo un tiempo en que los hombres aún recordaban nuestro conocimiento. En los Misterios antiguos, los dioses mismos caminaban entre los humanos para enseñarles los secretos de la sanación.”
El alma recordó historias de sabios y curanderos, de antiguos templos donde los enfermos buscaban alivio. Y comprendió que, en un tiempo lejano, Mercurio mismo había descendido a la Tierra, tomando un cuerpo humano para guiar a los hombres en el arte de la curación. “El conocimiento de los dioses aún vive en los corazones de quienes buscan la verdadera sanación,” le dijo el maestro.
Con esta revelación, el alma sintió que una nueva luz nacía en su interior. Y así, con un espíritu renovado, se preparó para dar el siguiente paso… hacia la esfera de Venus y, más allá, hacia la gran luz del Sol.
Creado por Gracia Muñoz y el apoyo de ChatGPT
Basado en la GA240c6. El guardián del umbral. El viaje retrospectivo después de la muerte