El Amor en Lemuria

Érase una vez, una tierra perdida en el tiempo llamada Lemuria, donde los seres humanos eran muy diferentes a los actuales. Sus cuerpos eran etéreos, maleables, y su conciencia flotaba en un sueño divino, conectada con las fuerzas sutiles del universo. No conocían la separación ni la individualidad, pues en su interior brillaba la chispa de lo divino, y su existencia era un eco de la armonía celestial.

En aquellos días, los hijos de Lemuria no nacían de la unión de un hombre y una mujer, sino que emergían suavemente de la esencia vital que recorría la tierra. Se alimentaban de la luz y de las energías que fluían a su alrededor, sin conocer el hambre ni la necesidad. Vivían en comunión con la naturaleza, guiados por los Sabios, seres que conservaban el conocimiento de los dioses y que protegían el equilibrio sagrado del mundo.

Pero el tiempo avanzó, y la gran transmutación comenzó. La materia se densificó, y los cuerpos de los lemurianos tomaron una forma más definida. La separación de los sexos marcó un punto de inflexión: ya no eran seres completos en sí mismos, sino que debían buscar en otro lo que antes poseían internamente. Nació así la atracción, la búsqueda del otro, la necesidad de reunirse nuevamente para experimentar la unión perdida.

Al principio, el amor entre ellos era puro e instintivo, un reflejo de la armonía que antaño conocieron. No había deseos egoístas ni pasiones desbordadas, solo un anhelo de complemento, de plenitud. Pero a medida que sus sentidos se desarrollaban y su visión del mundo se volvía más material, comenzaron a olvidar su origen divino. El amor, antes sagrado, se tiñó de deseo y posesividad, y con ello llegaron los celos, el sufrimiento y la separación del alma.

Los Sabios, viendo la caída de sus hermanos, no los abandonaron. Se retiraron a los grandes templos de la montaña, donde custodiaban el conocimiento ancestral, y desde allí comenzaron a enseñar a quienes quisieran escuchar. Les hablaron de un amor más alto, uno que trascendía el deseo y que buscaba la unión de las almas, no solo de los cuerpos. Un amor basado en la comprensión, en la entrega y en la armonía con las leyes del cosmos.

Muchos lemurianos emprendieron el camino del despertar. A través del sufrimiento, aprendieron la compasión. A través de la pérdida, descubrieron la importancia del alma. Y con el tiempo, aquel amor primigenio, olvidado en los abismos del tiempo, comenzó a renacer en sus corazones, ya no como un eco inconsciente del pasado, sino como una conquista consciente del espíritu.

Los milenios pasaron, Lemuria se hundió en las aguas, y nuevas civilizaciones surgieron. Pero el viaje del amor continuó. El ser humano, caído en la densidad, pasó por la lucha, el dolor y la búsqueda de sí mismo. Descubrió el amor filial, el amor de amistad, el amor incondicional. Comprendió que el verdadero amor no era solo un lazo entre dos almas, sino una fuerza universal que unía todo lo creado. Y así, paso a paso, ciclo tras ciclo, la humanidad avanzó en su camino de retorno a la divinidad, pero esta vez con un regalo que antes no poseía: la libertad de amar por elección, con plena conciencia.

Y así, la historia del amor continuó, escrita en las estrellas, en los corazones y en el alma del universo eterno.

FIN

Creado por Gracia Muñoz con el apoyo de ChatGPT

Esta entrada fue publicada en Planetas.

4 comentarios el “El Amor en Lemuria

  1. Avatar de Alberto Llorca Alberto Llorca dice:

    Hola Gracia! quería preguntarte… ¿le pides un resumen (tipo cuento) de una conferencia o ciclo de conferencias de Steiner a ChatGPT? o ¿Le haces una pregunta a ChatGPT de forma general sin nombrar la Antroposofía o Rudolf Steiner?

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