3ª Conferencia. Pero ¿Qué es el Grial?

Gerard Klockenbring

Muy queridos amigos: Volvemos de nuevo a Perceval que acababa de encontrar al ermitaño. Antes os recuerdo que había tenido un combate, después de su encuentro con Sigune, con un caballero del Grial que impedía el acceso al Castillo a todos los que se acercaban y como consecuencia de aquel combate, ahora Perceval iba montado en un caballo del Grial y esto se sabía porque todos los caballos del Grial llevaban como distintivo una paloma marcada. Más tarde, Perceval había encontrado a un viejo caballero que iba con su mujer y dos hijas, penitentes y en aquel encuentro descubrió que su corazón se ablandaba, se hacía menos duro. Y por fin había encontrado al viejo ermitaño y, respondiendo a la pregunta de éste habíale respondido: «Aquí tienes a un hombre que ha pecado».

«¿Cuál es tu pecado:”?

Y Perceval le responde: «Estoy lleno de cólera contra Dios. Siempre me habían dicho que Dios es bueno con los que le son fieles. Siempre le fui fiel y ahora Él me ha dejado en la mayor soledad y maldición».

Dice el ermitaño: «Si pones en duda la realidad de Dios es que debes estar loco, pues Dios es fiel por su esencia. El que no aprecia esto, no sabe pensar”.

Aquí tengo que hacer remarcar algo. Nosotros, los hombres modernos ante una afirmación así diríamos simplemente: «Bueno, no es más que una opinión. ¿En qué se basa para decir esto?» La sabiduría del ermitaño, y la de Wolfram era que existe algo que no se puede demostrar, que cada cual solo puede percibir por sí mismo y esto es el «SER». Si digo que esto es una silla, tengo que demostrar que se puede uno sentar en ella. Pero que esta silla es, eso no lo puedo demostrar, tenéis que verlo vosotros mismos. Cada hombre debe hacer la experiencia: qué el «SER», es. Que el «SER» no es más que lo que es y que no hay más que un «SER» y nosotros todos en ese «SER» y todo lo que es está en el «SER». Este «SER» es «UNO» ustedes lo saben, aunque no hayan reflexionado sobre ello. Pues después de haber trabajado duro, cuando están fatigados y no pueden más, qué hacen?, se van a dormir, es decir, vuelven al «SER» y cada hombre sabe que el «SER» es como es. Si tenemos verdadera consciencia de esto podremos superar los miedos y nerviosismos. También podremos superar muchas dudas porque no hay un ser visible y otro invisible, sino que el «SER” es como es. El ser visible tiene una parte invisible, el ser invisible tiene una parte visible y es el mismo. Hay que aprender esto.

Existe un poema muy bello, de un poeta suizo, – Conrad Ferdinand Mayer, titulado «El Poema del sembrador», que termina con el verso siguiente: «Ningún grano que cae lo hace fuera de este mundo y cada grano cae como Dios quiere». Nada puede caer fuera del hombre ni fuera de Dios. Esto no es una reflexión, sino una constatación.

Y el ermitaño recibió a Perceval, situándole ante esta constatación. Primer paso. Naturalmente, el ermitaño no era un ingenuo y sabía que en este mundo que es uno, existe también la contradicción y así vino a añadir una segunda enseñanza a la primera constatación: «¿Cómo apareció el mal? Es muy importante estudiar cómo expone el origen del mal. Para ello no toma grandes disquisiciones metafísicas, sólo echa una ojeada a la evolución del alma humana y dice: ¿Por qué se rebeló Lucifer contra el orden divino precipitándose en consecuencia al mundo de los infiernos? Fue por celos y por envidia. Segunda anotación ¿Qué es la envidia?

Pensad que estáis viviendo cerca de un ser más bello y más tranquilo, más fuerte, con más voluntad que uno mismo: sería algo maravilloso, porque siempre viviríamos como si estuviéramos cerca del sol y todas las riquezas de un ser así brillarían y se reflejarían en nosotros. Es bueno estar cerca de un ser superior porque nos da solidez y firmeza. Pero si nos decimos:

¿Por qué él y no yo? Nos situamos ante una realidad que es, y otra que no es, y preferimos la que no es. ¿Qué hacemos con ella? Nos dividiríamos en dos, porque somos lo que somos y creamos una ilusión de nosotros mismos y preferimos esta ilusión a la realidad. Pues esto es la envidia. Y ¿Cuáles son las consecuencias? No solamente nos dividimos en dos a nosotros mismos, sino que dividimos todo el mundo en dos, porque todo lo separamos en lo que es y lo que preferiríamos que fuera. Esta cualidad psíquica tiene tanta fuerza que hace que nazca la dualidad, la contradicción.

Algunos Padres de la Iglesia, incluso Gregorio de Nicea, gran teólogo del s. IV, hacen remontar el origen del mal a la envidia. Es curioso que en la lengua germánica de la Edad Media no se le llama diablo a Lucifer, sino «Corazón envidioso”.

El ermitaño explicó a Perceval el origen cósmico del mal, demostrándole cómo el mal nació de esta forma, pero, contrariamente a muchas enseñanzas religiosas el ermitaño no dijo ni una palabra sobre la culpabilidad. Demostró cómo el mal había llegado como una tragedia, añadiendo después: “¿Cuáles han sido los frutos?». Cuando Lucifer y sus seguidores bajaron a los infiernos entonces apareció el hombre, es decir, el hombre aparece en un mundo polarizado, un mundo con dos caras, para que desde el principio el hombre aprenda a elegir, porque el hombre fue creado para ser libre. En su origen el hombre Adán era puro, pero ante la elección que tuvo que llevar a cabo, ¿Cómo fue que eligió de tal forma que ya no pudo ser libre? Y el ermitaño explicó cómo el hombre y la mujer aparecieron como dos y esta dualidad penetró en cada uno de ellos y se dejaron atraer por el deseo.

Así ya no fueron más objetivos y de ahí nació todo el género humano. El ermitaño no dijo ni una palabra de más para quejarse de la caída, simplemente, describió los hechos. Uno de los hijos del hombre fue atraído por el deseo de cometer un acto que mancilló a su abuela que era virgen. Entonces el ermitaño hizo una pausa. Estoy seguro que ahora me preguntarás qué quiero decir con esto. Perceval, efectivamente, dijo enseguida: «Pero eso no es posible. ¿Cómo puede un nieto mancillar a su abuela virgen?» «Escucha bien», le respondió el ermitaño. «¿Quién era la madre de Adán? La Tierra, y la Tierra era virgen. Pero cuando uno de los hijos de Adán sintió cólera contra su hermano y vertió su sangre sobre la Tierra, la mancilló».

Podemos considerar a Wolfram von Eschenbach el primer ecologista. ¿Entendéis ahora el alcance de estas enseñanzas? En lugar de volver la mirada sobre la culpabilidad y darle vueltas como en un círculo vicioso, demuestra la objetividad de los hechos en lugar de decir se ha cometido un grave pecado moral, hace tomar en consideración la realidad de que cuando el hombre no cumple su misión, la Tierra se transforma. Podríamos llegar a esto a través de una explicación teórica: en lugar de tomar consciencia de un pecado moralizador, aprendemos a descubrir que es un pecado cósmico. El hombre no es culpable en base a principios y mandamientos, sino en relación con la realidad de las cosas. Cada falta puede ser el origen de un descubrimiento nuevo y, por esta razón, de un acto nuevo.

De nuevo el ermitaño no dijo nada más acerca de la culpabilidad. Por el contrario, subrayó el aspecto positivo y siguió así sus enseñanzas. «¿Cómo podemos medir la virginidad? Hay dos madres vírgenes: la Tierra que da nacimiento al género humano y aquella a través de la cual Dios mismo penetró en la existencia terrestre. Puedes conocer lo que se oculta en el Ser de Dios. Dios no solamente es, sino que ama. Si observas la contradicción que el mal ha traído a la tierra y la pureza original, la verdadera virginidad, y que el Ser divino se encarnó en esta contradicción, podrás comprender la inmensidad de su amor. ¿Comprendes ahora que existe una luz delante de la cual el sol es pura oscuridad? Es la luz que mide la calidad de los actos. Cuando un pensamiento nace en el corazón del hombre antes que este pensamiento alcance la capa exterior del corazón para llegar a ser un acto, Dios ya lo ha visto. ¿Comprendes pues, que es una locura juzgarlo?». Ahora podéis juzgar vosotros mismos. De un lado tenemos el amor, del otro el odio. Escoged lo que queráis libremente. Yo les aconsejo dar la vuelta a su pensamiento, para que Dios les mire con gracia.

Pregunta. – ¿Qué quiere decir «volved vuestro pensamiento?»

Señor Klockenbring. – Este es el mismo mensaje de Juan el Bautista: «Arrepentíos». Quiere decir realmente que en vez de observar las cosas en su inmediatez, hay que volver el pensamiento hacia el lado moral interior. Entonces sabréis discernir lo que es justo y lo que es falso.

Todo este camino, desde el Ser Uno -el ser dividido, la aparición del hombre, la aparición del mal, la aparición de la falta en el hombre y la contradicción entre la situación del hombre y el mundo viciado, todo esto hace pensar que lo real es bello. Que Dios acepte tanto mal es un efecto de su amor. Si Dios no tuviera amor expulsaría a quien hace el mal y no quedaría más mal, pero Dios soporta todo el mal y porque nadie pudo razonar el mal, vino El para razonarlo. Ahora veis la razón de por qué Dios permite todo esto. Seguramente habéis apreciado la misión pedagógica del ermitaño: Al principio deja de lado las preocupaciones y problemas de su visitante, echando su vista hacia la dimensión más vasta del mal en el cosmos, y este hombre puede dar el primer paso para la liberación de sí mismo y ahora, cuando le pregunta: “¿Qué te preocupa?», Perceval le responde: «Tengo dos grandes pesos sobre mi alma, el primero es mi esposa, el segundo el Grial”.

El ermitaño le dice: «Tu primera preocupación es buena cosa pues de cualquier forma te conducirá hacia el bien, pues aquel que sufre por su esposa sólo puede ser conducido hacia algo mejor. Y aquí terminó su enseñanza en el aspecto matrimonial ¿Qué quería decir con esto? Cada vez que un ser sufre por otro, este sufrimiento es positivo. Cuando un ser sufre por sí mismo, su sufrimiento es negativo. La mayoría de las veces cuando dos sufren, uno piensa que es el otro el que le hace sufrir. Pero cuando uno lleva el sufrimiento por otro, llega a ser activo y le hace bien al otro y eso es bueno para él mismo. Os recomiendo que penséis detenidamente en esta frase del ermitaño.

A continuación, le dijo éste a Perceval: “En cuanto a la segunda preocupación, te compadezco, porque no sirve de nada, porque el Grial es un secreto que nadie puede conquistar por sus propias fuerzas y cuando más se le busca menos se le encuentra. Es el Grial mismo quien elige a sus servidores. Hay hombres que han sido llamados desde su infancia, hombres y mujeres, para ser los guardianes del Grial. ¿Cómo se les conoce? Por estos hechos. Que las experiencias, aunque sean dolorosas o agradables las llevan en relación con las faltas». Esta frase es un poco enigmática. Yo la he llevado como pregunta durante mucho tiempo. Un día, al leer una conferencia de Rudolf Steiner encontré que describe cómo se sabe que alguien pertenece a una verdadera corriente espiritual y lo define así: Es una actitud del ser humano que se expresa de la siguiente manera. Si un hombre tiene una experiencia agradable y se dice “no me la merezco», y si tiene una experiencia dolorosa y piensa: «esto forma parte de mi destino», ese hombre pertenece a una corriente espiritual.

Cuando se encuentra una frase así en un libro como el de Wolfram y se lleva esta frase como pregunta dentro de sí mismo, un día esta pregunta recibe su respuesta. Y se comprende que Wolfram von Eschenbach era un hombre que sabía lo que era una corriente espiritual y se comprende que no solo escribió un romance de aventuras en el sentido corriente de la palabra, sino la descripción de un camino espiritual.

Volvamos al ermitaño y sus enseñanzas, pues Perceval profundamente impresionado, le preguntó: «¿Y vos lo habéis visto?”. “Sí, lo he visto». Esta fraternidad llamada por el Grial tiene la misión de proteger el Grial. Pero ¿Qué es el Grial?

Es una piedra. ¿Queréis que os diga su nombre? «LAPSIT EXILLIS». Hasta hoy día los más grandes sabios no han podido comprender estas palabras. Porque los sabios oyeron decir a Wolfram otra frase, la última de su poema: «Yo no sé leer ni escribir». Pensaron, entonces tampoco sabe latín y creyeron que esa frase estaba escrita en latín. Pero no existe en latín, y tradujeron la frase de varias formas: «Lapis ex coelis», la piedra venida del cielo. Otros dijeron: no es «ex coelis”, es «Lapis herilis», una piedra extremadamente noble. Otros sabios, muy dinámicos, dijeron: «Lapis electrix” piedra mágica, explosiva.

Yo no soy sabio, soy algo ingenuo, pero creo que Wolfram von Eschenbach sabía lo que quería decir.

Lapsit. Hay un verbo en latín que dice: labor = caer; es un verbo no activo. El pasado es lapsum (lapsum sum = yo he caído). Esta es una forma pasiva porque nunca caigo de forma activa, sino porque algo me atrae, por la fuerza de la gravedad. Cuando uno cae, no querría haber caído, pero cae porque es atraído, es decir, es un pasivo. ¿Y qué hacen los ángeles? No son atraídos por la gravedad. Si se acercan a nosotros que estamos debajo, ¿Qué hacen? Caen de manera activa, porque quieren caer. El pasado activo del verbo «Labor» será «Lapsi», en tercera persona «Lapsit». La traducción de la frase sería, pues: «El cayó fuera de ellos». ¿Os acordáis de dos cuadros de Rafael?, uno de su juventud y otro de la época cercana a su muerte donde representa un ser que desciende voluntariamente y no cae. A sus pies está la fuerza de gravedad, pero desciende libremente hacia la gravedad para sobrepasarla. ¿Sabéis de quién hablo? Es el Arcángel San Micael y su cuadro está en el Louvre. Es la imagen de alguien que no puede decir: «Lapsus sum» sino «Lapsis sum». El descenso hacia abajo voluntariamente. Se trata de un misterio que viene al encuentro del hombre libremente. Pero, ¿de dónde viene? De alguna parte, pero nuestra conciencia no puede abarcar la grandeza de la región de donde viene. La Impresión se mantiene vaga «cae fuera de ellos». Por otra parte, está cerca de nuestra consciencia, más de lo que creemos, pues muchas veces, cuando algo nos ocurre, a través del destino decimos: «El destino ha caído sobre mí», «menuda nos ha caído encima», etc., impresión muy importante pues los idiomas tienen su sabiduría y usamos de ellos como si tal cosa. ¿Que algo cae sobre nosotros? Siempre es nuestro destino. ¿Cuándo viene? No voy a contestar ahora esta pregunta, sino que vaya seguir con la enseñanza del ermitaño, que dice a Perceval:

«Esta piedra viene cada noche y gracias a ella el ave Fénix cae y resurge de sus cenizas».

Miraos a vosotros mismos y ved si no es verdad. Cada noche, cuando estáis cansados, que ya no podáis más, os sentís viejos, y caéis en el sueño. Cada mañana os levantáis y os sentís más jóvenes que la víspera. ¿Qué ha pasado durante la noche? Habéis sido alimentados, habéis recibido fuerzas, una parte de vosotros ha muerto y otra ha resucitado. Cada noche. ¿Cuál es este misterio?

Continúa el ermitaño diciendo: «Un día de cada año esta piedra renueva sus fuerzas. Cada Viernes Santo viene una paloma, posa una hostia sobre la piedra y se vuelve de nuevo al cielo». ¿Cuál es la fuerza que nos regenera cada noche? ¿De dónde viene? Viene del misterio que vamos a vivir esta semana. Ya hemos hablado de ello. Es la fuerza de destrucción del cuerpo físico y de resurrección del cuerpo espiritual. El ermitaño conduce a Perceval hacia el origen de las fuerzas sanadoras, continuando así su enseñanza. Hay un secreto en este acontecimiento del Grial. Yo voy a expresarlo no con el lenguaje imaginativo del ermitaño, sino el lenguaje moderno. Todos hacemos esta experiencia de renovación durante la noche. El Salmo 127 del libro de los Proverbios del Antiguo Testamento dice así: «2/ Vano os será madrugar, acostaros tarde y que comáis el pan del dolor, pues lo da a sus amados, aunque duerman». (Biblia de Nácar y Colunga de la Biblioteca de Autores Cristianos).

Es un hecho que por la mañana estamos más frescos que por la tarde. También hay mañanas en que estamos tan frescos y noches en que dormimos mal y algunas veces nos despertamos por la mañana con un peso en el alma y nos decimos: ¡Si pudiera dormir toda la vida! ¿A qué obedece esto? A que el hombre poco a poco, ha ido desarrollando las fuerzas de la consciencia, penetrando con ellas en capas cada vez más profundas de la existencia, llevándose a sí mismo con su existencia. Una parte de la influencia de Lucifer es el subjetivismo, el egoísmo y a medida que la consciencia se extiende más y más, hace penetrar su egoísmo en capas cada vez más profundas. La consciencia del hombre hoy día penetra en terrenos donde nunca antes había penetrado, también en capas del alma donde jamás antes había estado, llevando a estas capas su propia subjetividad. Así como la Tierra está cada vez más desbordada, el sueño que era el lugar de reconstrucción también está desbordado. Este proceso de sobredosis ha comenzado hace mucho tiempo; a lo largo de la Edad Media se tomaron disposiciones para limpiar estas esferas en las que se penetra durante la noche. Esa era la misión de esta fraternidad espiritual. Hay un hombre responsable de tal fraternidad: El Rey del Grial que debe velar porque los beneficios del Grial penetren en los hombres. Hoy los hombres tienen necesidad de otros hombres para llegar a esto, porque los hombres tienen que llegar «a ser cada vez más conscientes». En aquella época había un Rey del Grial que un día trasladó al terreno sagrado sus propias preocupaciones. Fue herido y su herida es incurable. El ermitaño le contó a Perceval que el Rey Amfortas fue herido en el curso de un combate y mientras combatía por el Grial pensó al mismo tiempo en su amor personal.

No se trata aquí de condenar el amor, sino el hecho de haber mezclado su propio amor subjetivo con la meta de su vida. La esfera que había tenido que ser guardada pura, fue infectada. El ermitaño cuenta cómo durante años y años ensayaron todos los remedios y ninguno daba resultado.

Un día que estaban ante el Grial vieron aparecer un epitafio: Solamente si un caballero penetra en el Castillo del Grial y pregunta al Rey por qué sufre, éste podrá ser curado. «Un caballero vino una vez, dijo el ermitaño, «y todos creímos que había llegado el momento de la liberación. Ese caballero era puro, pero también era ingenuo, y no preguntó nada. Se fue y nos quedamos más doloridos que antes”.

Podréis comprender que el corazón de Perceval debió latir bien fuerte. Bruscamente, el ermitaño se volvió a Perceval diciéndole: «Otro caballero vino un día al castillo, se batió con uno de los caballeros del Grial, le mató y cogió su caballo. Era el Rey Leherlin, hermano del duque de La Lande». Le mira y le dice: “¿Eres tu Leherlin? Porque tú has venido en un caballo del Grial». Y Perceval le responde: «No, no soy Leherlin, yo soy hijo de un rey que se llamaba XXXX que murió hace mucho tiempo y yo busco mi camino». Cuando el ermitaño oyó esto exclamó: «¡Oh, desgraciado, ¿no sabes que eres mi sobrino? Tu madre, mi hermana, murió cuando tu marchaste». Perceval debió quedar anonadado. Y siguió diciendo: «y cuando mataste al rey Ither, mataste a un hombre de tu sangre, pues era pariente de tu padre, por tanto, has vertido dos veces tu propia sangre». Perceval estaba desolado, sintiendo que la tierra desaparecía bajo sus pies. Si hasta ahora se puede decir que no había cometido ninguna falta conscientemente, ahora ve caer su propia vida moral sobre sí mismo. El ermitaño continuó su enseñanza: «Ahora puedo hablarte de esta familia tan duramente castigada».

Tu madre, que sufrió toda su vida y que perdió a su marido antes de nacer tú, muerta porque tú la abandonaste, tenía una hermana que trajo al mundo a tu prima Sigune y cuando ésta nació, su madre murió. Teníamos un hermano, Amfortas, el Rey del Grial que lleva esta herida incurable. Yo era caballero y abandoné la Caballería para hacerme ermitaño para expiar si era posible las faltas de mi hermano. Teníamos una hermana, que es quien porta el Grial».

Perceval había así perdido todos los contactos que eran el soporte de su vida. Por eso tenía la impresión de que le faltaba el suelo bajo sus pies. Por la muerte de su madre ha cortado los lazos con su pasado. De repente descubre que hay hilos invisibles alrededor de él y que curiosamente está en el centro de todo el misterio del Grial. Aquello que era lo más sagrado para él, es lo que tiene más cerca, y se da cuenta de ello, cuando más lejos está. En ese momento, el ermitaño debió darse cuenta de lo emocionado que estaba pues le dijo: «Es mediodía, vamos a interrumpir nuestra conversación para comer algo». Sale y le lleva un poco de hierba al caballo. Corta un trozo de pan y poniendo un poco de hierbas sobre el pan, comen los dos. La comida trajo un poco de descanso y después, Perceval, volviéndose al ermitaño le dice: «tío, quiero decirte algo. Me has contado que un caballero penetró en el Castillo del Grial y que él era demasiado ingenuo y loco porque no preguntó nada. Pues bien, este caballero era yo». Después de un momento, el ermitaño se puso muy triste y dijo: «Esto me demuestra cuán loco has sido. Sin embargo, tú tienes cinco sentidos que te han aconsejado mal. En el momento en que la gracia te fue dada, fuiste muy loco; verdaderamente ahora tenemos una razón para quejarnos», y se calló durante unos instantes, para seguir después: «Hay un tiempo para las lamentaciones y otro para dejar de lamentarse. No te dejaré de aconsejar» y continuó la historia de toda la familia, su propia historia y llegó así al momento en que, en Sevilla, en el curso de un torneo encontró al padre de Perceval.

Este le había dado un recuerdo de aquel encuentro, un relicario, y se lo enseñó: era el relicario sobre el cual Perceval había jurado la inocencia de la Duquesa. Perceval se encuentra así ligado al espíritu de su padre. Ahora tengo que señalar otra cosa: Hay una conferencia que dio Rudolf Steiner en Zúrich, creo que el 6 de octubre de 1918, que se titula: ¿Cómo encuentro yo al Cristo? En ella hace un desarrollo muy particular. Describe cómo ha evolucionado la humanidad de una cierta manera hasta el s. IV, momento en que la humanidad había llegado a la mitad de su evolución, a mediados de la 4ª época post-atlante, en el año 333, punto donde la evolución humana llega a lo más bajo. El Acontecimiento del Gólgota se produjo 333 años antes. ¿Por qué? Si Cristo hubiera nacido en el año 333, cuando la Humanidad estaba en el punto más bajo, los hombres no habrían tenido la fuerza de reconocer quien era El. Por eso vino cuatro siglos antes. Fue reconocido por los discípulos que tenían ciertas fuerzas espirituales anteriores. Se dieron cuenta de lo que ocurrió en el Misterio del Gólgota, pero no tuvieron la fuerza suficiente para entender todo el alcance de este Misterio. Rudolf Steiner dice cómo después de su muerte, los discípulos continuaron comprendiendo cada vez más lo que habían vivido, y a medida que comprendían el Misterio podían inspirar a los hombres que vivían en esos momentos en la Tierra y éstos, que son los Padres de la Iglesia, recibieron la inspiración de los discípulos de Cristo.

Rudolf Steiner describe que, a partir de ese momento, todos los hombres que vivieron sobre la Tierra después de su muerte, podían tomar consciencia de la importancia del Misterio del Gólgota y cada ser humano lleva, en alguna parte de sí mismo, una huella de este hecho y esta es la razón por la cual todos los hombres de la tierra llevan esta pregunta en su corazón: ¿Cómo puedo yo encontrar al Cristo?

La mayoría no lo sabe siquiera, pero es la más profunda pregunta. Podría contaros muchos ejemplos de ello. Conozco un representante muy importante de la espiritualidad judía que me reconoció que ésta era en efecto la pregunta más importante para él. Tengo también testimonios de personas que no pertenecen a la religión cristiana que también se hacen dicha pregunta. Uno de ellos pertenece a un español, el más joven de los detenidos en el campo de Auschwitz que había sido conducido allí por error, Miguel del Castillo, que cuenta una fiesta de Navidad que vivió en el campo de concentración, suceso extraordinariamente emocionante.

Rudolf Steiner continúa diciendo en esa conferencia: Cuando un hombre cualquiera busca ser sincero consigo mismo, tarde o temprano un día u otro, llega necesariamente a esta experiencia: Descubre que es incapaz de alcanzar aquello a lo que aspira. De nuevo tenemos aquí la experiencia del absurdo, como dice Camus: Llevo en mí una meta y descubro que no puedo alcanzarla. El Dr. Steiner dice que el hombre descubre así su impotencia y añade que es una experiencia extremadamente importante. Hay que tener valor para soportarlo el tiempo suficiente pues esta experiencia es una gran fuerza, ya que ella misma viene acompañada de una segunda: Cuando el hombre descubre que no tiene ningún poder, continúa su camino. Y esta es la experiencia del Cristo, dice Rudolf Steiner.

Es exactamente lo que ocurrió en el destino de Perceval. En el momento en que todo se hundía bajo sus pies reconoce que la falta más grande ha sido él quien la ha cometido. El ermitaño le responde: «Tenemos razón en lamentarnos. Hay un tiempo para las lamentaciones, como hay un tiempo para dejar de lamentarse completamente. Esta es la Experiencia del Cristo».

Tal vez, puedo añadir un pequeño detalle. Cuando un hombre ha reconocido dónde está verdaderamente la falta que ha hecho, cuando reconoce una falta, toca fondo y se da cuenta que ya no puede caer más, en ese momento algo muy sutil ocurre en él: Reconozco ahora mi última realidad y, en ese momento, me reconozco como soy. Me veo, como Dios me ve. Ese momento, que parece el más bajo, es el momento de la verdad. En ese momento se puede sentir algo así como una gran paz, pues sabe que ya no está en contradicción con los seres superiores que le ven y descubre que esos seres superiores siempre le han mantenido, siempre le han ayudado y siempre le ayudarán. Y esa es una gran experiencia. Por eso vino Cristo a la Tierra, para tocar el punto más bajo de los hombres y cuando éstos se encuentran en ese punto, comprenden que el Cristo está siempre con ellos.

La conversación entre el ermitaño y Perceval se acerca a su final. El ermitaño le hace, aún, una última observación: «Ahora te vas a ir otra vez a la vida, pero recuerda bien estas dos cosas: En el mundo hay dos clases de seres que están indefensos, de un lado las mujeres y los niños y por otro, los sacerdotes. Piensa bien en éstos últimos; sus manos tocan las prendas más sagradas de la vida, es decir, los signos sensibles del amor de Cristo por los hombres. Conserva esto siempre en tu memoria. Y ahora que has depositado ante mi tu fardo, tómalo de nuevo con valor y sigue tu camino con fuerzas”. Y así le dijo adiós.

Pensad que esta conversación es uno de los pasajes más importantes de la literatura mundial, no porque sea muy brillante sino porque toca los problemas más antiguos del destino humano.

Mañana os contaré el final de la historia de Perceval y os daré unas pequeñas explicaciones sobre los misterios del Grial vistos a la luz de la Antroposofía.

Conferencia

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