Por Willi Sucher
Heliocéntrico
La conjunción superior de Venus con el Sol se produce el 24 de enero, cerca del 304° 26′ (también 24 de enero geocéntricamente). Esta conjunción forma parte de una serie que se repite cada ocho años. Así, algunas de las predecesoras de la actual fueron: 27 de enero de 1962, c. 307°; 29 de enero de 1954, c. 310°; 1 de febrero de 1946, c. 312°; 4 de febrero de 1938, 315°; 6 de febrero de 1930, 317°. A mitad de camino hubo conjunciones inferiores de esta serie, cuando el planeta estaba envuelto en un movimiento retrógrado y se encontraba frente al Sol visto desde la Tierra. Esto ocurrió el 26 de enero de 1966, c. 306°; el 28 de enero de 1958, c. 308°; el 31 de enero de 1950, c. 311°; 2 de febrero de 1942, c. 313°; 5 de febrero de 1934, c. 316°.
Estas figuras muestran que las conjunciones de una serie retroceden muy lentamente en la eclíptica. La diferencia entre dos acontecimientos del mismo orden es de sólo 2 o 3°; sin embargo, a lo largo de mucho tiempo esto establece una rotación completa de las conjunciones de esta serie a través de la eclíptica. Tal rotación necesita poco más de 1.200 años. Por ejemplo, la conjunción de enero de 1970 estaba a unos 305,5° de la eclíptica el 22 de enero de 723 d.C., similar a la de 1970 pero sin tener en cuenta la precesión del equinoccio vernal. Esto significa que en 723 ocurrió en la cola de la constelación sideral de Capricornio. Entre medias, la conjunción retrocedió constantemente en el zodíaco hasta llegar de nuevo, en su retorno orbital, a la misma longitud.
Aparte de esta serie de conjunciones, existen otras cuatro series que se activan en el transcurso de ocho años. Por ejemplo, las siguientes conjunciones superiores ocurrieron durante la última década y ocurrirán en el futuro: 30 de agosto de 1963, 156°; 12 de abril de 1965, 22°; 9 de noviembre de 1966, c. 226°; 20 de junio de 1968, c. 89°; 24 de enero de 1970, c. 305°; 27 de agosto de 1971, c. 154°.
Durante el mismo período se produjeron conjunciones inferiores de Venus el: 11 de abril de 1961, c. 21°; 12 de noviembre de 1962, c. 230°; 19 de junio de 1964, c. 89°; 26 de enero de 1966, c. 306°; 29 de agosto de 1967, c. 156°; 8 de abril de 1969, c. 19°.
Se observará que las conjunciones superior e inferior se producen siempre con cuatro años de diferencia y aproximadamente en las mismas posiciones de la eclíptica. Así, las conjunciones describen dos pentágonos en la eclíptica. Uno lo forman las conjunciones superiores, durante las cuales el planeta está lejos de la Tierra, y el otro lo indican las conjunciones inferiores, cuando el planeta está mucho más cerca de la Tierra. El siguiente diagrama lo ilustrará. Se verá que el progreso de los acontecimientos a través de la eclíptica echa una mano a la idea de dos pentagramas.
Los pentagramas no son equiláteros, lo que se debe en parte a la velocidad variable del planeta en la eclíptica, y también al hecho de que están implicados en una rotación constante.
Este es un ejemplo excelente para indicar una vez más cómo imaginamos una cooperación entre los aspectos heliocéntricos y geocéntricos y cómo pueden visualizarse en la práctica. (Por supuesto, es diferente cuando se trata de elaborar perspectivas filosófico-astronómicas de los dos puntos de vista).
Figura 17
Bucles superior e inferior – Conjunciones de Venus
Distancia máxima media de Venus a la Tierra = c. 160 millones de millas
Distancia mínima media de Venus a la Tierra= c. 26 millones de millas
Distancia mínima media de la Tierra al Sol = c. 93 millones de millas
De la conjunción superior de 1968, a la conjunción inferior e 1969 y bucle, a la conjunción superior de 1970.
Órbita aparente del Sol
Hemos elegido esta conjunción superior de Venus, porque puede mostrarnos, con la ayuda del diagrama, qué tremendo proceso respiratorio (sístole, diástole) tiene lugar en el movimiento desde la conjunción inferior (lazo) a la superior. Se trata de una realidad espacial, si la contemplamos desde el punto de vista geocéntrico, que reviste la mayor importancia para nuestros estudios. Podemos imaginarla como una contracción de la esfera del planeta en una cualidad parecida a la cabeza en el caso del movimiento hacia una fase de bucle inferior, y una expansión en una realización parecida a una extremidad de la esfera hacia el espacio cósmico, en el caso de la conjunción superior. A esto podemos añadir ahora el hecho de que el acontecimiento de enero de 1970 tiene una historia que puede darnos sugerencias útiles sobre cuál podría ser su desafío. Por ejemplo, antes hemos mencionado que esta conjunción superior de Venus puede encontrarse en la misma ubicación eclíptica (no en la misma constelación sideral) en el año 723 d.C. Fue una época de gran impacto histórico. Poco antes, en 711, los moros islámicos habían invadido España desde el norte de África. Pronto intentaron penetrar en la zona de la actual Francia. Sólo con gran esfuerzo pudieron contenerlos los francos. Además, en otros lugares del mundo entonces conocido se produjeron animados acontecimientos, iniciados principalmente por el avance de la nación islámica. Las repeticiones posteriores de esta conjunción, sobre todo en los momentos de su entrada en los signos de la eclíptica, fueron testigos de grandes convulsiones políticas.
Por ejemplo, en 1586 esta conjunción había entrado en el signo Tauro desde Géminis. Fue el momento en que la reina María de Escocia fue condenada a muerte, junto con muchas otras personas. Finalmente fue ejecutada en 1587. En 1690 la conjunción pasó del signo de Tauro hacia Aries. Fue el comienzo de la Era de Pedro el Grande de Rusia, seguida de acontecimientos políticos decisivos y guerras en Europa del Este. En 1794 esta conjunción retrocedió del signo eclíptico de Aries a Piscis. Fue la culminación y el final del terror de Robespierre, que fue ejecutado.
La pregunta sigue en pie: ¿Qué tipo de desafío, si evitamos deliberadamente el concepto de determinación o destino, podríamos esperar en relación con la conjunción de enero de 1970? Sólo podemos decir que lleva consigo ciertos recuerdos cósmicos de sucesos y problemas del pasado en la esfera humana. La recurrencia del acontecimiento cósmico actúa sobre esos recuerdos, posiblemente profundamente enterrados en los organismos humanos. No podemos predecir cómo reaccionarán los seres humanos afectados. El empleo del aspecto heliocéntrico contrario puede darnos una idea de lo que se trata.
Fundamentalmente, la esfera de Venus está asociada a los desarrollos y destinos de todo tipo de comunidades humanas, por ejemplo, de naciones. Las almas humanas atraviesan esa esfera después de la muerte, para juzgarse a sí mismas y hacer catarsis. Se encuentran con las condiciones y problemas que han experimentado en el dominio de la comunidad mientras aún viven en la Tierra. Así pues, Venus está relacionado con la asociación, la relación con el entorno, la integración y el amor en un sentido cósmico. Esto implica también condiciones sociales, desarrollos y crisis en nuestro mundo moderno. La perspectiva heliocéntrica revela que la serie, de la que la de enero de 1970 es un ejemplo, está ahora especialmente asociada con este trasfondo histórico.
La conjunción de Venus de enero de 1970 está cerca de su línea de afelio y también de la línea nodal descendente de Neptuno. La conjunción más temprana de esta serie, en 1954, fue en realidad la más cercana a las dos líneas. Aquí podemos encontrar una respuesta a nuestro problema. Las dos líneas están muy próximas. A principios de siglo sólo las separaba 1½°. Como la línea perihelio-afelio de Venus es 10 min. al año más rápida, las dos coincidirán sólo hacia finales del siglo XXI. Así pues, todo lo que hemos dicho antes sobre Venus se acentuará más que nunca, ya cuando se acerque a nuestra edad actual y aún más en la actualidad. El hecho de que esto se destaque en los cielos como un desafío, exigiendo respuestas constructivas de la humanidad contemporánea, es una de las razones por las que estamos atravesando una época de convulsiones sociales sin precedentes. Por supuesto, no pasamos por alto el hecho de que las condiciones sociales en la Tierra y el desarrollo de la conciencia humana han conducido gradualmente a esta situación.
Un estudio minucioso de las asociaciones del nodo de Neptuno nos lleva a un punto del pasado lejano que es igualmente importante para un juicio adecuado. Alrededor del año 1300 a.C., el nodo de Neptuno coincidió con el afelio de Marte, que entonces se encontraba en Cáncer. En la actualidad, el afelio se encuentra en la dirección de Leo sideral. Así pues, tenemos aquí una relación de la esfera de Neptuno con la de Marte, similar a la de Neptuno con Venus en la época moderna. Un hecho adicional es que el nodo ascendente de Neptuno en la época de Cristo estaba situado entre el perihelio de Venus y el afelio de Marte, y Saturno en la época del Gólgota estaba cerca de ese nodo ascendente de Neptuno.
Sin embargo, ¿cuál es el significado de Neptuno y su esfera? Hay varios enfoques que pueden conducir a una respuesta. Uno es la experiencia del alma humana tras la muerte de esta esfera. Tras un largo proceso de purificación, el alma puede ascender a las esferas más elevadas del ser espiritual. Rudolf Steiner llama a esto la Tierra de los Espíritus y la describe, por ejemplo, en su Teosofía (Edición 1965, p.102, f.). En esta esfera nuestra alma se encuentra con el verdadero «yo» superior. Es ese «yo» eterno el que se mueve a través de las repetidas existencias en el planeta Tierra. «Como el arquitecto aprende de las imperfecciones que se manifiestan en su obra, y como trae a sus nuevos planes sólo lo que pudo cambiar de imperfecciones, así el «yo», en la quinta región, desecha de sus experiencias en vidas anteriores todo lo que está ligado a las imperfecciones de los mundos inferiores, y fertiliza los propósitos de la Tierra de los Espíritus, propósitos con los que vive ahora, con los resultados de sus vidas anteriores.» (De la Teosofía).
Si contemplamos esto, podemos comprender la conexión de las fuerzas que trabajan desde la esfera de Neptuno con la evolución social sobre la base de la asociación de Neptuno, primero con Marte en la época precristiana y con Venus en la actualidad.
La conexión de Neptuno con Marte apunta a conceptos casi diametralmente opuestos del orden social. Un orden social es, o al menos debería ser, una institución en la Tierra donde nuestro «yo» inmortal pueda crecer y desarrollarse en una comunidad de semejantes. Pero los seres que trabajan desde Marte tienen, por así decirlo, una «opinión» diferente sobre estos asuntos que los de Venus. Marte es una esfera planetaria que participó, esencialmente, en la primera mitad de la evolución del universo planetario, del que nuestra Tierra es parte integrante. Para crear el mundo de la naturaleza, que los seres humanos podemos captar con nuestros sentidos, Marte tuvo que precipitar la sabiduría creadora del mundo divino en la materialidad terrestre. En cada detalle del mundo objeto físico está contenida la sabiduría de un orden divino supremo.
Incluso se puede decir que el espíritu está enterrado en el mundo de la materia. Este fue el trabajo de los seres que trabajaban desde Marte durante la mayor parte de la primera parte de la evolución de la Tierra. Fue una tendencia descendente hacia la materialidad, alejándose de las fuentes de la existencia en la espiritualidad divina. Esto también puede explicar por qué a veces se consideraba a Marte como «maléfico» y antagonista del bien.
Sin embargo, estos impactos planetarios tenían y siguen teniendo su cometido, por así decirlo, en la economía de la evolución del mundo. Ciertamente, la humanidad estaba cada vez más separada y emancipada del mundo espiritual. Sólo el funcionamiento externo y materializado de la divinidad y de sus ayudantes cósmicos nos era accesible a través de nuestros sentidos. Pero, de este modo, nos volvimos cada vez más independientes y avanzamos por el camino hacia la libertad espiritual. Poco a poco, llegamos a un punto -y hemos llegado a él en la época actual- en el que sólo una decisión interior libre, sin ninguna imposición de nuestro entorno, puede llevarnos de vuelta a una nueva realización del mundo espiritual divino, en una identificación amorosa de nuestro «yo» con los objetivos del mundo espiritual.
Naturalmente, este camino estaba, y ciertamente sigue estando, plagado de los más graves peligros. Mientras no hayamos alcanzado un grado definido de libertad espiritual, nacido del poder del discernimiento pensante absoluto, estaremos en constante peligro de caer y perder nuestra humanidad. Sólo a través del Acontecimiento Crístico estamos capacitados para alcanzar esta fuerza interior del yo superior y cósmico. Así podemos justificar y rectificar la gran emancipación de la raza humana durante épocas pasadas de la evolución.
Por lo tanto, la humanidad que vivía antes del Acontecimiento de Cristo todavía tenía que ser guiada por el mundo divino. De este modo, los órdenes sociales de los tiempos precristianos eran también de naturaleza teocrática. Sólo unos pocos grandes de la raza humana fueron, al final, capaces de lograr el acceso directo al mundo espiritual divino. Por lo tanto, sólo estos pocos fueron capaces de darse cuenta de los grandes objetivos evolutivos de la divinidad y de transmitir la esencia de su perspicacia a las personas que tenían que guiar. Esta situación alcanzó un cierto clímax en la Ley de Moisés. Esta fue dada en el curso del Éxodo del pueblo hebreo de Egipto, cronológicamente en la vecindad de esa coincidencia de las líneas de los ápsides (perihelio-afelio) de Marte y la línea nodal de Neptuno, que mencionamos anteriormente y que ocurrió alrededor del 1300 a.C.
Moisés fue capaz, como iniciado, de ver acontecimientos venideros en la historia. Vio acercarse la Encarnación de Cristo, y vio su tarea en la preparación del pueblo hebreo para este acontecimiento. Aún no eran capaces de guiar sus pasos en libertad y plena armonía con los fines del mundo divino. Tenían que ser enseñados y guiados, lo que a veces les resultaba doloroso. Por ello, Moisés tuvo que darles los Diez Mandamientos, como núcleo de la construcción de su comunidad y del orden social. Alrededor de este núcleo se construyó un enorme volumen de normas e instituciones rituales. Constituían un orden práctico de la vida social. Por ejemplo, la institución de la Pascua del Cordero, o del Carnero, era un recordatorio anual recurrente de la próxima encarnación del Cordero, o Carnero, de Dios. Juan el Bautista, en efecto, vio a Cristo cuando bautizó a Jesús. Vio a Cristo en el descenso de un Ser de alto orden jerárquico al cuerpo de Jesús.
Traducido por Carmen Ibáñez Berbel
